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Los niños soldados de Yemen

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Por Adán Salgado Andrade

En pleno siglo veintiuno, la violencia, en forma de guerras, criminalidad, represión por parte de las mafias en el poder… y otras manifestaciones, sigue siendo la forma predilecta de “solucionar” los problemas.

Actualmente, hay varias guerras, una de ellas, la más cruenta, la invasión hecha por Rusia a Ucrania, la que no se ve cuándo pueda acabar, pues Rusia no contó con que los ucranios, apoyados por “occidente”, lucharían con todo, con tal de no permitir una fácil victoria de los invasores (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2022/03/la-muy-lucrativa-y-oportuna-invasion.html).

Otra guerra es la que se está llevando en Etiopía, entre grupos de poder, los que dominan la región de Tigray y la facción “oficial”, comandada por el señor Abiy Ahmed Ali, primer ministro de Etiopía, al que, por cierto, por haber terminado con el largo conflicto territorial histórico con Eritrea, le concedieron el Premio Nobel de la Paz en el año 2019. Absurdo premio, pues en estos momentos, promueve la guerra contra Tigray como única “solución”.

Un conflicto más, es el que sucede en Yemen, país árabe en donde se desarrolla una guerra civil, desde el 2014. En ese año, insurgentes Houthi, derrocaron al entonces presidente Abd Rabbu Mansour Hadi y se establecieron en la capital, pero una coalición de países, encabezados por Arabia Saudita, lanzó una campaña contra los rebeldes y restituyeron en el poder a Hadi. Se calcula que, desde entonces, han habido 233,000 decesos, y unos 131,000, se han debido a causas “colaterales” del largo conflicto, como hambrunas, epidemias y carencia de servicios médicos (ver: https://www.cfr.org/global-conflict-tracker/conflict/war-yemen).

Sin embargo, eso no ha impedido, la crisis humanitaria, que los rebeldes sigan empecinados en sus intentos por controlar todo el país, apoyados por Irán, e incorporen hasta a niños a la cruenta guerra, como narra el artículo “En Yemen, los niños soldados continúan reclutándose, a pesar de una promesa Houthi”, firmado por Samy Magdy (ver: https://apnews.com/article/politics-middle-east-sanaa-houthis-religion-5e62561f8070441412ed52d222c950e3).

Abre la nota una foto de un niño, Kalan, de doce años cuando fue reclutado, quien sostiene un rifle; su mano derecha, colocada en el gatillo, en tanto que la izquierda, cargando la parte superior del arma, dirigida hacia arriba, como apuntando a un objetivo. “Dos oficiales Houthi, reconocen que han reclutado a varios niños, algunos muy jóvenes, de 10 años, a pesar de que esos rebeldes prometieron que no lo seguirían haciendo”.

Por desgracia, no es la primera vez que se entrenan a niños para combatir en guerras, y tienen en sus manos un arma, antes que un juguete – o nunca lo tienen. En África, entre los grupos guerrilleros, es común que se recluten, incluso, contra su voluntad, niños. También, en Centroamérica, los grupos guerrilleros lo hicieron, como se muestra en la cinta “Voces Inocentes”, del 2004, dirigida por el cineasta mexicano Luis Mandoki, en donde la temática es, justamente, los niños que usaban, obligados, los guerrilleros que se levantaban contra las dictaduras en el poder de ese entonces (ver: https://en.wikipedia.org/wiki/Voces_inocentes).

Pero que esto, como señalo arriba, siga sucediendo en pleno siglo veintiuno, con los derechos de los niños más firmes, muestra lo retrógrados que siguen siendo ciertos sectores de la sociedad mundial.

“Los rebeldes, han reclutado cientos de niños, para colocarlos en los frentes, mientras dura la tregua lograda por la ONU, a pesar de que habían prometido no hacerlo, aseguran trabajadores de agencias de ayuda, militares Houthi y residentes. Los militares, refieren que los mandos duros dicen que no ven problemas, pues consideran que niños de 10 o 12 años, ya son hombres”, señala Magdy.

Pues es una redefinición de la hombría por parte de esos brutos, ya que, luego de la infancia, sigue la adolescencia, la que termina a los 17 o 18 años. Pero esos retrógradas, en lugar de fomentar las actividades propias de los infantes, imponen que “ya no son niños, son verdaderos hombres que deberían de defender su país contra la agresión de los sauditas y de los estadounidenses, deberían defender a la nación islámica”. Los oficiales que revelaron eso, lo hicieron con la condición de anonimato, pues “los castigarían muy duramente, si se enteran sus duros mandos superiores que andan criticando su posición”.

Los Houthis, usan los llamados “campos de verano”, en donde, “diseminan su ideología religiosa y reclutan chicos para pelear. Esos campos, se llevan a cabo en escuelas y mezquitas alrededor de la parte Houthi de Yemen, que abarca el norte y el centro del país, y la capital, Sanaa”.

Esos niños, a quienes forzadamente les imponen el uso de la violencia, en lugar de la razón, crecerán con traumas, deformados, recurriendo a la agresividad como “solución” a los problemas que enfrenten en sus vidas, si es que llegan a adultos, y no son asesinados en algún conflicto, en donde sus cuerpos queden a la intemperie, pudriéndose, porque sus superiores, ni siquiera se ocupen de sepultarlos.

Porque, en efecto, son los que más mueren, ya que “han fallecido casi 2.000 niños reclutados por los Houthi, entre enero del 2020 y mayo del 2021, de acuerdo con expertos de la ONU. Y también las fuerzas gubernamentales, lo han hecho, pero en menor escala. Esos expertos de la ONU, también dicen que más de 10,200 niños, han sido asesinados o mutilados durante el conflicto, pero no pueden precisar cuántos de ellos han sido combatientes”, señala Magdy.

Pues allí tienen, hasta las fuerzas “gubernamentales” reclutan niños a la fuerza, lo que demuestra que es una práctica común y que los niños, no son valorados, que se puede disponer de sus vidas como si fueran reses.

Supuestamente, en abril, se firmó un acuerdo para evitar que los niños fueran reclutados, “pero no se ha respetado”.

Dice Magdy que ni la UNICEF, ni oficiales Houthi, quisieron ser entrevistados, pero que “ a inicios de junio, un alto oficial Houthi, Mohammed, al-Bukhaiti, compartió un video de una visita que hizo a uno de los campos en la provincia de Dhamar. Muestra a varias docenas de niños en uniformes, en formación militar, declarando su lealtad al rebelde en jefe, Abdul-Malek al-Houthi. ‘Soldados de Dios, aquí venimos’, gritaban”.

Sí, seguramente los militares rebeldes firmaron el compromiso, sólo por protocolo, pero no lo cumplen. Y a esa temprana edad, es muy fácil alienar a los niños con tonterías de “grandes líderes” y “lealtad a la nación” y tantas otras lavaduras de cerebro. Como dije, deben de pensar que los niños son prescindibles.

Trabajadores de agencias de ayuda, confiaron a Magdy que han visto “mucho movimiento en los lugares en donde trabajan, de Houthis reclutando a niños, pues sus fuerzas se han reducido mucho, a los que enseñan a manejar armas y plantar minas explosivas, a cambio de raciones de comida y otros servicios, que son proporcionados por organizaciones internacionales”.

Claro, la necesidad de tener alimentos, en esta hambruna, o atención médica, lleva a los niños y a sus familias a aceptar que se conviertan en insensibles soldados. Pero algunos, seguramente, los más inocentes, no aprenden bien lo que es ser soldados y son los que primero mueren en los campos de batalla.

Las bajas han sido por el intento de los Houthis de apoderarse de la ciudad Marib, en poder de las tropas gubernamentales, las que han sido reforzadas con soldados y armas de la coalición saudiárabe, “pero los Houthis, desistieron de tomarla en el 2021, y ahora, quieren volver a intentarlo, reclutando niños masivamente”.

Es claro que no podrán hacerlo y será una carnicería de pobres infantes que, a esa edad, deberían de estar jugando, en lugar de guerreando.

El periodista yemení Abdel-Bari Taher, afirma que los guerrilleros se aprovechan de la tradiciones locales en las cuales, tener un arma es “sinónimo de hombría y orgullo”, así que si llegan y les ofrecen a los niños de las familias que les enseñarán a usar un arma y, mejor aún, les obsequiarán una, mucho mejor.

Como dije, esos niños se convertirán en violentas máquinas de matar al llegar a su vida adulta, si es que llegan.

Además, les condicionan a sus familias la comida y los amenazan con que, si no envían a sus hijos a los cursos religiosos y de armas que les imparten forzosamente, les retirarán sus raciones de comida.

Lo peor es que esa comida proviene de organizaciones internacionales de ayuda, y es gratuita. Me recuerda a lo que los priístas hacían, en sus tiempos del monopolio del poder, que condicionaban la ayuda a campesinos, por ejemplo, si no votaban por ellos o si un municipio, no ganaba por mayoría las elecciones.

A esos pobres niños reclutados, también les enseñan a limpiar armas y a lanzar cohetes con morteros.

No podrán armar rompecabezas o hacer cuentas o leer o escribir o jugar a los encantados, pero, sí, sabrán cómo disparar un rifle y matar al “enemigo”.

Contacto: studillac@hotgmail.com

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