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Vigencia del ecosocialismo: la propuesta anticapitalista para el siglo XXI

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Daniel Libreros Caicedo*

Revista Izquierda N° 101, Bogotá, noviembre 2021

Dedicado in memoriam a Oscar Torres López, amigo entrañable y compañero de la causa ecosocialista

Pandemia, especulación financiera y “genocidio de mercado”

El Wall Street Journal al reseñar hacia finales de agosto la última reunión de Jackson Hole [1] utilizó el siguiente título en página editorial. “Los ricos son cada vez más ricos y las tasas de interés cada vez más bajas “, una buena síntesis de la implementación de la política monetaria expansiva (flexibilización cuantitativa ad infinitum) de la Reserva Federal norteamericana (FED) desde cuando se oficializó la pandemia del Covid 19. Efectivamente, en este período la FED ha emitido el 40 % aproximado de los dólares que circulan en la economía mundial, los cuales vienen siendo utilizados en la compra de títulos del Tesoro, de pasivos corporativos y en la oferta de liquidez a las cadenas internacionales de valor y suministro con bajas tasas de interés. La mayor parte de esa emisión pasa por el filtro de un sistema financiero altamente monopolizado y controlado por los grandes grupos financieros (Bancos de Inversión, Inversionistas institucionales), cuyos dueños al obtener ese dinero a bajo costo compran y recompran activos financieros propios en el mercado de capitales, valorizándolos artificialmente con poco riesgo.

La cantidad de dólares que actualmente emiten la Fed y los bancos centrales de los países con economías más desarrolladas [2] constituye una masa de circulante mucho mayor a la del crecimiento de la producción de bienes y servicios. En el caso de la economía norteamericana el aumento del PIB durante el segundo trimestre de 2021 fue del 1,6 % respecto al primer trimestre, un crecimiento escaso. Mientras tanto el nivel de inflación llegó al 8.5 % en septiembre, aunque existe consenso en la mayoría de los analistas, incluyendo los oficiales, en que el nivel de la inflación es mucho más elevado y mediatizado por las estadísticas. El escenario de la “estanflación” (recesión acompañada de inflación) que conoció la economía internacional en los inicios de la década del setenta vuelve a salir a la superficie, aun cuando ahora con una masa mayor de capital ficticio circulando y con las fórmulas de solución transitorias que han venido implementándose desgastadas.

Mientras las elites financieras aumentan sus ingresos al ritmo febril de las emisiones de los bancos centrales, en plena pandemia la pobreza afecta a millones de seres humanos en el planeta. “Las consecuencias de la crisis social y económica del coronavirus empujarán a la pobreza a unos 115 millones de personas, y aquellas que ya vivían con menos de dos dólares al día, más de 700 millones, serán afectados aún más profundamente. La ONU pide que se utilicen mecanismos de protección social para aliviar su situación…”. [3]

Adicionalmente, otro segmento del excedente de liquidez apropiado por los grupos financieros transnacionales (principalmente los fondos de inversión) ha sido colocado en los mercados emergentes en la compra de bonos soberanos, incrementando así el endeudamiento público en los países atrasados, lo que conforme a las reglas de la actual “arquitectura financiera internacional” significa la ejecución de planes de ajuste en contra de las poblaciones impulsados por las IFIS y las calificadoras de riesgo. Una investigación reciente realizada por Eurodad [4] sobre el contingente de acreedores internacionales de bonos soberanos mediante el “desglose de monedas, cupones, vencimientos, leyes vigentes, presencia de Cláusulas de Acción Colectiva (CAC), suscriptores y tenedores de bonos identificados a través de bonos soberanos…” confirma que “sesenta y dos países de ingresos medianos y bajos han emitido quinientos cuarenta y nueve bonos soberanos por un valor nominal excepcional de US$ 691 millardos …”, e incluye las siguientes conclusiones:

“1) Los países en desarrollo deberán pagar 330 mil millones de dólares sobre el servicio de la deuda de estos bonos durante los próximos cinco años. 2) Los tenedores de bonos identificados están compuestos por un grupo de 501 inversores institucionales de 31 países. Estas firmas tienen un total de US $169 mil millones en tenencias de bonos soberanos. 3) Los 25 principales inversores en bonos soberanos, encabezados por gestores de activos con sede en EE. UU., como BlackRock, PIMCO y AllianceBernstein, tienen un total de 42,7 billones de dólares en activos. 4) En gestión, esta cifra es equivalente a cuatro veces el PIB de los 62 emisores de bonos soberanos cubiertos en este informe…”[5]. Diagnóstico con cifras escalofriantes.

El endeudamiento público constituirá, a no dudarlo, el debate central tanto en política económica como en política social en los países periféricos y en Colombia, en particular, durante los próximos años [6].

La gestión económica de la pandemia del Covid 19 -que ha terminado por enriquecer aún más al 1 % de la población mundial al tiempo que condenó a la pobreza a millones de seres humanos en el planeta- grafica el funcionamiento de la globalización financiera y el control de las elites financieras sobre los Estados.

Las reformas neoliberales incluyeron la mercantilización de la salud y la pandemia confirmó lo nefasto de sus alcances. A pesar de los casi cinco millones de fallecidos que ha producido el virus, los dueños de las grandes empresas farmacéuticas (“big pharma”) mantuvieron los derechos sobre las patentes. Adicionalmente, la desigualdad de ingresos entre los países metropolitanos y periféricos relegó a estos últimos a demorar los planes de vacunación con un enorme costo humano. La pobreza endémica a la que vienen siendo sometidos millones de seres humanos, acompañada de la imposibilidad de obtener atención médica a causa de la privatización de clínicas y hospitales, incrementó de manera absurda el número de fallecidos. La gestión neoliberal de la pandemia puede calificarse como un “genocidio de mercado”, otra de las manifestaciones de la barbarie a la que el capitalismo ha condenado a la humanidad.

La sempiterna dominación imperialista: El tal “capitalismo nacional” no existe

Contrario a la cantaleta que sin fundamento teórico repite la izquierda que reivindica un programa de unidad estratégica con el liberalismo, la posibilidad de consolidar un proyecto de “capitalismo nacional” nunca existió. Desde finales del siglo XIX, y a causa de las transformaciones económicas que ocurrieron después de la crisis económica de 1873 ( segunda revolución tecnológica, aumento de las inversiones en el área de los bienes de capital, ampliación de los mercados de capitales y surgimiento de los grupos monopólicos), los grandes inversionistas de las metrópolis encontraron en la exportación de capitales una forma de organizar la acumulación de capital a escala internacional integrando de manera desigual a la periferia al conjunto del sistema capitalista.

La exportación de capitales, en un primer momento, privilegió el área de las materias primas respondiendo a una de las exigencias de la acumulación capitalista cual es la de obtener un volumen mayor de estos recursos en la medida en que la composición orgánica de capital aumenta en las empresas y por ende la productividad del trabajo”[7]. Este cuadro inicial de la división del trabajo metrópoli/periferia cambió durante la segunda posguerra cuando quedó en evidencia un incremento en el sector de los bienes de capital en las empresas productoras de materias primas, al punto que hicieron poco llamativa la contratación del trabajo barato periférico en esta área del procesamiento de recursos naturales. La consecuencia fue el desplazamiento de la producción de materias primas a la metrópolis, iniciando la elaboración masiva de materias primas sintéticas. Este giro espacial en las inversiones abrió el camino a la cristalización del modelo de “sustitución de importaciones”, el cual incluyó áreas industriales con procesamientos manufactureros[8].

Independientemente de las invocaciones nacionalistas y desarrollistas que atravesaron la implementación del modelo sustitutivo y de las transformaciones económicas que lo acompañaron (protección arancelaria, fomento empresarial mediante políticas fiscales y monetarias ), la dominación imperial no fue transgredida. La transferencia de valor de los centros imperiales continuó su marcha.

En el caso de América Latina las estadísticas lo confirman [9]

Las limitaciones estructurales del modelo sustitutivo (ausencia de competencia de los inversionistas para la renovación de los bienes de capital, salarios bajos como consecuencia de la sobreexplotación del trabajo y achatamiento de la demanda interna) lo llevaron a una encrucijada desde los inicios de la década del ochenta. Gabriel Misas ha realizado un buen resumen de esas limitaciones para el caso colombiano: “Los altos niveles de protección, al mismo tiempo que hacían posible la producción nacional de una amplia gama de bienes, le impedían una mayor articulación al comercio mundial. El poco reconocimiento que la elite les otorgó a las clases subalternas en cuanto consumidores de sus productos quedó reflejado en el tardío desarrollo que tuvo el crédito de consumo en nuestro medio…”. Esta ausencia de sistema de crédito, acompañada de salarios bajos, acható la demanda interna necesaria para que el sector moderno obtuviera las ventajas de la economía de escala, por lo que terminamos presenciando “una escasa división social del trabajo, así, por ejemplo el escaso desarrollo de buena parte de las ramas industriales, y el poco capital por trabajador, ha dado lugar a una baja o reducida productividad de la fuerza laboral y en consecuencia a bajos ingresos laborales, lo cual se ha reflejado en el modo de vida de los asalariados. La canasta de consumo de los asalariados presenta una proporción relativamente baja de bienes manufacturados…”. Termina afirmando que los intentos de crear una tercera demanda por parte del Estado mediante empleos y subsidios a las capas medias fracasó cuando llegó la hora de los déficits fiscales[10].

En los inicios de la década de los ochenta, el modelo sustitutivo entró en estado terminal y las imposiciones que el capital financiero logró utilizando el mecanismo del endeudamiento externo terminaron en el catálogo del “Consenso de Washington” que dictaminó la inclusión forzada de Latinoamérica en la globalización financiera. A escala internacional la dominación imperialista tomó la forma de un control corporativo por parte de los grandes grupos financieros mediante la organización de cadenas de valor y de suministros La obtención de plusvalía mediante inversiones que aprovechan las desigualdades salariales en diversos espacios nacionales vertebran el funcionamiento de estas cadenas. “Las cadenas de valor-trabajo implican una forma de intercambio desigual basado en una jerarquía mundial de salarios, en la que el capital global (empresas con sede en el Norte global) captura el valor del Sur a través de la súper o excesiva explotación del trabajo de los trabajadores que fabrican los bienes. En esencia, se obtiene más mano de obra por menos. Las multinacionales oligopólicas aprovechan los costos laborales unitarios diferenciales dentro de un sistema imperialista de valor mundial; controlan gran parte del mercado mundial a través de sus operaciones internacionales”[11].

Este cuadro transnacional explica la regresión laboral oficializada normativamente en el país desde la Ley 50 de 1990, pasando por la Ley 789 de 2003 que suprimió la mayoría de los derechos laborales, hasta el reconocimiento actual de la contratación por horas, la reducción continua del nivel de vida de los trabajadores y el desmonte de la seguridad social. Adicionalmente, en esta organización corporativa de la producción por parte del capital globalizado América Latina quedó condenada a la producción de bienes primarios, al extractivismo que incluye la agroindustria y destruye los territorios, desplaza poblaciones y contamina el ambiente.

En Colombia, ese extractivismo ha privilegiado la explotación de petróleo. Es el renglón de la economía que recibe la mayor cuota de la Inversión Extranjera Directa (IED), apalancando mediante la obtención endógena de una parte de las divisas resultado del negocio de la exploración un modelo de dependencia financiera. “La tasa de retorno de activos/pasivos externos – transferencia de riqueza financiera en el lapso 1990-2020 fue de USD 215 mil millones equivalente al 80 % del PIB (tomando como referencia el de 2020)”[12].

La sobreexplotación del trabajo que realiza en la periferia el capital globalizado queda en evidencia con la captura del trabajo precario tipo maquila. Tal es el caso de los miles de trabajadores amontonados en los llamados “barcos fábrica” en la “alta mar” del Océano Pacífico, autorizados por el gobierno chino. Para seguir citando ejemplos, en Bangladesh, a las afueras de Dhakar, en abril de 2013, 1.130 trabajadores, de la industria textil, mayoritariamente mujeres, murieron y 2.000 quedaron heridos al desplomarse el edificio “Rana Plaza”, en el que laboraban subcontratados por cinco empresarios locales que abastecían a una treintena de marcas internacionales[13]. La crueldad laboral en la industria textil volvió confirmarse en Marruecos en febrero de este año cuando murieron 25 trabajadoras en un taller clandestino en Tánger. “Barrios enteros de Tánger -comenta un empresario local- son una sucesión de sótanos dedicados informalmente a la fabricación de material textil, de zapatos o de lavado de automóviles, con conocimiento de todo el mundo. Estas unidades más o menos clandestinas carecen de las más mínimas normas de seguridad en el trabajo…”[14].

En ciudad Juárez, al Norte de México, aproximadamente 320 empresas multinacionales contratan a cerca de 300.000 trabajadores. En los meses iniciales de la pandemia, y a pesar de los decretos de emergencia gubernamental que exigían el cierre de las empresas, estas se negaron a hacerlo causando muertes y agravando la crisis sanitaria [15]. En esa misma ciudad, la industrialización empujada por fábricas maquiladoras beneficiadas por la normatividad del TCLAN opera el feminicidio como una práctica recurrente. Desde 1993, mujeres pobres que provienen de zonas rurales o migrantes centroamericanas aparecen asesinadas sin que se conozcan los autores. Los registros oficiales contabilizan 2.632 asesinatos desde 2009; la mayoría de ellos queda en la impunidad.

El patriarcado con un origen histórico previo al capitalismo, pero prolongado en su funcionamiento cotidiano constituye el telón de fondo de estos feminicidios, una práctica in-humana desafortunadamente generalizada. “Con una tasa de 1,6 por cada 100.000 habitantes, América Latina es la segunda región más letal para las mujeres después de África, según un informe publicado por Naciones Unidas. El mismo reporte revela que 137 mujeres son asesinadas cada día en el mundo por un miembro de su familia. Y que dos de cada tres asesinatos de mujeres son cometidos por las parejas o familiares. En resumen: el hogar es el sitio predilecto para los feminicidas…”. [16]

En Colombia, según datos de la Fiscalía, Durante el año 2018 se registraron 320 asesinatos. Para 2019, se reportaron 321 casos. En 2020, el total fue de 294. [17] Ese patriar-cado marginaliza y condena igualmente a la población LGBTI: “En el mundo 72 países siguen criminalizando al colectivo LGTBI y en Arabia Saudí, Irak, Irán, Nigeria, Siria, Somalia, Sudán y Yemen la homosexualidad se castiga con pena de muerte. Por sentir y amar diferente, se enfrentan a detenciones arbitrarias y violencia, se les niegan derechos de reunioìn, expresioìn e informacioìn, sufren discriminacioìn en el empleo, la salud y la educacioìn. Según la Organization for Refugee, Asylum & Migration (ORAM) más de 175 millones de personas LGTBQ viven en condiciones de peligro o violencia en todo el mundo, pero se estima que menos de 3.000 reciben protección internacional cada año…”. [18] Estos ejemplos constituyen manifestaciones de la crisis civilizatoria y la barbarie a la que nos ha sometido el capitalismo.

Ecosocialismo o barbarie

En el análisis de las causas que produjeron la pandemia del Covid-19 John Bellamy Foster [19], aceptando la tesis ya anotada de la dominación imperialista actual organizada en cadenas de valor y suministro para la obtención de plusvalía mediante inversiones en espacialidades desiguales, añade que esa reestructuración corporativa “también fue impulsada en parte por un arbitraje global de tierras que tuvo lugar simultáneamente a través de corporaciones multinacionales de agronegocios”. El estímulo a las inversiones en el “sur global” parte de la diferencia entre el precio y la renta de la tierra, por lo que incorporar nuevas tierras aumenta las ganancias. “Las oportunidades de arbitraje de tierras surgen al traer nuevas tierras, con una renta atractiva, al mercado mundial de tierras, donde las rentas pueden capitalizarse realmente”. [20] El inicio de esta práctica extensiva fue la “revolución ganadera” propiciada hace algunas décadas, la cual convirtió al ganado en un producto globalizado basado en corrales de engorde gigantes y monocultivos genéticos. [21]

Esta práctica extensiva denominada eufemísticamente “reestructuración territorial”, continúa señalando Foster, produjo el despojo masivo por parte de las grandes multinacionales del “agro business” de miles de agricultores de subsistencia y pequeños propietarios rurales, así como la deforestación y la destrucción de los ecosistemas boscosos. El alza pronunciada del precio de los alimentos que ocurrió después de la crisis financiera de 2008 aumentó las apetencias por las tierras periféricas. “El resultado fue la mayor migración masiva en la historia de la humanidad, con personas expulsadas de la tierra en un proceso global de descentralización, alterando la agroecología de regiones enteras, reemplazando la agricultura tradicional con monocultivos…”. [22]

Lo ocurrido con el covid-19 y la amenaza de nuevas pandemias en el futuro inmediato son el resultado de esta imposición imperial que terminó por desestabilizar no tan solo los ecosistemas sino también “las relaciones entre especies, creando una infusión tóxica de patógenos” que, a su vez, remite a la existencia de “un sistema de valorización global basado en el tratamiento de la tierra, los cuerpos, las especies y los ecosistemas como tantos “obsequios” para ser expropiados, independientemente de los límites naturales y sociales…”. [23] Una mercantilización globalizada de la vida impuesta por lo que ha sido caracterizado como Imperialismo Ecológico.

La expansión planetaria de la inversión transnacional bajo la forma de cadenas de valor y suministros agroindustriales remite igualmente a las reglas de juego de la acumulación de capital y al tema de los recursos naturales. Efectivamente, el incremento de la composición orgánica de capital disminuye la tasa de plusvalía y, por ende, la tasa de ganancia. No ocurre lo mismo con el volumen de las mercancías producidas que cristalizan en el mismo ciclo productivo una cantidad elevada de materias primas. Adicionalmente, este decrecimiento de la tasa de ganancia puede compensarse por parte de los capitalistas preservando la tasa de plusvalía con “masa de plusvalía” mediante un aumento del capital variable (una mayor contratación de trabajadores) [24], con una utilización de materias primas en una escala superior.

Luego, existe una contradicción entre el funcionamiento de la acumulación de capital que le otorga una potencialidad ilimitada para la obtención de riqueza a los inversionistas y los límites de los recursos de la naturaleza, que son finitos. La denominada “huella ecológica” o “huella ambiental”, entendida como “la superficie ecológicamente productiva necesaria para producir los recursos consumidos por un individuo, así como la necesaria para absorber los residuos que genera”, confirma estadísticamente los alcances de esta contradicción. “La huella ecológica de cada ser humano es de 2,7 hectáreas. Sin embargo, nuestro planeta tan sólo es capaz de otorgar a cada uno de sus habitantes cerca de 1,8 hectáreas (WWF, 2012). Esta diferencia indica que cada uno de nosotros utiliza más espacio para cubrir sus necesidades de lo que el planeta puede darnos…”. [25]

Esta situación continúa acentuándose con graves consecuencias: “No se puede soportar este crecimiento con los recursos que hay. Si haces cuentas, ves que la población aumenta con una tasa del 1 % anual. Y que la depredación de recursos crece más, hasta un 3 %. No solo hay más gente, sino que la gente que hay quiere más. En una generación habremos consumido tanto como en toda la historia del ser humano. Está clarísimo que esto estallará de alguna forma. Ya estamos viviendo estas consecuencias; los microchips son solo una muestra. Pero realmente todas las materias primas están sufriendo subidas brutales, porque la demanda sube de manera exponencial y no hay fábricas que sean capaces de dar abastecimiento ni recursos suficientes para proveerlas. Tenemos un problema serio que hay que abordar inmediatamente…”. [26]

El otro aspecto a tener en cuenta en la explicación de la crisis ecológica contemporánea es el de la asociación entre el incremento de la productividad en la historia del capitalismo y la utilización intensiva de energía fósil: “Entre 1850 y 2007, la productividad (aquí medida por el PIB mundial por habitante) se multiplicó por 9,5. En ese mismo periodo, las emisiones globales de CO2 se multiplicaron por 155, pasando de 54 millones de toneladas a 8.365…”. [27] Debe resaltarse el caso del petróleo y sus derivados que a partir de la segunda posguerra, además del papel convencional energético que venían desempeñando en el transporte y en las empresas, devinieron base de las “materias primas sintéticas” [28], aumentando considerablemente la contaminación ambiental.

La elaboración de “materias primas sintéticas” debe incluirse como otro elemento compensatorio “al aumento del valor de las materias primas dentro del valor producto de las mercancías” en la medida en que aumenta la productividad del trabajo, tesis que ya hemos reseñado como parte del acervo teórico del marxismo. Interpretándola en términos de temporalidades ello significa que el incremento de la capacidad productiva del trabajo precipita un tiempo cada vez más reducido en la producción de mercancías, el cual antagoniza con el tiempo más lento que la naturaleza requiere para elaborar los recursos naturales. Producir materias primas en laboratorio, lo cual ha sido caracterizado como la construcción de una “segunda naturaleza”, acompasa de manera forzada esos tiempos desiguales, pero contaminando y destruyendo la naturaleza. La misma fórmula productivista viene siendo aplicada en el caso de los animales con la obtención de las “razas mejoradas” y, en el caso de las plantas, con los transgénicos. La “fractura metabólica” entre la sociedad capitalista y la naturaleza llevada a su máxima expresión. La utilización intensiva del petróleo y sus derivados está llegando a su límite. “En 1971, [el geofísico M. King] Hubbert previó que el pico llegaría en 2005. Eso no quiere decir que se acabaría todo el petróleo. Efectivamente, en 2005 se llegó al máximo de la producción del petróleo crudo convencional: lo certificó la Agencia Internacional de la Energía en su informe de 2010 (…). Entre 1998 y 2014 las compañías multiplicaron por tres su esfuerzo para buscar nuevos yacimientos. Desde el 2014, viendo que estaban perdiendo muchísimo dinero, redujeron drásticamente su inversión, un 60 %. La Covid lo ha acelerado. En EEUU hay una avalancha de quiebras en el sector del ‘fracking’: veo imposible que se recupere. El World Energy Outlook de 2020 de la Agencia Internacional de la Energía prevé que la producción podría llegar a caer hasta un 50 % dentro de 2025, en el peor escenario…”. [29]

La alternativa energética que proponen las elites capitalistas preservando los mecanismos del mercado (impuestos verdes, subsidios presupuestales, derechos de emisión intercambiables) y aumentando el uso de la biomasa dentro de lo que ha sido presentado como “capitalismo verde” no es viable. La utilización generalizada de este tipo de energía reduciría la productividad del trabajo y la producción de bienes y servicios afectando los fundamentos de la acumulación de capital. Y el consumo de masas. “El capitalismo verde es un oxímoron”. Por ello las conclusiones de las cumbres climáticas de Naciones Unidas han quedado reducidas a discursos declarativos que incluyen los diagnósticos ya suficientemente conocidos sobre las nefastas consecuencias del cambio climático por el aumento de los gases “efecto invernadero”, la desertificación de áreas enteras del planeta que han conllevado desplazamientos poblacionales masivos, la erosión de los casquetes polares que al expulsar enormes bloques de hielo amenazan con un alza del agua en los océanos que amenaza con inundaciones a la mayoría de las ciudades costeras, el crecimiento inusitado de la morbilidad respiratoria causada por la contaminación ambiental, etc., pero, sin derroteros fiables de acción tal y como acaba de ocurrir en Glasgow con la cumbre del COP 26, la cual fue rechazada en las calles por movimientos ecologistas y organizaciones campesinas e indígenas provenientes de los distintos rincones del planeta.

Quienes se han favorecido con este tipo de reuniones son los grandes grupos financieros, dado que la emisión de “bonos verdes” hace parte de esta política justificada en la reducción de emisiones de CO2. Estos títulos han terminado por convertirse en un segmento importante del mercado de capitales. En Glasgow los voceros de los grupos financieros que asistieron manifestaron disponer en sus arcas de un monto aproximado de US$130 billones para ejecutar proyectos ambientales. El interés por este tipo de proyectos cuenta con el aliciente de mejores comisiones bursátiles comparándolas con las de los no sostenibles. Estas inversiones quedan mayoritariamente en la esfera de la especulación financiera o en las empresas asociadas a la energía fósil. Taric Fancy, quien fuera el primer director global de BlackRock (uno de los mayores fondos de inversión con cobertura internacional) durante los años 2018 y 2019 en el área de las “inversiones ver-des” lo ha reconocido públicamente: “Las empresas cuentan con unas pocas iniciativas verdes que cumplen los requisitos (ESG) que pueden financiar a través de bonos verdes; sin verse obligados a cambiar mínimamente su plan estratégico” (…) “Nada les impide llevar a cabo actividades claramente no sostenibles con sus otras fuentes de financiación”. Por lo que, concluye, se trata de “un peligroso placebo que perjudica el interés público”. [30]

Especulación financiera y destrucción de la vida en el planeta constituyen manifestaciones de la barbarie que soporta la humanidad en los inicios del siglo XXI. Solamente una transición ecosocialista puede sacar a la humanidad de esta encrucijada.

* Daniel Libreros Caicedo, docente de la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales. Director del Centro de Pensamiento de Política Fiscal, Universidad Nacional de Colombia. Es militante del Movimiento Ecosocialista.

Notas

1] Desde 1981 Paul Volker quien fuera presidente de la Reserva Federal y quien jugó un papel de primer orden en el rediseño del sistema financiero internacional escogió a Jackson Hole, un pueblo situado en el Estado de Wyoming, para realizar reuniones de diagnóstico y propuestas de ‘política monetaria’ por su afición a la pesca. Cada año, y en secuencia que se repite cerca a la finalización de la estación de verano en el hemisferio norte, banqueros centrales, ministros de Finanzas y académicos acuden a ese lugar a presentar sus planteamientos. Durante los dos últimos años y obligados por la pandemia del Covid 19 las sesiones han sido virtuales. Por razones obvias el gerente de la FED, actualmente Jeremy Powel, protagoniza las discusiones. En la última realizada entre el 23 y el 25 de agosto del año en curso los grandes inversionistas financieros se encontraban en “estado de alerta” por un posible anuncio de Powel de frenar la llamada “flexibilización cuantitativa” (compra masiva de títulos de deuda pública) y un alza en las tasas de interés como respuesta al incremento internacional de la inflación.

2] Esta política monetaria expansiva ya la venían aplicando los bancos centrales de las economías más importantes del mundo, el Banco Central Europeo, el de Japón y el de China, y al igual que la FED la profundizaron inclusive durante la pandemia del Covid 19.

3] “La pandemia de COVID-19 representa una “doble crisis” para los más pobres”, Noticias ONU, 17 octubre 2020, en https://news.un.org/es/story/2020/10/1482552 

4] Daniel Munévar, “ Sleep now in the Fire , Sovereing bonds and the Covid-19 debt crisis”, Eurodad, 26 de mayo del 2021: https://www.eurodad.org/sovereign_bonds_covid19   

5] Ibid.

6] Para el caso de América Latina, “Mientras que, en el año 2019, la deuda pública representaba 68,9 % del PIB de la región, al cierre del año pasado se alcanzaron niveles de 79,3 % del PIB regional, es decir, más de diez puntos porcentuales, de acuerdo con las estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI)…”. La deuda pública de América Latina llegó a 79 % del PIB de la región el año pasado…”, Diario La República, 1 de marzo del 2021, en https://www.larepublica.co/globoeconomia/deuda-publica-de-latinoamerica-represento-79-del-pib-de-la-region-durante-el-2020-3132452  . La deuda pública total en Colombia, según las estadísticas del Ministerio de Hacienda, ascendió en mayo de este año al 63 % del PIB, una cifra equivalente a $668 billones, lo que significó un crecimiento del 14 % frente al monto reportado en mayo de 2020. “Deuda interna del Gobierno colombiano llega a 61 % del PIB en mayo”, Forbes portal web, 22 de junio del 2021, en https://forbes.co/2021/06/22/economia-y-finanzas/deuda-interna-del-gobierno-colombiano-llega-a-61-del-pib-en-mayo/  

7] “Por consiguiente, en la proporción en que se desarrolla la capacidad productiva del trabajo, nos encontramos con que el valor de la materia prima forma una parte integrante cada vez mayor del valor del producto- mercancía (..) porque en cada parte alícuota del producto total van reduciéndose constantemente la parte que repone el desgaste de la maquinaria y la que constituye el trabajo aña¬dido. Y como resultado de esta curva descendente aumenta relativamente la otra parte del valor que forma la materia prima, siempre y cuando que este aumento no se vea contrarrestado por la correspondiente disminución de valor de la materia prima, derivada de la creciente productividad del trabajo empleado en su propia producción, Carlos Marx, “El Capital – Tomo 1”, citado por Ernest Mandel en ”El Capitalismo Tardío”, Ediciones Era, México, 1972, p. 28.

8] El inicio de la “sustitución de importaciones” en América Latina estuvo acompañado de transformaciones en los regímenes políticos. Los gobiernos de corte populista que surgieron en México, Brasil y Argentina apoyados en movimientos de masas estatizaron los ingresos de la exportación, lo que posibilitó una ampliación de la capacidad del Estado para incidir en la formación bruta de capital, para subsidiar a las empresas y para elevar los salarios y mejorar el nivel de vida de los trabajadores integrando a las organizaciones sindicales al funcionamiento estatal. En Colombia, por el contrario, la transformación sustitutiva dejó en manos de la Federación de Cafeteros la renta exportadora. La llamada “revolución en marcha” de López Pumarejo respetó el “estatus quo” anterior, el concordato y el latifundio. El mito de la reforma agraria codificada en la ley 200 de 1936 carece de fundamento. El análisis documentado y reconocido de Catherine Legrand lo desnuda: “La Ley de Tierras atacó la confusión legal entre dominio público y privado, en la cual se habían originado los conflictos. Pero no condujo a la realización de una nueva política agraria, sino más bien a lo contrario. Es cierto que al adoptar el concepto de la función social de la propiedad, la Ley 200 buscaba estimular la explotación de la tierra. Pero la ley era opuesta a la desintegración de los latifundios, clave de la reforma agraria. No abocó el problema de la desigualdad en la distribución de la propiedad territorial en Colombia. Tampoco impidió la Ley 200 la continua apropiación de baldíos en las regiones de frontera. Conscientes de la realidad histórica de la usurpación de baldíos, los legisladores sin embargo parecen haber estado ciegos frente a ese proceso continuo…” “Colonización y Protesta campesina en Colombia-1850-1950”, Universidad Nacional, Bogotá, p. 203.

9]“Theotonio dos Santos calcula que para el periodo 1946-1968 hubo una salida de 15 mil millones de dólares de América Latina a Estados Unidos en la forma de dividendos, intereses, etcétera, sobre inversiones de capital extranjero. El nuevo capital realmente exportado de Estados Unidos a América Latina sumó sólo 5 mil 500 millones de dólares neto y fue, por tanto, mucho menor que el drenaje de plusvalía…”, Citado en Ernest Mandel, Ibidem, p. 30.

10] Gabriel Misas Arango, “La Ruptura de los Noventa,”, Universidad Nacional –sede Bogotá, mayo de 2002, en http://www.fce.unal.edu.co/media/files/CentroEditorial/catalogo/Libros_Digitalizados/L_rup-tura-90.pdf 

11]  Intan Suwandi, La morada oculta de la producción global, Viento Sur, 7 de marzo de 2020, en https://vientosur.info/la-morada-oculta-de-la-produccion-global/. Sobre el tema John Foster consta¬ta: “Los costos laborales unitarios en India en 2014 fueron del 37 por ciento del nivel de EE. UU., mientras que los de China y México fueron del 46 y 43 por ciento, respectivamente. Indonesia fue mayor con costos laborales unitarios al 62 por: https://monthlyreview.org/2020/06/01/covid-19-and-catastrophe-capitalism/  

12] “Integración Financiera subordinada y Efecto de la crisis pandémica en Colombia” , Manuel Martínez Presentación – resumen de tesis como Estudiante, PHD en Desarrollo económico UNICAP (Brasil) y ELADES -CEPAL (Chile), julio de 2021.

13] Más de 1000 muertos en el derrumbe en Bangladesh, Radio Canadá internacional, 10 de mayo de 2013, https://www.rcinet.ca/es/2013/05/10/mas-de-1000-muertos-en-el-derrumbe-en-bangladeh-encuentran-una-sobreviviente/  

14] “Mueren al menos 25 trabajadores en un taller textil clandestino en Marruecos”, https://www.rcnradio.com/internacional/mueren-al-menos-25-trabajadores-en-un-taller-textil-clandestino-en-marruecos   

15] “Las Maquiladoras de Ciudad Juárez van cesando su actividad a golpe de muertos”. El País digital, 23 de abril de 2020 , en https://elpais.com/internacional/2020-04-23/las-maquiladoras-de-ciudad-juarez-van-cesando-su-actividad-a-golpe-de-muertos.htm

16] “Una mujer es asesinada cada dos horas en América Latina por el hecho de ser mujer”, France-24 en https://www.france24.com/es/20200303-dia-de-la-mujer-feminicidios-latinoamericano-violencia-genero 

17] “Que ser mujer no nos cueste la vida”, Portal Radiónica en https://www.radionica.rocks/analisis/panorama-feminicidios-colombia  

18] “Los Perseguidos LGBTI, El País, Madrid 25 de Marzo del 2019, en https://elpais.com/elpais/2019/03/25/planeta_futuro/1553517984_827632.htm 

19]  John Belamy Foster y Intan Suwandi, “COVID-19 y el capitalismo catastrófico. Cadenas de productos básicos y crisis ecológica-epidemiológica-económica”, Monthly Review, 1 de junio de 2020, en https://monthlyreview.org/2020/06/01/covid-19-and-catastrophe-capitalism/   

J. Foster es un reconocido ecologista-marxista que ha recuperado para los debates actuales sobre crisis ambiental el pensamiento ecológico en Marx y Engels. Para ello, ha venido resca¬tando el sesgo interpretativo que Marx definió como la “fractura metabólica entre sociedad y naturaleza”, partiendo del papel del proceso de trabajo en su relación con la naturaleza, el cual constituye “la relación metabólica entre la humanidad y la naturaleza”. “Este metabolismo necesariamente tomó una forma mediada socialmente, abarcando las condiciones orgánicas comunes a toda vida, pero también tomando un carácter claramente humano-histórico a través de la producción. (…) “el rompimiento del ciclo de la tierra en la agricultura capitalista industrializada constituía nada menos que “una fractura” en la relación metabólica entre los seres humanos y la naturaleza …”. Recuerda Foster que mientras Marx estudiaba el problema de la renta de la tierra leyó autores que ya venían analizando las consecuencias de la agricultura industrial y que fue impactado por la obra de Justus von Liebig (su reflexión teórica es más importante que la de todos los economistas juntos, le alcanzó a escribir a Engels), quien en su obra mayor “Química orgánica y su aplicación a la agricultura y a la fisiología” “había diagnosticado que el problema se debía al agotamiento del nitrógeno, el fósforo y el potasio, pues estos nutrientes esenciales de la tierra iban a parar a las ciudades cada vez más pobladas, donde contribuían a la contaminación urbana…”.

La universalización de esa “fractura metabólica entre sociedad y naturaleza, según Marx, hace parte del “metabolismo universal de la naturaleza”, asociándola al “vasto ámbito natural en el que surgió la sociedad humana, y en el que existía necesariamente…”, constituye “la condición universal para la interacción entre la naturaleza y el hombre, y como tal, una condición natural de la vida humana”. La humanidad, a través de su producción, “extrae” sus valores de uso naturales de este “metabolismo universal de la naturaleza”, al mismo tiempo “insuflando una [nueva] vida” a estas condiciones naturales “como elementos de una nueva formación [social]”, generando por ese motivo una especie de segunda naturaleza. Sin embargo, en una economía mercantil capitalista esta segunda naturaleza asume una forma alienada, dominada por el va¬lor de cambio antes que por el valor de uso, conduciendo a una fractura en este metabolismo universal…”. Esta tesis es de suma importancia en la explicación de la crisis ecológica contemporánea. J.B. Foster, “Marx y la fractura en el metabolismo universal de la naturaleza”, Revista Herramienta, https://herramienta.com.ar/articulo.php?id=2177 

20]  John Belamy Foster y Intan Suwandi citan a Eric Holt-Giménez autor del libro referenciado en “A Foodie’s Guide to Capitalism”, en https://foodfirst.org/a-foodies-guide-to-capitalism-understanding-the-political-economy-of-what-we-eat/ 

21] “La mejora genética animal hacia “razas mejoradas” ha tenido consecuencias devastadoras para los animales domésticos. “La FAO estima que al menos el 30% de las razas de animales domésticos están en grave riesgo de extinción, ello supone la desaparición de 3 razas cada 2 semanas. Especialmente grave resulta la situación de zonas donde la RG está claramente implantada: Europa representa el 75% de esa y afecta al 73% de las razas europeas, mientras que en zonas donde la RA todavía no ha llegado plenamente como en África el % baja al 7%…”, Veterinarios sin fronteras en http://www.uco.es/zootecniaygestion/img/pictorex/26_11_41_7._la_revolucion_ganadera.pdf 

22] John Belamy Foster y Intan Suwandi, “COVID-19 y el capitalismo catastrófico” Ibidem. En ese mismo artículo los autores saludan el surgimiento de la escuela de interpretación de la etiología de la enfermedad llamada Structural One Health, la clave es determinar cómo las pandemias en la economía global contemporánea están conectadas a los circuitos de capital que están cambiando rápidamente las condiciones ambientales. Un equipo de científicos, incluidos Rodrick Wallace, Luis Fernando Chaves, Luke R. Bergmann, Constância Ayres, Lenny Hogerwerf, Richard Kock y Robert G. Wallace…”

23] Ibid.

24] “La masa del plusvalor producido es, por tanto, igual al plusvalor que suministra la jornada laboral del obrero individual, multiplicada por el número de obreros utilizados. Pero, además, como la masa de plusvalor producido por el obrero individual estando dado el valor de la fuerza de trabajo, se determina por la tasa del plusvalor, tendremos entonces: la masa del plusvalor producido es igual a la magnitud del capital variable adelantado multiplicada por la tasa del plusvalor, o bien se determina por la razón compuesta entre el número de las fuerzas de trabajo explotadas por el mismo capitalista y el grado de explotación de cada fuerza individual de trabajo” Carl Marx, “Tasa y Masa del Plusvalor”, El Capital, Tomo 1, capítulo 9, Fondo de Cultura Económica, México, 1972. (subrayados en el original)

25] “Que es la huella ecológica”, Gobierno de México, en https://www.gob.mx/semarnat/articulos/que-es-la-huella-ecologica?idiom=es   Estadística-mente está comprobado que desde 1980 la “huella ecológica” llegó al 100 % de la superficie del planeta y que en 1999 la excedió.

26] Tomado de Alicia Valero, experta reconocida en temas energéticos en la Unión Europea en la entrevista titulada “No Encontrar lo que buscamos en las tiendas será el pan de cada día”, https://www.elcritic.cat/entrevistes/alicia-valero-no-encontrar-lo-que-buscamos-en-las-tiendas-sera-el-pan-de-cada-dia-104301 .  En esa misma entrevista recuerda el tema ya reiterado de la desigualdad en el uso energético ente metrópolis y periferia: “Se estima que del 20 al 30 % de la población mundial consume el 70-80 % de los recursos extraídos cada año de la biosfera. Por tanto, es de este 20 a 30 % que el cambio debe venir, es decir, en su mayor parte, los pueblos de América del Norte, Europa y Japón. Es una condición para los países del Sur, que se enfrentan ellos también en la crisis ecológica…”.

27] M. Husson, “El capitalismo en 10 lecciones”, Editorial Caña verde, Cali, 2017, p. 64.

28] El giro hacia la producción de materias primas en los países metropolitanos que inició una nueva división internacional del trabajo coincidió con la elaboración a gran escala de materias primas sintéticas. “He aquí algunas cifras relativas al aumento en la producción de materiales sintéticos en comparación con las materias primas naturales. La participación de la producción de fibras sintéticas en la producción mundial de textiles aumentó del 9.5 % en 1938 y el 11.5 % en 1948 al 27.6 % en 1965. El porcentaje ocupado por el hule sintético en la producción mundial total de hule natural y sintético aumentó de 6.4 % en 1938 al 25.9 % en 1948 y al 56 % en 1965”. Véase Paul Bairoch, Diagnostic de l’évolution économique du Tiers-Monde, 1900-1966, París, 1967, p. 165. La producción de plásticos en el mundo capitalista se elevó de 2 millones de toneladas en 1953 a 13 millones de toneladas en 1965: más del total de la producción mundial de metales no ferrosos. Bairoch también informa de una economía mucho mayor en el consumo de materias primas (menor cantidad de materia prima empleada para obtener la misma cantidad de producto final) como resultado del progreso técnico…” Ernest Mandel, “El capitalismo Tardío”, Ibidem, p. 162.

29] Antonio Turiel, “Las consecuencias del pico del petróleo se nos echan encima”, en https://www.elperiodico.com/es/entre-todos/20210111/antonio-turiel-consecuencias-pico-petroleo-11434959 

30] El Economista.com, “Un ex/director de Blackrock califica la Inversión sostenible de peligroso placebo para la opinión pública”., en https://www.eleconomista.es/mercados-cotizaciones/noticias/11369722/08/21/Un-ex-director-de-Blackrock-califica-la-inversion-sostenible-de-peligroso-placebo-para-el-interes-publico.html

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