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La bronca de los pueblos del Perú estalla nuevamente

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Dos años después de que, ante la destitución del presidente Martín Vizcarra por el Congreso peruano, estallaran

protestas exigiendo la renuncia del presidente instalado en su reemplazo; en el país hermano del Perú, la escena

se repite acrecentada.

Esta vez, con la destitución del presidente Pedro Castillo, luego de que éste, cercado por las acusaciones de

corrupción y los intentos de vacarlo por el Congreso, intentara cerrarlo, sin espacio legal ni político para

consumar su iniciativa.

Se trata de una hora crítica y tremendamente dolorosa, en la que no cabe sino compartir y solidarizar con la

indignación de los pueblos del Perú, contra un orden político y económico corrupto e inicuo, controlado por

mafias narco políticas y neoliberales, que han sometido el país a sus designios desde hace 32 años; que han

forzado a sus pueblos y a sus territorios a la más feroz sobreexplotación y depredación y que han descargado

sistemáticamente los costos de las crisis en las mayorías empobrecidas.

Se hace imperioso rechazar y denunciar el atropello a los derechos humanos con que las autoridades del Estado

peruano vienen enfrentando el legítimo derecho a la protesta y a la rebelión, de los pueblos del Perú. Las fuerzas

policiales y armadas del Perú no deben ser usadas para bañar en sangre nuevamente a sus propios compatriotas,
como viene ocurriendo. La declaratoria del Estado de Emergencia y de la inmovilidad social obligatoria no

detendrán la lucha de los pueblos.

El proceso aún incipiente de la unidad y organización más amplia de todos sus pueblos, de todos sus

movimientos sociales y territoriales, es hoy el obstáculo mayor para hacer del movimiento popular el actor

decisivo de cómo se zanjará esta coyuntura. Pero ese proceso se alimenta de estas luchas y tarde o temprano

brotará de allí la fuerza social, política y cultural que les permita disputar el destino histórico del Perú y abrir

camino a un auténtico proceso de cambio y superación del putrefacto orden narco neoliberal existente. Y, como

parte de ello, se instalará una Asamblea Constituyente, libre y soberana. Porque es imperativo refundar el Estado

peruano, levantar nuevas instituciones sobre bases éticas, de trasparencia y de soberanía popular y reconstruir la

convivencia sobre la base de un irrestricto respeto de los derechos humanos.

Manuel Hidalgo
MIREDES Internacional
Miembro de la Coordinadora Nacional de Inmigrantes Chile

Reproducido de El Trabajo

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