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Recesión en Gran Bretaña: Rabia y amargura hacia los financieros

Recesión en Gran Bretaña: Rabia y amargura hacia los financieros

krisisPeter Taaffe, Socialist Party, CIT en Inglaterra y Gales

15 de Octubre del 2008.

La economía Británica ahora está en recesión y el gobierno ha impulsado un colosal rescate de £400 mil millones de libras con el dinero de los contribuyentes para intentar prevenir una situación económica incluso peor. Peter Taaffe secretario general del Partido Socialista comenta respecto a los acontecimientos sin precedentes de las últimas semanas y de las perspectivas que vienen para los trabajadores en Gran Bretaña.

Olvídese de East Enders, Coronation Street, Desperate Housewives (series de televisión) o de los tremendos choques por la disputa en ‘la punta de la tabla’ de la liga de futbol. Para un verdadero drama, todo lo que usted necesita hacer es girar la televisión, mirar los periódicos o escuchar en la radio como se revela la crisis económica en Gran Bretaña y el mundo.

Los primeros en subir al escenario fueron las ‘estrellas’ económicas de los EE.UU., Henry Paulson, Ben Bernanke y el mismo George Bush, quienes frenéticamente rescataron a los bancos e instituciones financieras. Sin embargo, los verdaderos sentimientos del pueblo americano hacia Richard Fuld, jefe del ahora difunto Lehman Brothers, fueron resumidos por los manifestantes en Wall Street: “Encarcélenlos, no sálvenlos”.

No es sólo la obscena codicia de unos pocos capitalistas individuales, sino el capitalismo – sistema basado en el beneficio para unos pocos a costa de las necesidades de la mayoría – el que esta en juicio ante la opinión pública del mundo.

Otro acto del drama se desarrolló en Gran Bretaña, con el gobierno de Gordon Brown inyectando £400 mil millones de libras de los contribuyentes, nuestro dinero a las cajas de los bancos. A menos que esto se hiciera, un verdadero colapso de los bancos y otras instituciones financieras amenazaba. Esto, alternadamente, podía sacudir al resto de la economía, agravando enormemente la recesión ya en curso.

Antes de estos acontecimientos, en The Guardian, Jonathan Freedland había elogiado el rescate de Paulson de US$700 mil millones de dólares para absorber las malas deudas de los bancos de EE.UU. Éste no era el “pálido socialismo rosado de Northern Rock o de Bradford y Bingley; éste es el bolchevismo rojo sangre, tomando la jefatura superior del sistema financiero”.

¡Una leve exageración! Ésta era, en realidad, una medida de ‘capitalismo de estado’ – como con las intervenciones de Brown y Alistair Darling la semana pasada – orientadas al rescate de las instituciones financieras, renovándolas a costa nuestra y devolviéndolas a las sucias manos de los ‘inversionistas privados’.

Sin embargo, la invocación del ‘socialismo’ por los comentaristas y miembros reaccionarios del congreso de EE.UU. y ahora las asombrosas plegarias de los tres principales partidos capitalistas en Gran Bretaña a favor de una intervención estatal, representan un cambio fundamental.

Brown no podía, en el momento del derrumbe de Northern Rock; incluso articular la “palabra con n”, nacionalización, pero ahora ejecuta audazmente una ‘nacionalización parcial’ de todo el sistema financiero. Los tories George Osborne y David Cameron están de acuerdo con esto, casi como san culottes de los tiempos modernos. Los defensores del capitalismo de mercado, los des-reguladores y privatizadores ahora se alinean detrás de la ‘regulación’ estatal de su sistema.

John Maynard Keynes, uno de sus gurúes económicos, dio un sensato consejo a los capitalistas cuando estaban al borde del precipicio en los años 30: “Cuando los hechos cambian, cambio mi mente. ¿Qué hace usted, señor?”

Los capitanes en la cabina de mando del capitalismo han prestado atención a su consejo. ¿Sin embargo, serán capaces de dirigir la nave hacia aguas más tranquilas o todavía vendrá más dolor? Son ‘justas’ las medidas que han tomado ¿ellas benefician a la mayoría de la clase trabajadora y evitan la pesadilla económica y social que se asoma?

Esta crisis ha subrayado lo que el Partido Socialista ha sostenido permanentemente, que en el mundo del capitalismo globalizado de hoy – con una mayor interdependencia de las economías de cada país – ningún país puede ‘actuar independientemente’.

El contagio de la crisis subprime de los EE.UU. y el endeudamiento masivo de los individuos, de las compañías y de los gobiernos que impulsaron el boom, ha reaccionado salvajemente contra los autores capitalistas de esta crisis, pero también en contra de la clase obrera. Como un fuego incontrolable en la pradera, las crisis han saltado de un país a otro, afectando al mundo entero. No sólo las compañías, sino también las industrias e incluso los países, como vemos en Islandia, están al borde del derrumbe.

La alarma de los capitalistas y de sus representantes se demuestra por la escala de la intervención financiera del gobierno; los £400 mil millones prometido por Brown es el equivalente a casi un tercio de la renta de Gran Bretaña en un año. Los bancos arrastrados por las ‘deudas malas’ serán ‘recapitalizados’ con dinero de los contribuyentes.

Esto es una tentativa de repetir lo qué sucedió en Japón y Suecia en el pasado en una situación de colapso financiero similar. Cuando las industrias fueron ‘puestas en pie’, fueron devueltas después al sector privado, supuestamente sin costo para los contribuyentes. En un colapso similar de los bancos de ahorros y préstamos en los EE.UU. en los años 80, el costo total al estado fue masivo y nunca fue recuperado completamente, en efecto, actuando como un impuesto sobre las futuras generaciones.

Pero esta crisis económica actual ocurre con un trasfondo completamente diferente. Es de alcance internacional. La crisis del crédito – el taponamiento de las arterias del capitalismo – ¿será un ‘tiro en el brazo’ por los crecientes recursos prestados a las compañías e individuos? Esto no ha ocurrido por ahora. De hecho, el economista Nouriel Roubini cree que “el mundo está en severo riesgo de un colapso sistémico financiero global y de una severa depresión global”.

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