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Por qué es necesario aprobar la nueva Constitución

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por FNES Fundación Nueva Educación

En 1984, los partidos políticos opositores a Pinochet terminaron asumiendo la tesis de Patricio Aylwin al aceptar la Constitución Política de 1980: dejaron así de cuestionar su legitimidad para “abandonar las barricadas” acomodándose al modelo dictatorial impuesto para mantener esa postura hasta hoy y sumando a esa aceptación, la administración del capitalismo neoliberal por otros treinta y dos años.

Hacemos presente, que a lo largo de toda la historia nuestros gobernantes –con la sola excepción de Salvador Allende- despreciaron la voluntad y capacidad del pueblo, ignorándolo y excluyéndolo de las grandes decisiones nacionales, usurpando su soberanía de manera autoritaria para reemplazarlo por el concepto envolvente de la Nación, negándole al pueblo sus virtudes republicanas, conocimientos y experiencia histórica para ejercer un poder constituyente.

Por más de 200 años, la élite económica y política de Chile pudo usurpar y expropiar el poder constituyente al pueblo. Así fue necesaria la presencia del miedo que provocó en los sectores dominantes y en su casta política privilegiada la insurgencia popular del 2019, para que mostraran una disposición a sacrificar su Constitución Política; una carta redactada sin apuro y sin opiniones encontradas, por un grupo menor a una decena de golpistas a lo largo de siete años..

En noviembre de 2019, la casta política debió aceptar un proceso popular deliberativo como única forma de evitar un descontrolado derrumbe de su dominación. En esta salida de emergencia, los partidos que antes negociaron con la dictadura en los años ochenta, se dieron maña para no convocar a una verdadera Asamblea Constituyente, donde la ciudadanía ejerciera de manera directa y sin intermediarios el poder constituyente, entregándole a la Convención Constitucional un poder y un tiempo limitado y controlado. Sin embargo, a pesar de las dificultades impuestas, la ciudadanía de manera paritaria, con presencia de representantes de los pueblos originarios, de chilenos provenientes de todos los rincones y de todas las clases sociales, de todas las profesiones y oficios, provenientes de los variados movimientos sociales, y mayoritariamente independientes de los partidos políticos, asumieron la patriótica  tarea de escuchar, debatir y redactar la más representativa y democrática de las constituciones republicanas de nuestra historia y del mundo.

Luego de un año de esforzado trabajo -en especial de 117 convencionales-, con presencia de una acre oposición obstruccionista, racista y patriarcal de 37 convencionales de derecha-, se redactó una Nueva Constitución Política, para que el pueblo la Apruebe o la Rechace el 4 de septiembre, dejando en nuestras manos la posibilidad de poner término a 42 años de abusos, respaldados por una Constitución impuesta a sangre y fuego por la peor dictadura de la historia política de Chile, devolviendo y garantizando al pueblo los derechos que ésta y sus cómplices han puesto como mercancía en las endeudadas tarjetas de crédito. 

Las contradicciones, limitaciones, omisiones u otras falencias que pueda contener la Nueva Constitución, son perfectamente posibles de mejorar en las leyes que habrá que aprobar para hacer realidad sus postulados. Lo que hoy corresponde es valorar sus virtudes, que la muestran ética y moralmente superior a la de 1980, que arruinó la convivencia social y el cuidado de la naturaleza.

El texto de la Nueva Constitución es ecologista, reconoce el derecho de negociación colectiva para los trabajadores y convierte a Chile en un Estado Social de Derechos, demostrándose  muy superior a las constituciones anteriores de 1833, 1925 y 1980, impuestas por los sectores oligárquicos con apoyo militar, porque la que será plebiscitada en septiembre, fue elaborada por las y los representantes electos por los pueblos de Chile para abrir caminos históricos hacia una nueva Sociedad.

A la nueva Constitución le podrán faltar algunas cosas que la obstrucción de los reaccionarios impidieron, es cierto, pero de suyo, constituye un soporte político-jurídico e institucional para la conquista de los necesarios derechos sociales a consagrar. Tengamos presente que la democratización de las sociedades solo es posible por la lucha consciente de los pueblos en pro de sus demandas: el curso de la Historia no se detiene y nuestro presente está lleno de memorias. 

Así lo expresó, profética y esperanzadoramente el Presidente Allende al despedirse de su pueblo: “…Tengo fe en Chile y su destino, superarán otros hombres este momento gris y amargo… la Historia es nuestra y la hacen los pueblos… y… más temprano que tarde se abrirán de nuevo las grandes alamedas por donde pase el Hombre libre para construir una sociedad mejor”.

                                              Vota ¡Apruebo!

                                                                Julio de 2022.

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