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Independencia para Puerto Rico: En el 183 aniversario del natalicio del maestro Hostos. Julio A Muriente del MINH reivindica desde la memoria histórica discurso pronunciado en el 137 aniversario del grito de Lares.

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He vuelto a releer este documento, precisamente hoy, aniversario 183 del natalicio del Maestro Hostos. Pienso que lo expresado y lo acontecido entonces podría tener alguna pertinencia para nosotros y nosotras en la actualidad. Por eso se los hago llegar para su consideración. Sino con otro propósito, para que cultivemos y fortalezcamos nuestra memoria histórica. Para que no olvidemos. Para que aprendamos de la vida vivida y de las experiencias tenidas. Para que re-afirmemos lo que de bueno y correcto ha habido en nuestros pasos y re-chacemos todo lo injusto y equivocado que debamos rechazar, en otros y en nosotros. Para que seamos mejores, como lo demandan la Patria y la Vida.

11 de enero de 2022
Julio A. Muriente Pérez


Discurso ofrecido por Julio A. Muriente Pérez, Co-presidente del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH), el 23 de septiembre de 2005, en el acto de conmemoración del 137 aniversario del Grito de Lares

Estimadas Compañeras:
Estimados Compañeros:

¡Bienvenidas y bienvenidos al acto del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano, en conmemoración del 137 aniversario del Grito de Lares!
Como todos los años, nos reunimos aquí, en la Plaza de la Revolución de Lares. Recordamos a los hombres y mujeres que en 1868 pusieron en alto el nombre de la Nación puertorriqueña.
Rendimos tributo a quienes proclamaron la Primera República y mostraron ante el mundo de la segunda mitad del siglo diez y nueve, que aún quedaban pueblos de Nuestra América por liberarse, y que esos pueblos estaban dispuestos a pagar la cuota de sacrificio que fuera necesaria con tal de alcanzar la libertad y la soberanía plenas.
No venimos aquí a desempolvar libros viejos de historia, o biografías de hombres y mujeres ilustres, o a volcar nostalgias y recuerdos del pasado.
Para nosotros aquel pasado—el de 1868—y este presente—el de 2005—son lo uno continuidad de lo otro, de la misma manera que el futuro se eslabona con lo que ha sido y con lo que es la vida de cada uno de nosotros y de nuestro Pueblo.
Es por eso que al llegar a Lares, venimos al encuentro viviente con Ramos Emeterio Betances, Manuel Rojas, Matías Brookman, Mariana Bracetti, Manolo el Leñero y todos los revolucionarios de Lares que lucharon contra el colonialismo español.
Si no se diera esa continuidad histórica por ninguna otra causa, baste el hecho de que prevalece en nuestros días—y desde hace un total de 512 años—la condición colonial contra la que se luchó en Lares en 1868.
De manera que Lares no es meramente una efemérides. Lares es punto de partida de un momento histórico en el que se cristalizó nuestra nacionalidad, la misma que ha ido nutriendo el esfuerzo patriótico de generaciones enteras de puertorriqueños y puertorriqueñas, en una ruta que se traza ya a través de tres siglos.
En este instante nos inspira de manera singular la figura de Ramos Emeterio Betances, el más extraordinario de los puertorriqueños, el más profundo y preclaro. La lucidez del Gran Laborante, su profundidad y compromiso tan humano como revolucionario con nuestra Patria y con otras patrias que hizo suyas, y que nosotros hemos hecho nuestras, mantienen hoy una extraordinaria vigencia. Su seriedad y rigor, si disposición a la unión de voluntades para hacer avanzar el objetivo sagrado de la independencia nacional, adquieren hoy una indiscutida pertinencia.
Es el Padre de la Patria, el inmenso Ramón Emeterio Betances, quien nos reclama hoy ese mismo rigor, esa misma seriedad de propósito, esa misma profundidad de compromiso, esa misma comprensión de que nos debemos al Pueblo del que somos sus modestos hijos e hijas.
Betances era de los que no evadía; era de los que enfrentaba situaciones cuando había que enfrentarlas, de los que asumía posiciones sin ambages; de los que andaba siempre con la verdad clara y limpia, era de los que sacaba de cada circunstancia un paso adelante para la causa libertaria, aun en situaciones que pudieran resultar deplorables y hasta indeseables.
Su honestidad se desbordaba; no toleraba la mentira, ni la hipocresía, ni el engaño. Su dignidad era tan alta como los picos más altos de las montanas más altas. Su humanidad era tan profunda como las mayores profundidades del planeta.
Ese Betances es hoy, aquí, en esta conmemoración del 137 aniversario del Grito de Lares, nuestro punto de referencia. Es el quien nos instiga amorosamente a ser firmes, y honestos, y profundos, y radicales, y dignos, si es que queremos gozar del respeto de nuestro Pueblo, y si es que aspiramos de veras a alcanzar alguna vez los grandes propósitos libertarios por los que han luchado generaciones enteras.
Esto que expreso en este instante no es un argumento retórico. No intenta ser parábola, ni metáfora, ni imagen abstracta. He de referirme a la realidad concreta, a los hechos concretos, como siento que lo haría Betances quien, en más de un sentido, nos acompaña jubiloso y esperanzado esta tarde en la Plaza de la Revolución.
Han sido dolorosos estos pasados meses, queridos compañeros y compañeras, en los que tanta palabra corrosiva e hiriente se ha cruzado entre independentistas, en los que tanta intolerancia y soberbia fratricida se ha manifestado, como si se tratara de enemigos irreconciliables.
No sólo ha sido deplorable lo que ha ido sucediendo, que ha llegado al colmo de traernos enfrentados a Lares.
Ha sido, ni más ni menos, una vergüenza ante los ojos del Pueblo que espera de nosotros tanto; de ese Pueblo para quienes somos, o debemos ser, esperanza y posibilidad de un País mejor.
De entre esa cadena de excesos provocados por algunos surge, no obstante, una dimensión de enorme importancia para el presente y el futuro de la lucha de independencia de Puerto Rico.
Más allá de los dimes y diretes, compañeros y compañeras, estamos ante un debate ideológico que debe tener significación trascendental para todos nosotros.
No se trata simplemente de lo que unos y otros pudimos haber hecho en las elecciones pasadas, ni del resultado de las mismas. No se limita a la pretensión que pueda tener alguno de adjudicarse roles de inquisidor del patriotismo, con prerrogativas de excomulgar a los infieles o expulsarlos del paraíso del independentismo. No es únicamente que algunos puedan haber caído en un proceso de negación que les impide reconocer sus limitaciones y carencias, optando en vez por echarle la culpa a todo el mundo por sus descalabros políticos y electorales.
Se trata del enfrentamiento de dos visiones, de dos identidades del independentismo. Se trata del encontronazo tan inevitable como necesario, después de todo, de dos maneras de entender qué, cómo y con quien se ira construyendo la ruta hacia la descolonización e independencia nacional de Puerto Rico en el porvenir.
Esas dos visiones se han venido enfrentando durante los pasados años, en diversos escenarios de la lucha por la justicia social y la independencia de nuestra Patria. Es evidente que la contradicción existente entre ambas visiones de lucha ha hecho crisis. Es desde esa crisis que debemos dar un salto hacia delante.
Una de esas visiones de la lucha, postula una concepción puritana, excluyente y marcadamente sectaria. La misma rechaza entendidos, acercamientos, coincidencias o alianzas con otros sectores de nuestra sociedad que no profesen una suerte de fe independentista como requisito indispensable. Esa visión excluye al Pueblo como protagonista principal de la lucha y le sustituye por un grupo minoritario de elegidos, de súper patriotas poseedores de la verdad absoluta.
Esa visión tan estrecha no tiene vocación de mayoría. En efecto, la consecuencia de su aislamiento del Pueblo es su empequeñecimiento hasta convertirse en algo insignificante. Termina siendo a lo sumo una expresión inofensiva, que en el caso de un partido electoral se mantiene con vida sólo gracias a los fondos y subsidios electorales gubernamentales.
Frente a esa visión carente de futuro, que ha ido quedándose atrás progresivamente, hay otra visión de la lucha, esperanzadora y profundamente diferente.
Es la visión que reconoce en el Pueblo, desde su amplitud y diversidad, al protagonista principal de las luchas por el cambio social verdadero, en Puerto Rico y en todo el mundo.
Es una visión que no reconoce mesías ni súper patriotas, sino que confía en los hombres y mujeres de carne y hueso, provenientes de toda nuestra sociedad, cargados de ideas y preocupaciones diversas, y con la voluntad común de forjar un Puerto Rico mejor.
Esa visión de futuro no teme, como no ha temido, unirse a aquellos con quienes pueda tener importantes diferencias, en aras de fortalecer una o más coincidencias, para crecer y avanzar.
Es una visión de futuro de un movimiento político y social que tiene vocación de mayoría. Que hoy es minoritario, pero que mañana, precisamente como fruto de ese proceso complejo de unidad y alianza desde la diversidad, será un movimiento mayoritario que nos conducirá a la independencia.
Esa visión de futuro se contempla en el espejo maravilloso de Vieques, en esa extraordinaria experiencia de unir a los que jamás hubieran imaginado que podrían unirse para luchar por una misma causa.
¿Cómo fue posible para una lucha en la que participaba activamente apenas un puñado de pescadores e independentistas, a un movimiento de Pueblo tan espectacular que ganó la atención y el respaldo del planeta entero?
¿No fue acaso y precisamente porque tuvimos la capacidad , la madurez y la voluntad de privilegiar en la unidad de propósito, porque reconocimos que cada uno y cada cual tenía una tarea que desempeñar y porque apreciamos y respetamos lo poco o lo mucho que cada uno pudiera aportar al objetivo grande de la paz para la Isla Nena?
Antes lo habíamos alcanzado en la Nación en Marcha, aquella gran manifestación que movilizó a decenas de miles de compatriotas de diverso signo político en julio de 1996, para denunciar las movidas de los anexionistas.
Asimismo se mostró la corrección de esa visión de amplitud y diversidad en la gran movilización del Pueblo en defensa de su patrimonio nacional, al ocurrir la venta de la Telefónica, hace varios años.
Desde esa gran amplitud, en la que cabe virtualmente todo el Pueblo puertorriqueño, se genera lucha ambiental y lucha sindical; y desde esa gran amplitud logramos movilizar recientemente a más de medio millón de personas en el plebiscito de la unicameralidad, en la peor de las circunstancias participativas.
Cuando miramos hacia fuera, hacia otros países, descubrimos que allí también la gran tarea es la de unir voluntades desde la diversidad, la de forjar movimientos amplios e inclusivos para avanzar. Y de esa forma se va avanzando.
La victoria electoral del Frente Amplio de Uruguay, la de Lula en Brasil, las victorias en la calle del pueblo boliviano, el fortalecimiento de la lucha del pueblo Sandinista en Nicaragua y la consolidación de la Revolución Bolivariana de Venezuela, son apenas los ejemplos más elocuentes de esto que decimos aquí.
¿Cuál es la clave, queridos compañeros y compañeras? ¿Cuál es la clave? ¿Cuál es, en pocas palabras, esa visión de futuro, la que nos conducirá a avanzar y crecer y triunfar?
La clave es que de una u otra forma, para alcanzar la independencia y la justicia social, cada puertorriqueño y cada puertorriqueña cuenta.
La clave es que frente a la fragmentación, el sectarismo y la exclusión, tenemos que promover la unidad, el diálogo y la concertación.
La clave es que lo más que existe entre los hombres y mujeres de este País son coincidencias y lo menos que existe son diferencias. Y que nosotros tenemos que privilegiar en las coincidencias y unir voluntades con quien sea, siempre que sea para beneficio de nuestro Pueblo.
La clave es que en Puerto Rico el patriotismo no es patrimonio exclusivo de unos pocos, sobre todo no es patrimonio exclusivo de los independentistas, sino que este país esta lleno de patriotas.
La clave es que, si importante es trabajar hacia la unidad del movimiento independentista, más importante aun es fraguar la unidad del Pueblo y la Nación, requisito indispensable para el cambio social.
La clave es que en este País no es un grupo minúsculo el que cree y afirma la Nación, sino que es la inmensa mayoría de nuestra gente la que ostenta orgullosa esa bandera, y se siente fascinada de saberse Nación antillana, caribeña y latinoamericana.
Hace varios años conversaba yo con un grupo de compañeros y compañeras aquí cerca, en San Sebastián y les preguntaba—con toda intención—que cuando había sido la última vez que habían conversado con algún popular o penepé sobre asuntos en los que estuvieran de acuerdo.
Me miraron extrañados y algunos me contestaron, ¿Por qué habríamos de hablar con esas personas sobre cosas en común, si esos son adversarios colonialistas, vende patria, anexionistas?
Ahí está, compañeros y compañeras, ahí esta la clave. El colonialismo, en su afán por prevalecer, en su obsesión de dominación y explotación , nos va deformando para que veamos en cada cual que no piense como nosotros a un adversario. Nos va llevando a que sólo notemos la diferencia y la convirtamos en discrepancia irreconciliable. Nos va conduciendo a la fragmentación antagónica como pueblo, haciéndonos más débiles, logrando que desconfiemos unos de otros, creyendo que el vecino penepé o popular es el enemigo a vencer, mientras el colonialismo, es decir, el gobierno de Estados Unidos y sus agencias, controla impunemente nuestras vidas.
Les invito a que hagan una reflexión detenida de ese compatriota que dice ser popular o penepé, de su situación social y económica, de su familia, de sus preocupaciones y necesidades, de sus aspiraciones y problemas. Descubriremos que detrás de esa diferencia partidista que nos fragmenta lo que existen son coincidencias. Que unos y otros, después de todo, somos muy iguales en nuestras realidades, en nuestros sueños y, sobre todo, que unos y otros merecemos por igual un País mejor, una vida mejor, un futuro mejor.
Que unos y otros nos enfrentamos por igual al azote de la violencia y la criminalidad, el deterioro de la calidad de vida, la inseguridad social y las deficiencias en los servicios de salud y educación; que unos y otros vivimos atormentados por el destino de nuestros hijos e hijas en esta sociedad deteriorada; que unos y otros aspiramos con la misma intensidad a ser felices.
¡Lo más que hay entre los puertorriqueños todos son coincidencias!
No se trata de meter debajo de la alfombra las diferencias, cuya existencia reconocemos, porque bien sabemos que tampoco es tan simple la cosa. De lo que sí estoy convencido es de que tenemos que privilegiar en las coincidencias si queremos crecer, avanzar y triunfar.
De lo que sí estoy convencido es que si tenemos vocación de mayoría, pero hoy somos minoría, esa mayoría del futuro surgirá de quienes hoy no piensan igual a nosotros. No porque nosotros tengamos la verdad agarrada por el rabo y esos otros estén absolutamente equivocados, no. Será porque de ese gran esfuerzo unitario, diverso amplio, irán surgiendo nuevos espacios compartidos, nuevas verdades compartidas, nuevas aspiraciones y propósitos compartidos, por el Pueblo, que es la mayoría.
Esa es, queridos compañeros, queridas compañeras, la visión de futuro de la lucha por la justicia social y las independencia nacional, en la que cada uno de los hijos e hijas de esta tierra tiene un rol que desempeñar, en la que prevalecerá el respeto a la diferencia y a la dignidad de cada cual, en la que no es un puñado de privilegiados sino nosotros todos, simples mortales, quienes echaremos a andar la lucha en este momento de nuestra historia.
Quienes se obstinen, quienes insistan en las formas viejas y fracasadas, quienes se empeñen en promover el sectarismo, la arrogancia, el puritanismo absurdo, el insulto, la mentira y la hipocresía, esos, si quieren, pueden seguir haciéndolo.
Eso sí, cada día serán más impertinentes. Cada día servirán menos a la causa de la independencia. Cada día serán más rechazados por el Pueblo. Cada día serán mas insignificantes. Y, más temprano que tarde, desaparecerán.
Vayamos con júbilo y esperanza hacia el futuro. Dispongámonos a servir al País aún más. Humildemente, unámonos al Pueblo al que pertenecemos. Concibamos en cada compatriota a Betances, y a Manuel Rojas, y a Mariana Bracetti, a Matias Brookman, a Manolo el Leñero y a los centenares de miles de hombres y mujeres que vieron en Lares una esperanza, hace ciento treinta y siete años.
Que esta ocasión nos sirva para crecer y madurar y avanzar. Regresemos a nuestros pueblos y a nuestras familias y a nuestros vecindarios convencidos de que hoy hemos crecido, de que hoy hemos aprendido, de que hoy hemos adelantado, de que el gran Maestro Betances nos ha ofrecido la lección indicada y de que nosotros habremos de cumplir.
¡Por Betances, habremos de cumplir!
¡Por Puerto Rico, habremos de cumplir!
¡Por Venezuela, por Cuba y por Nuestra América, habremos de cumplir!

¡Viva Lares!
¡Viva la Unidad de Nuestro Pueblo!
¡Viva Puerto Rico Libre!

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