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Perú: ¿Divididos perderemos?

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Por Gustavo Espinoza M.

Nuestra Bandera / Domingo 10 de agosto 2025  

Es un dicho común en sectores populares la frase aquella de “Unidos, venceremos”. Parodiando la realidad y tomando en cuenta lo que ocurre hoy en el escenario nacional, podríamos preguntarnos entonces acerca de la validez de la antípoda de esa expresión: ¿Divididos perderemos?

Ocurre que, cerrado el plazo para la inscripción de las alianzas electorales, la Izquierda ha dejado en claro, una vez más, su ostentosa debilidad. Por lo pronto, quedaron fuera de las alianzas los que podrían denominarse “partidos históricos de la izquierda peruana”, es decir, los Partidos Comunistas, ninguno de los cuales, hizo en su momento esfuerzos tangibles para lograr su inscripción directa y propia en  el registro electoral.

El que un PC decida no participar en un evento electoral, podría considerarse una táctica. O responder incluso a un análisis político y aún ideológico. Podría sustentarse en la idea que se trata de “comicios burgueses” y “carnavales electorales convocados por la clase dominante para distraer la atención ciudadana” y merecer por tanto la indiferencia de los comunistas y los trabajadores, y aún su repudio.

Después de todo, en su momento, Lenin llamó al Congreso el “establo parlamentario” y mostró por las Cámaras Legislativas un calificado y merecido desprecio. Pero eso fue sobre todo en 1906, después de la primera Revolución Rusa -la de 1905- ahogada en sangre en las barricadas de Moscú. 

Dos años después, en 1908, el mismo Lenin recomendaba participar en las elecciones de la Duma -el Parlamento ruso de entonces- y enfrentaba incluso la oposición radical de gentes que le eran muy cercanas, los “optovistas” liderados por Bogdanov e incluso Anatoly Lunacharqui, calificados revolucionarios de entonces y adversarios transitorios del líder bolchevique.

Para Lenin, participar o no en elecciones burguesas no era un tema de principios, sino una mera táctica, y respondía a consideraciones concretas, más que análisis teóricos. Pero igual, tenía que ver con el nivel de la lucha de clases y con el grado de fortaleza que había alcanzado la unidad, la organización y la conciencia de clase  del  proletariado.

En el caso peruano, y en el tema de la decisión de los PCs, ese análisis pareciera haber estado ausente. PR quiso participar y creó una suerte de “carta de presentación” -el Frente de Trabajadores y Emprendedores- pero pareciera que en el camino alguien les birló la organización naciente y se quedó con el membrete resolviendo con él unirse más bien a un “partido” de centro derecha liderado por Marisol Pérez Tello.

En el caso del PC, pareciera haber emprendido algunas iniciativas y dejarlas truncas por considerarlas quizá inviables, o tal vez excesivamente laboriosas. En todo caso, parecería sumarse a alguna de las candidaturas ya lanzadas, tal vez la que juzgue más cercana a los intereses de los trabajadores.

Lo real es que las dos alianzas “progresistas” que se constituyeron, dejaron fuera a los Partidos Comunistas. Y los otros ya inscritos irán “solos”. Si alguien quiere postular como “invitado” en alguna de esas listas podrá hacerlo con otro membrete y representación, y sin tener para nada en cuenta su verdadera filiación política, si esta existiera.

Por lo demás, las “alianzas” inscritas han dejado cabos sueltos: varios movimientos formalmente proclamados como “de Izquierda” -entre ellos “Juntos por el Perú”- quedaron fuera, y sueltos. Ahora ellos buscarán correr sus propias carreras y dejar en el camino a quienes no los tomaron en cuenta.

De ese modo, crecerán las propuestas “de izquierda” y se incrementarán las “alternativas” populares. Y eso, no le hará bien a nadie, salvo a la reacción.

Lo que se puede decir que quedó claro en este asunto de las “alianzas”, tanto las inscritas como las frustradas, es que estuvo ausente en ellas el tema ideológico y político. Sólo se tomaron en cuenta dos factores: el interés electoral colectivo (cuantos votos podremos alcanzar) y las aspiraciones personales de los dirigentes.

Aun así, se podría considerar la alianza mejor forjada, aquella que integró a Nuevo Perú y Voces del Pueblo, inscrita bajo la denominación de “Venceremos”. Aunque débiles sus componentes,  podría presumirse que la unidad los hará un poco más fuertes. En todo caso, sus integrantes hicieron un esfuerzo que tal vez valga la pena.

No obstante, todas las dificultades nadie podría decir que todo está perdido. No solamente porque en los predios de la derecha se vive un escenario de dispersión similar sino porque -además- ese segmento carga con la pesada mochila que implica Identificarse con el gobierno de la Boluarte.

Aunque hagan inmensos esfuerzos por subrayar que ella fue “vicepresidenta de Castillo” eso no convencerá a nadie. Son ellos los que la mantienen en el Poder y la digitan para que gobierne como lo hace dándole por completo la espalda al pueblo.

El Keikismo y sus aliados no podrá eludir la carga que eso significa. Y en su momento la ciudadanía, inexorablemente, les pasará la cuenta.  Fuerza Popular, Avanza País, APP, Somos Perú y hasta Perú Libre encontrarán una buena dosis de rechazo en cada ánfora en los comicios que se avecinan. No podrán evitarlo.

Y es que todos saben que detrás de las calamidades que agobian a los peruanos está la mano de Dina y los suyos que organizan incluso bandas delictivas integradas por jefes de la policía a los que repletan de beneficios y privilegios y que, aún encima de ellos, “siembran” armas y droga para encarcelar a inocentes justificando falsos “operativos exitosos contra el crimen”. 

Por ahora la derecha y sus voceros de solazan con las declaraciones de Gustavo Petro referidas al tema de Santa Rosa y la frontera con Colombia. Y usan el asunto para acometer contra el mandatario bogotano al que detestan porque es de izquierda y porque bajo su administración se condenó a Uribe. Además, porque rechaza a la Boluarte. En otras palabras, porque acumula “razones” suficientes para merecer el rechazo de los poderosos  

Curiosamente acusan al presidente colombiano de “usar” el tema para “desviar la atención de su pueblo”, pero ocultan la realidad; el régimen peruano usa artificialmente el tema para cambiar el escenario y que no se discuta la inseguridad ciudadana sino la necesidad “patriótica” de movilizar tropas y condenar a Petro, Y eso, con la complacencia, claro está, de la Prensa Grande y áulicos de siempre.

Em el colmo del ridículo los voceros de la reacción aseguran que Petro necesita aferrarse a este tema para “recuperar popularidad” dado que apenas cuenta con un 40% de adhesiones en tanto que registra un 60% de rechazo. Eluden que es justo al revés, porque es Dina la que cuenta apenas con un 2.1% de adhesiones y en cambio un 97.9% la repudia. ¿Quién necesita levantar este tema para ganar popularidad, entonces?

Por ahora, los pobladores de la isla Santa Rosa están agradecidos al presidente de Colombia. Gracias a él, Lima se acordó que eran peruanos y entonces se trasladó ministros, funcionarios y promesas para revertir la realidad y el estado de abandono que les agobia,.

Retomando el tema electoral, diremos que nada está perdido porque la batalla política aún está en sus inicios.

En última instancia, la unidad la harán las masas que resolverán lo que mejor les parezca. Lo que no es posible forjar “por arriba” habrá de construirse “desde abajo”. Y el pueblo sabe cómo hacerlo. 

 

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