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No preguntes por quien doblan las campanas

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Rafael Kries.

Esa frase tan conmovedora fue el epígrafe elegido por Hémingway a su libro sobre la Guerra Civil española. Mientras los países del agrupamiento antifascista se lavaban las manos, la coalición franquista con apoyo de Hitler y Mussolini desataba el 1er Holocausto de la 2a Guerra Mundial.

En las próximas horas o días presenciaremos un nuevo Holocausto en Ukrania. Las tropas están listas y los cuchillos afilados, y nosotros los televisores encendidos. Hoy vemos la misa en cama, los Domingos, denunciaba Victor Jara.

La angustia por este Holocausto en desarrollo en próximas horas no puede evitar traernos a la memoria ese asesinato en masa realizado por Busch contra Saddan Hussein. No se trataba en ese evento de encontrar armas de destrucción masiva, algo falsamente ridículo, ni tan siquiera de apoderarse de las reservas petrolíferas, algo obvio en el resultado. Era la realización de un viejo ritual de la cultura, en el que “el enemigo” es asesinado para exorcisar los males que sufre la tribu.

Hoy, ese viejo ritual religioso y de guerra, le corresponde realizar a Rusia y quien lo sufrirá será un segmente de ese propio pueblo eslavo, Ukrania.

Las explicaciones son obvias, la Otan ha violado sus compromisos intentando cercar a una potencia que prometió respetar e integrar a Europa. O incluso mejor es atribuir a la dirigencia rusa y Putin no acceder a tener de vecino proyectiles nucleares que de todos modos, todos tenemos sobre nuestras cabezas. Incluso puede argumentarse de la senectud de Biden o el origen en los Servicios Secretos de Putin.

Sin embargo la lenta acumulación de estupideces y agravios de la Otan, que de supuesta organización defensiva de Europa, la llevó hasta a combatir en Afghanistàn. O la persistencia de verse como potencia mundial de Rusia con intervenciones al igual que EEUU, en Medio Oriente, etc etc no son suficientes para explicar estos fenómenos que la Sociedad capitalista, en sus diversas modalidades, amplifica.

Hay acá un problema de fondo, que se reitera en ese malestar en la cultura, que nos denunció Freud.

Articulado un malestar estructural de orden geopolítico, cuyo fundamento son las trabas a los procesos de acumulación de capital, o de poder, que el propio sistema se genera, o en sus regiones, éste al igual que en otras estructuras alienadas de poder y dominio descarga su frustración y la tensión social en lo que pasa a ser su víctima propiciatoria.

Podemos descubrir y agregar otras razones y justificaciones, pero no olvides: cuando doblan las campanas, siempre están sonando por tí.

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