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Venezuela – ¿Nicolás Maduro rehabilitado gracias al petróleo?

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La guerra en Ucrania llevó a Estados Unidos a reanudar, por el momento tímidamente, sus relaciones con Venezuela. El país está bajo sanciones estadounidenses desde 2019.

Yann Mens

Alternatives Économiques, 21-12-2022

https://www.alternatives-economiques.fr/

Traducción de Correspondencia de Prensa

Nicolás Maduro es un partidario entusiasta y leal de Vladimir Putin. El presidente venezolano ha condenado las sanciones contra Rusia y acusa a Estados Unidos de querer acabar con ese gran país. Es cierto que tanto Moscú como Teherán han ayudado a Venezuela a eludir las sanciones que afectan a sus exportaciones de petróleo desde 2019. Esas sanciones han obligado al país a vender su producción a bajo precio a India o China.

Sin embargo, el mejor servicio que Vladimir Putin le ha hecho recientemente a Nicolás Maduro es totalmente involuntario. Al lanzar la guerra en Ucrania, el presidente ruso le ha permitido a su amigo venezolano volver a entablar relaciones con EEUU. Aunque sea paso a paso, claro está.

El 26 de noviembre, Washington le otorgó una licencia a la petrolera estadounidense, Chevron, a través de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, Office for Foreign Assets Control), la administración encargada de aplicar las sanciones adoptadas por Estados Unidos, para hacerse cargo de una parte de sus actividades en Venezuela, donde posee varias empresas mixtas con PDVSA, la compañía petrolera nacional venezolana.

Esta licencia, concedida inicialmente por seis meses, es una excepción a las sanciones sobre las exportaciones petroleras venezolanas decretadas por la administración Trump contra el régimen de Caracas tras la reelección de Nicolás Maduro en mayo de 2018. Recordemos que, tras estas elecciones tan disputadas, la Asamblea Nacional, controlada por la oposición, había proclamado a su propio presidente, Juan Guaidó, como jefe de Estado en funciones.

La concesión de una licencia por parte de la OFAC se enmarca en el contexto de las perturbaciones del mercado petrolero provocadas por la guerra en Ucrania, pero también en el contexto de la política interior venezolana e incluso de los cálculos electorales de la política interior estadounidense.

En lo que respecta al petróleo, una de las primeras reacciones de Estados Unidos a la ofensiva de Vladimir Putin fue la de imponer un embargo a las importaciones de petróleo y productos petrolíferos rusos en Estados Unidos el 8 de marzo. Se trata de una medida con escasas consecuencias, ya que los hidrocarburos de Moscú sólo representan una pequeña fracción de las necesidades estadounidenses (8%).

Pequeña, pero específica. De hecho, los crudos que Rusia venía suministrándole a Estados Unidos hasta entonces eran petróleos pesados, utilizados para fabricar plásticos, asfalto, pero también combustible, y que abastecían el Golfo de México, donde se concentran las principales refinerías del país.

Un comienzo limitado en el levantamiento de las sanciones contra Caracas

¿Por qué Estados Unidos iba tan lejos a comprar hidrocarburos? En parte, debido a las sanciones contra Venezuela decretadas por la administración Trump en 2019. De hecho, Venezuela fue durante mucho tiempo proveedor de petróleo de su vecino norteamericano, incluso bajo el régimen oficialmente muy antiimperialista de Hugo Chávez, predecesor de Nicolás Maduro.

Sólo cuando la administración Trump adoptó duras sanciones contra la República Bolivariana a partir de 2019, este comercio se detuvo por completo. Y las ventas rusas a EE.UU. aumentaron. La desgracia de nuestros amigos hace, a veces, que nos sintamos un poco felices…

¡Inversión de la historia en 2022! Estados Unidos decide dejar de comprarle a Rusia a raíz del ataque a Ucrania, pero sigue necesitando petróleo pesado. La lógica puramente económica debería llevarlo a reanudar los vínculos con Venezuela, pero la lógica política le dicta ir lentamente.

En efecto, a pesar de las esperanzas de la administración Trump y del dramático deterioro de la situación económica de Venezuela, que perdió el 81,2% de su riqueza en dólares entre 2013 y 2020, el régimen de Nicolás Maduro sigue en pie.

Por otro lado, y aunque el opositor Juan Guaidó haya obtenido el reconocimiento de países como Estados Unidos y Francia, no consiguió apoyo el popular para derrocar el poder de Caracas, sobre todo porque más de 6 millones de venezolanos han abandonado el país para intentar ganarse la vida en el extranjero, y las fuerzas políticas contrarias a Maduro están divididas.

Además, las elecciones de presidentes de izquierda en los últimos meses en varios países de la región, y en particular la de Gustavo Petro en la vecina Colombia, le han dado cierta audiencia a Nicolás Maduro.

¿Realismo o resignación? La oposición entabló recientemente conversaciones con el gobierno de Caracas con vistas a las elecciones presidenciales de 2024. Estas discusiones, que tuvieron lugar en noviembre en Ciudad de México, con la mediación de Noruega, le permitieron a la administración Biden legitimar un comienzo mesurado del levantamiento de las sanciones contra las importaciones de petróleo venezolano.

Más ingresos petroleros y un plan humanitario de la ONU en perspectiva

La licencia concedida por la OFAC a Chevron está de hecho condicionada a que continúen las discusiones políticas entre el régimen y la plataforma de la oposición para organizar las próximas elecciones presidenciales en condiciones satisfactorias.

Además, prevé que las sumas liberadas por la reanudación de las actividades de la filial Chevron-PDVSA se utilicen exclusivamente para reembolsar una parte de la deuda de 4.000 millones de dólares que la empresa nacional venezolana mantiene con la petrolera estadounidense desde la introducción de las sanciones. Se trata de divisas que no podrán llegar a las arcas del régimen de Maduro.

Por otra parte, si la aplicación de la licencia funciona correctamente, el gobierno de Caracas puede esperar que la OFAC otorgue otras licencias en el futuro. Y que las ganancias generadas por las exportaciones así permitidas acabarán por beneficiarlo, sabiendo que los ingresos petroleros representan más del 60% de los recursos del presupuesto del Estado venezolano.

Sin embargo, esta perspectiva de aumento de las ventas al exterior sólo puede plantearse a mediano plazo, ya que llevará tiempo restaurar la infraestructura petrolera, en la que la inversión ha sido crónicamente insuficiente, incluso mucho antes de las sanciones de 2019. Tampoco supondrá ningún alivio a muy corto plazo para los mercados petroleros internacionales, a los que las sanciones estadounidenses y europeas privan gradualmente del petróleo ruso.

A un plazo más corto, sin embargo, el acuerdo alcanzado en Ciudad de México entre el gobierno y la plataforma opositora contiene otro incentivo para las autoridades de Caracas. El mismo prevé que las Naciones Unidas administren un vasto plan humanitario para Venezuela: compra de alimentos, vacunas y medicamentos, reapertura de escuelas, reparación de las redes eléctricas, etc.

Este plan sería financiado con 3.000 millones de dólares provenientes de fondos públicos venezolanos colocados en el extranjero, pero que habían sido congelados por bancos estadounidenses o europeos tras la adopción de sanciones por parte de la administración Trump. Sin embargo, los fondos sólo podrán liberarse gradualmente y con el acuerdo de la oposición.

Mejorar la vida cotidiana de la población en vísperas de las elecciones presidenciales es un argumento del que ambos partidos venezolanos, la oposición y sobre todo el gobierno, pueden sacar provecho.

¿Puede Caracas mantenerse cerca de Moscú?

En cuanto a Estados Unidos, es posible que las consideraciones de política interior no estén ausentes de las motivaciones de la administración Biden en este (¿primer?) paso hacia Caracas.

En efecto, existe una diáspora venezolana en el sur de Estados Unidos, y en particular en Florida, que se opone a menudo con firmeza al régimen de Maduro. Hasta las recientes elecciones de medio mandato, los demócratas estaban obligados a tener en cuenta a este grupo de presión si querían ganar las elecciones en esta parte del país. Pero la votación del 8 de noviembre demostró, sobre todo a través de la reelección del gobernador Ron DeSantis, muy conservador pero potencial rival de Donald Trump para las primarias republicanas, que Florida parece perdida para los demócratas, al menos en términos humanos.

Así que la administración Biden no necesita hacerle la corte a la diáspora venezolana con un boicot al régimen de Maduro. De hecho, aunque las negociaciones con Caracas ya habían comenzado en marzo, al día siguiente del ataque ruso en Ucrania, la concesión de la licencia por parte de la OFAC fue anunciada menos de tres semanas después de las elecciones de medio mandato.

¿Y qué pasa con la inquebrantable amistad ruso-venezolana? Se mantiene oficialmente intacta visto que, el 14 de diciembre, una delegación rusa de alto nivel se trasladó a Caracas para firmar una larga serie de acuerdos de cooperación en materia de salud, transporte marítimo, energía y turismo.

El hecho es que, con los embargos occidentales al petróleo ruso, los dos países compiten cada vez más entre sí en mercados como el chino, geográficamente cercano de Rusia, a diferencia de Venezuela, para la que Estados Unidos constituye una salida más natural, aunque, según Nicolás Maduro, [esta potencia] quiera «acabar» con el país de su amigo Putin.

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