Inicio cultura y arte Moliere, 400 años del dramaturgo antisistema

Moliere, 400 años del dramaturgo antisistema

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Molière

(15 de enero de 1622, Rue Saint Honoré, París, Francia

17 de febrero de 1673, Rue de Richelieu, París, Francia)

Jean-Baptiste Poquelin, llamado Molière, fue un dramaturgo, actor y poeta francés, ampliamente considerado como uno de los mejores escritores de la lengua francesa y la literatura universal. Sus trabajos existentes incluyen comedias, farsas, tragicomedias, comédie-ballets y más. Sus obras se han traducido a todas las lenguas vivas principales. Considerado el padre de la Comédie Française, sus trabajos se interpretan con más frecuencia que los de cualquier otro dramaturgo actual. El gran mérito de Molière consistió en adaptar la commedia dell’arte a las formas convencionales del teatro francés –para lo que unificó música, danza y texto y privilegió casi siempre los recursos cómicos– y en luchar contra las hipocresías de su tiempo mediante la ironía.

Despiadado con la pedantería de los falsos sabios, la mentira de los médicos ignorantes, la pretenciosidad de los burgueses enriquecidos, Molière exalta la juventud, a la que quiere liberar de restricciones absurdas. Muy alejado de la devoción o del ascetismo, su papel de moralista termina en el mismo lugar en el que él lo definió: «No sé si no es mejor trabajar en rectificar y suavizar las pasiones humanas que pretender eliminarlas por completo», y su principal objetivo fue el de «hacer reír a la gente honrada». Puede decirse, por tanto, que hizo suya la divisa que aparecía sobre los teatritos ambulantes italianos a partir de los años 1620 en Francia, con respecto a la comedia: Castigat ridendo mores, «Corrige las costumbres riendo», tomada del poeta neolatino francés Jean de Santeul (1630–1697).

Molière apenas tuvo amigos y sí muchos enemigos. Se ha demostrado que su filosofía de fondo procede de Gassendi, como ya advirtió Voltaire. Una de sus pocas amistades fue el poderoso tutor del rey Luis XIV, el filósofo escéptico François de La Mothe Le Vayer, y es lo cierto que hay mucho escepticismo y pirronismo lamothiano cuidadosamente encubierto en Molière, como apercibió una violenta (y anónima) Lettre sur la Comédie de l’Imposteur.

Molière lleva a su culmen la comedia de costumbres y la comedia de carácter, aunque también utilizó los géneros de la farsa, la comedia de intriga y la comedia-ballet; para esta última trabajó solo con los músicos Jean-Baptiste Lully y Marc-Antoine Charpentier. Y aunque sus personajes están tomados del natural y son fruto de una cuidadosa observación de la realidad, son a la vez universales, tal como recomendaba Horacio; poseen siempre algún rasgo desmedrado y exagerado que constituye la raíz de su comicidad, de manera que el tema general de su teatro es moral y viene a reducirse a un ataque contra todo exceso: la demasiada franqueza de El misántropo, el desmesurado afán de quedar bien en sociedad de El burgués gentilhombre, el deseo inmoderado de atesorar de El avaro, la abundante piedad e hipocresía del Tartufo y, junto a esto, una defensa de la moderación y el equilibrio que propugnaba un sano clasicismo. Asume todas las unidades aristotélicas de acción, tiempo y lugar, y añade además la de estilo, por lo que su teatro es considerado una prolongación de la comedia clásica grecolatina. Pero la crítica lo ha interpretado de tres maneras: como un libertino, como un naturalista o como un maestro del sentido común, y es lo cierto que todas estas perspectivas confluyen en él y es difícil juzgarlo sin alguna de ellas. Por otra parte, su clasicismo hace que sea adaptable a cualquier ideología, estética o época antigua o moderna. Y, aunque Pierre Louÿs intentó probar ingeniosamente en 1919 que su obra la escribió en realidad Pierre Corneille, los argumentos del editor de sus Obras completas Georges Forestier y los estudios de estilística computacional, con seis métodos distintos de análisis, han dictaminado que solo Molière es el autor de sus obras; es más, Corneille es el autor que más se aleja de su lenguaje y estilo.

A causa del influjo que sobre Molière ejercieron las farsas italianas de la Commedia dell’Arte, sus obras poseen un abundante subtexto no verbal, por lo que requieren de actores muy formados que puedan garantizar una adecuada representación.

Utiliza el verso en unas obras y la prosa en otras, y recurre a todas las formas de comicidad visual, de situación y verbal; de este último tipo, usa la ambigüedad, la repetición, los apartes, el quid pro quo, los malentendidos, el diálogo de sordos, el elogio paradójico o irónico (en el Dom Juan, el valet Sganarelle hace un elogio del tabaco, mientras que su señor lo hace de la infidelidad amorosa y de la hipocresía), la antífrasis y las parodias, y logra armonizar diferentes estilos o registros en el mismo personaje jugando sobre todo con la hipérbole (los personajes principales son a menudo afectados por una manía que lleva al extremo de los grotesco o improbable, dando lugar a la comicidad), pero también con la repetición y la simetría. También recurre a la amphigouri o bernardina.

Y aunque en su época le reprocharon haber recurrido a un género considerado bajo y vulgar como la farsa, su amigo el clasicista Nicolás Boileau asistía a sus estrenos y reía en ellos de buena gana, aunque denunciaba en su L’Art poétique las disparidades de tono y lo que juzgaba debilidades en la obra de Molière.

La estructura reiterada de sus comedias se centra en el fallo único de un héroe, aislado en su delirio imaginativo (enfermedad imaginaria, avaricia, devoción, esnobismo, etc.), que causa problemas dentro de una familia y se convierte, según la convención literaria, en un obstáculo para el matrimonio de los amantes; en consecuencia, otra novedad, el carácter del personaje determina directamente la trama.

La vida de Molière se documentó desde muy pronto; ya Voltaire le escribió una temprana biografía, que acompañó con comentarios a cada una de sus obras. Hijo del tapicero real Jean Poquelin y de Marie Cressé, se atribuye a sus tíos (sin que esto sea seguro) la razón de su interés por el teatro, ya que a menudo lo llevaban a ver piezas representadas.

Perdió a su madre a la edad de 10 años (1632) y, aunque no parece haber sido particularmente afecto a su padre, vivió con él en un piso alto del Pavillon des Singes, en la calle Saint-Honoré, sita en un barrio pudiente de París; su padre se volvió a casar y enviudó de nuevo en 1636. Molière había iniciado estudios en 1633, a los once años, en el colegio jesuita de Clermont, actual liceo Louis-le-Grand, donde se codeó con la levantisca nobleza francesa, sometida con mano de hierro por el cardenal Richelieu, valido de Luis XIII, hasta 1639. Estudia derecho en Orleáns entre 1640 y 1642 y, una vez licenciado, se colegia, aunque solo durante seis meses. Por entonces frecuenta el círculo libertino del filósofo epicúreo Pierre Gassendi, Claude-Emmanuel Luillier, llamado Chapelle, Cyrano de Bergerac y Charles Coypeau de Assoucy.[4] Sustituye entonces a su padre (1642) en el oficio de tapicero del rey Luis XIII, y se relaciona con la familia de comediantes Béjart.

Pero ansiaba consagrarse solo a la farándula y el 30 de junio de 1643 Jean-Baptiste firmó con los Béjart el acta de constitución de L’Illustre Théâtre / El Ilustre Teatro. La directora será Madeleine Béjart, de la que andaba enamorado; inician un largo periodo de giras por provincias, sobre todo por el sur de Francia e incluso se presentan en París el uno de enero de 1644; el papel de Molière no consiste solo en actuar, sino en escribir farsas y desde 1644, ya con el sobre-nombre de Molière, incluso dirige la compañía.

Sin embargo el éxito se hizo esperar y, con suerte, solo cosechaban medianas recaudaciones con un repertorio de tragedias de Pierre Corneille y otros autores, además de farsas y pantomimas al estilo de la Commedia dell’Arte en forma de intermedios en las tragedias, a fin de atraer a todo tipo de público. Tras una racha de varios fracasos, la compañía llegó a acumular tantas deudas que el director Molière fue encarcelado varios días en 1645. Una vez en libertad, la compañía se fusionó con la de Charles Dufresne, protegido por el duque de Epernon, e hizo una gira por Nantes, Toulouse, Albi, Poitiers, Toulouse, Narbonne, Agen y Pézenas.

Entre 1645 y 1658 se fue formando como actor y dramaturgo; escribió esbozos de farsas así como sus dos primeras comedias, El atolondrado o los contratiempos (L’Étourdi ou les Contretemps), estrenada en Lyon en 1655, y El despecho amoroso (Le Dépit Amoureux). Pero lo importante fue que desde 1653 el poderoso príncipe de Conti, quien tenía un ala propia al lado de la de su hermano, el Gran Condé, en el Palacio de Versalles, y acababa de ser nombrado gobernador de la Guyena y el Languedoc, había empezado a proteger a la compañía, e incluso le había otorgado una pensión de 6000 libras en 1655.

Poco duró esta protección: de súbito De Conti se convirtió a una religiosidad católica intransigente, y el 20 de diciembre de 1656 les retiró no solo esa asignación, sino que se volvió enemigo por motivos morales de toda forma de farándula y espectáculo teatral; la compañía pasó a depender entonces del gobernador de Normandía. En Ruan Molière conoció a Corneille.

Al volver a París, protegido por Felipe I de Orleans, hermano del rey, interpretó ante Luis XIV una tragedia de Corneille, Nicodemo, que aburrió, y una farsa escrita e interpretada por él mismo, El médico enamorado, que divirtió, pero no se ha conservado. Molière lucía un gran talento cómico y su voz y mímica desencadenaron las risas. Pronto la compañía alcanzó una reputación inigualable en lo cómico con El desengaño amoroso y sobre todo con la primera de las grandes comedias de Molière, Las preciosas ridículas (Les précieuses ridicules, 1659), que consiguió un éxito enorme y confirmó el favor del joven rey Luis XIV hasta el punto de que este los instaló en un teatro estable en el Petit-Bourbon, en donde actuaban alternándose con la compañía italiana Scaramouche, así llamada por el tópico personaje cómico italiano vestido de negro.

En 1659 la compañía de Molière había sufrido una gran reestructuración: Charles Dufresne se retiró, Du Parc y Marquise se unieron a la compañía del Teatro du Marais, y entraron en la farándula La Grange, futuro editor de Molière, el célebre actor de farsas Julien Bedeau, apodado «Jodelet» por el personaje de Scarron, y su hermano L’Espy, así como Du Croisy y su mujer. Sganarelle ou le Cocu imaginaire / Esganarel o El cornudo imaginario (1660) confirma la buena fama cómica de Molière (fue su pieza más representada en vida del autor), quien, no obstante, no alcanza a competir con las compañías especializadas en el género trágico; en esta comedia creó el famoso personaje de Sganarelle, que recuperaría muchas veces en otras obras y al que siempre interpretó él mismo.[7] Sin embargo, el Petit-Bourbon fue derribado en 1660 para construir la columnata del Louvre y, después de un difícil invierno sin trabajar, en que las compañías rivales del Hôtel de Bourgogne y del Marais intentaron dividir la compañía de Molière haciendo a sus comediantes distintas proposiciones, todos permanecieron fieles y unidos en torno al comediógrafo. El rey los trasladó en 1661 al Palais-Royal o Palacio Real, donde el cuatro de noviembre estrena Les facheux con música de Lully y un éxito abrumador: 39 representaciones seguidas. Todavía intentó Molière destacar en la tragedia, y su canto del cisne en el género fue Dom García de Navarra, un fracaso del que se desquitó con el éxito de la comedia La escuela de los maridos, estrenada en junio de ese año en el lujoso palacio del superintendente Fouquet, quien caerá al poco tiempo y será sustituido por Colbert.

La muerte del cardenal Mazarino vuelve más fuerte el poder del Rey. El 20 de febrero de 1662 Molière se casó con Armande Béjart, hija de Madeleine, quien tenía unos veinte años menos que él. El mismo año abordó un tema poco corriente en su época: la condición de la mujer, y La escuela de las mujeres (L’École des femmes) fue un gran éxito. Pero el partido dévote o devoto y sobre todo su sociedad secreta, la Compañía del Santo Sacramento, protegida por la reina madre Ana de Austria, consideraban a Molière un libertino o descreído y temían la influencia que podría ejercer sobre el rey, sobre todo después de que Molière representara en Versalles entre el 8 y el 14 de mayo de 1662 y el 26 de diciembre La escuela de las mujeres, por lo que declararon obscena e irreligiosa esta obra. Además, la protección del Rey había despertado los celos en otras compañías teatrales y se chismorrea interesadamente, por ejemplo, que su esposa Armande no es sino la hija que tuvo con Madeleine Béjart.

Edmé Boursault, amigo de los Corneille, hizo representar en el Hôtel de Bourgogne Le Portrait du peintre ou la Contre-critique de L’École des femmes / El retrato del pintor o la contracrítica de La escuela de las mujeres, seguida de la triste Chanson à la coquille, obra obscena y ordinaria dirigida contra Madeleine Béjart y el mismo Molière.

Molière contraatacó ridiculizando a sus adversarios en La crítica de la escuela de las mujeres (La Critique de l’École des femmes), representada en agosto de 1663, y en el Impromptu de Versalles (L’Impromptu de Versailles), que lo fue en octubre. La guerra entre Molière y sus detractores devotos ha empezado y el Rey, de momento, pese a su favorable inclinación hacia el cómico, no interviene todavía. Por entonces ya estaba fraguando su Tartufo, y en 1663 representó los tres primeros actos ante el rey.

En 1664 se nombró responsable de las diversiones de la corte a Molière, e incluso el propio rey Luis y Henriette o Enriqueta de Inglaterra apadrinan a su primer hijo, Luis, que fallecerá unos meses después. Molière puso en marcha Los placeres de la Isla encantada y representó La princesa de Élide / La Princesse d’Élide, en donde mezclaba texto, música y danza y recurría a maquinaria escénica sofisticada.

Ese mismo año Molière concluyó su Tartufo / Tartuffe, donde denunciaba la hipocresía religiosa; Tartufo aparecía vestido de cura y con cilicio. El escándalo que se levantó entre los beatos fue de tal calibre que el rey prohibió durante cinco años la obra. A pesar de ello, Molière llevó a cabo algunas representaciones privadas y reescribió la obra dos veces al menos para sortear los reparos; esta pieza cuenta, pues, con un abundante subtexto.

El 15 de febrero de 1665 se estrena su obra Don Juan (Dom Juan), inspirada en El burlador de Sevilla, atribuida a Tirso de Molina, a través del Festin de Pierre ou Le fils criminel de Nicolas Drouin, llamado Dorimond (1659), pero solo llega a las quince representaciones, pues tras el cierre cuaresmal de los teatros el parti-do dévote presiona tan fuertemente a Molière que es él mismo el que no repone la obra. Se critica en ella la figura del libertino, que Molière conoce tan bien.

Fue Dom Juan, tras Tartufo, la comedia más censurada y perseguida de Molière. La obra no se repuso hasta 1677, y solamente en una versión expurgada y versificada por Thomas Corneille. En cuanto a su edición, hizo falta esperar al año 1683 para que un librero de Ámsterdam publicara el texto íntegro. En vez de «Dios» se ponía la palabra «Cielo» y en vez de «Iglesia», «templo». Sin embargo, la compañía recibe por fin el apoyo del rey, quien concede una pensión de 7000 libras a sus cómicos y la autoriza a llamarse «Compañía Real». El 14 de diciembre de 1665 estrena una farsa tradicional, El amor médico, pero Molière cae gravemente enfermo.

Estrena en 1666 dos obras maestras, El misántropo (Le Misanthrope) y El médico a palos / Le Médecin malgré lui. En El misántropo expresa su amargura tras separarse de Armande e introduce un nuevo tipo de necio, un hombre de elevados principios morales que critica constantemente la debilidad y estulticia de los demás y, sin embargo, es incapaz de ver los defectos de Célimène, la muchacha de la que se ha enamorado y que encarna a esa sociedad que él condena.

En los años siguientes Molière intentó desesperadamente reponerse de su tuberculosis, enfermedad entonces casi siempre fatal, y atravesó por periodos de recuperación y recaída. Aparte de que Colbert creó en 1666 un Consejo de Policía que aumentó la presión de la censura en todos los órdenes, tenía que lidiar además con una oposición reforzada a su teatro por parte del partido devoto: se aliaron contra él el príncipe de Conti, quien en un póstumo Trait de la comédie / Tratado de la comedia (1666) lo acusa de hacer caer al teatro en el libertinismo; Jean Racine, y el erudito François Hédelin, abate D’Aubignac, a quien todo el mundo hacía caso. Molière seguía actuando irregularmente, pero no dejó de escribir, y en diciembre de 1666 volvió a Versalles para estrenar su Ballet de las Musas y representar Melicerte y El siciliano, o El Amor pintor / Le Sicilien ou l’Amour peintre.

En 1667 sufre una recaída de seis meses, pero redacta y consigue estrenar la segunda versión del Tartufo bajo el título de Panulfo o El impostor; sin embargo el arzobispo de París Hardouin de Péréfixe convence al primer presidente del Parlamento para prohibir la obra al día siguiente de su estreno. No lo puede impedir el rey, porque está en la campaña de Flandes, y aunque Molière le pide su intercesión, no logra nada. En 1668 estrena dos obras menores con aparato: el 13 de enero y en el Palais Royal, Anfitrión / Amphitryon, que conoce 28 representaciones, y, el 18 de julio y en Versalles, Georges Dandin. Una nueva obra maestra es El avaro (L’Avare), estrenada el 9 de septiembre del mismo año en el Palais Royal. Al fin se levantó la prohibición sobre la tercera versión del Tartufo, que se estrena el 5 de febrero de 1669, en cinco actos y con final feliz, y alcanzó un enorme éxito: cuarenta y cuatro representaciones sucesivas, toda una marca o récord entonces. Se presenta ahí a la falsa devoción como la gran corruptora de las costumbres.

El padre de Molière falleció el 27 del mismo mes; el seis de octubre del mismo año Molière estrenó en el Castillo de Chambord El señor de Pourceaugnac.

No descansaban los detractores de Molière. En 1670 se estrena la comedia de un ilustre desconocido, Le Boulanger de Chalussay, tal vez un pseudónimo, destinada a difamar la vida privada de Molière y sus actores, Élomire Hypocondre, ou Les médecins vengués, donde el nombre del comediógrafo es fácilmente reconocible en forma de anagrama. Pero, como el poder del Rey se ha fortalecido, Molière, en comandita con el compositor Jean-Baptiste Lully, pasa a ser el proveedor de espectáculos para la Corte. Los amantes magníficos se estrena el cuatro de febrero de 1670 en Saint-Germain y El burgués gentilhombre el catorce de octubre en la Sala de los guardas del primer piso del Castillo de Chambord. Se trata de una comedia-ballet con música de Lully, donde se ridiculiza al rico e ingenuo comerciante Monsieur Jourdain, que aspira a ser recibido en la corte y es timado por un desaprensivo que lo embauca con falsas promesas, de forma que el futuro e ignorante caballero se prepara para ser recibido tomando clases de música, baile, esgrima y filosofía; se hizo tópica la escena en que monsieur Jourdain averigüa que está hablando en prosa sin saberlo. Después, el 24 de mayo de 1671, estrenó Los enredos de Scapin / Les Fourberies de Scapin. Comedias intrascendentes y apresuradas, como La condesa de Escarbagnas, y Psyché (escrita a causa de las prisas en colaboración con Pierre Corneille y Philippe Quinault) preparan Las mujeres sabias, una alta comedia de las mejores del autor, estrenada en 1672. Pero fallece la que todo lo fue para Molière (amiga, amante, socia fundadora antes que resignada suegra): Madeleine Béjart, y además muere a los pocos días de nacer su segundo hijo. Su última obra es El enfermo imaginario / Le Malade imaginaire, estrenada el diez de febrero de 1673 y lo cierto es que no tenía que esforzarse en representar el papel principal: sufrió un ataque agudo de hemoptisis en el curso de la cuarta representación, el 17 de febrero de 1673, y lo llevaron a su domicilio; su mujer no encontró un sacerdote que le diera la extremaunción y murió sin renegar de su profesión de actor, considerada inmoral por la Iglesia. Bajo la ley francesa de aquel tiempo, no estaba permitido que los actores fueran enterrados en el terreno sagrado de un cementerio. Sin embargo, la viuda de Molière, Armande, le pidió al Rey que su cónyuge pudiera tener acceso a un funeral normal «por la noche, y sin ninguna pompa ni cortejo». El rey accedió y Molière fue enterrado en la parte del cementerio de Saint Joseph reservada a los ahores o niños no bautizados.

https://es.wikipedia.org/wiki/Molière

Las preciosas ridículas: Se basa en unas damas muy ingeniosas que se entretienen en conversaciones y juegos de palabras. Las preciosas Magdelon y Cathos son dos mujeres jóvenes de provincias que han venido a París en busca del amor. Gorgibus, el padre de Magdelon y tío de Cathos, decide que deben casarse con un par de jóvenes eminentes. Las dos mujeres encuentran a estos hombres poco refinados y los ridiculizan. Después llegan Mascarille y Jodelet, dos jóvenes que pretenden ser hombres sofisticados y de mundo. Magdelon y Cathos se enamoran de ellos y al final se revela que estos dos hombres, Mascarille y Jodelet, son impostores, ya que son los sirvientes de los jóvenes que fueron despreciados y rechazados en un primer momento.

Tartufo: Orgón es un personaje bastante importante que ha caído bajo la influencia de Tartufo, un falso de devoto, que busca quedarse con todos los bienes de Orgon. De hecho, los únicos que no se han dado cuenta de la verdadera naturaleza de Tartufo son Orgón y Madame Pernelle, su madre. El mediocre y ladino Tartufo exagera la devoción y ha llegado a ser el director espiritual de Orgón. Este aventurero está tratando, además, de casarse con la hija de su benefactor, al tiempo que trata de seducir a la segunda esposa de éste, Elmira, mucho más joven que su marido. Una vez desenmascarado, tratará de aprovecharse de unas donaciones –firmadas– que Orgón le ha transmitido para tratar de echar a éste de su propia casa…

El misántropo: Creación singular para la época. Los personajes principales de la obra pertenecen a la aristocracia, pero su comportamiento no sirve, como en las tragedias clásicas inspiradas en las monarquías e imperios, para resaltar las virtudes de la nobleza. «El Misántropo» hace funcionar un salón aristocrático en donde se debate el juego de las apariencias o de la hipocresía. Alcestes, el enamorado atrabiliario, es un héroe ambiguo y, como todos los héroes, la invulnerabilidad de sus normas éticas se ve amenazada por el punto vulnerable de sus sentimientos amorosos. Un coro de intrigantes, fatuos, hipócritas, chismosos y vanos cortesanos actúa como contrapunto de Alcestes, y las figuras de Filinto y Elianta constituyen el puente de prudencia y sabiduría, como portavoces del propio Molière.

El médico a palos: Sganarelle y Martina forman un matrimonio que acostumbra reñir porque él es un leñador holgazán y presuntuoso. Por eso un día en que dos criados buscan a un médico que alivie a la hija de su patrón de una extraña enfermedad, Martina decide jugarle una broma pesada a su marido y les dice que en el bosque hay un médico con un carácter tan excéntrico que, para que confiese sus conocimientos, se le debe dar una paliza. Los criados siguen sus instrucciones al pie de la letra de tal forma que, cuando Sganarelle niega ser médico, lo tunden a golpes, provocando que él reconozca lo que ellos quieren. Al ser conducido a la casa de la enferma, Sganarelle descubre que la joven Lucinda no ha hecho más que inventar su mal para evitar que la casen con el hombre que ella no quiere; en realidad Lucinda ama a Leandro, un joven que no puede competir con la riqueza del otro pretendiente. Conmovido, Sganarelle promete ayudar a los jóvenes a escapar, pero con tan mala suerte que, cuando se descubre que los enamorados han huído, él es señalado como responsable, y condenado a morir en la horca. Finalmente el problema se resolverá cuando Leandro y Lucinda regresen a pedirle perdón a su padre, y a informar que Leandro acaba de recibir una herencia. La reconciliación es general, incluso Sganarelle perdona a Martina por la broma tan pesada que lo ha puesto al borde de la muerte, pero le advierte que a partir de ahora tendrá que aguantar sus recién descubiertos talentos como médico.

El avaro: La historia comienza con Valerio y Elisa hablando sobre cómo pueden obtener el consentimiento de Harpagón para casarse. Valerio se convierte en el nuevo sirviente de la casa para poder estar más cerca de Elisa. Cleanto también tiene sus propios problemas amorosos, está enamorado de Mariana – Ambos hijos quieren comunicar sus planes matrimoniales con sus padres. Cleanto se lleva una inesperada sorpresa cuando Harpagón (Su padre) anuncia que tiene pensado casarse con la misma joven.  Frosina, una mensajera se encarga de convencer a Mariana de que Harpagón es el ‘hombre perfecto’ para ella, la chica joven y honorable una vez que conoce a Harpagón se da cuenta que es el padre de su amado. A continuación ella siente un rechazo profundo por el viejo avaro y Frosina dándose cuenta del malentendido decide ayudar a los dos jóvenes. Al día siguiente Harpagón descubre que la cajita con sus doblones de oro ha desaparecido y el cocinero acusa a Valerio como venganza por los golpes que le había dado antes.

El Enfermo Imaginario: El enfermo imaginario es la última y una de las más geniales creaciones de Jean Baptiste Poquelin, Molière. En ella brilla, quizá como en ninguna otra, la vis cómica de autor francés. La burla contra la ignorancia de los médicos tiene aquí un tono demoledor, en la mejor tradición de la sátira; pero, al mismo tiempo, el retrato maníaco aprensivo, empeñado en estar enfermo a pesar de su vigorosa salud, va más allá de la caricatura para alcanzar el disparate, el absurdo, no exento de comprensión e incluso ternura, que enlaza con las formas más modernas de humor.

«La belleza del rostro es frágil, es una flor pasajera, pero la belleza del alma es firme y segura» –Moliere

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