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Gobierno Boric: ¿Todo cambia para que nada cambie?

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El Clarín de Chile

por Elena Rusca   25 Enero, 2022  

“No son 30 pesos, ¡son 30 años!” ha sido el lema de la revuelta iniciada el 18 de octubre. Desde allí empezó una lucha desde las bases, hasta que la “dignidad se haga costumbre”. Por eso, nacieron las asambleas territoriales y muchos  jóvenes fueron encarcelados. Se pensaba que otro Chile era posible, un Chile sin militarización en la Araucanía, con salud pública y agua potable accesible para todos. ¿Y ahora, adonde estamos yendo?

El Estado chileno y su Constitución son el resultado de intereses y acuerdos que tienen sus raíces en la dictadura militar, nacida bajo los planes de Estados Unidos y luego liderada por Augusto Pinochet.

Cuando a finales de la década de 1980 su gobierno dictatorial comenzó a perturbar éticamente los negocios y el libre comercio, la “transición a la democracia” pudo resolver este “malestar”. Lamentablemente, esta transición nunca ha podido incluir a los movimientos sociales que lucharon en contra de la dictadura.

¿Qué estaban pidiendo?

… Estaban pidiendo cambios. Los chilenos demandan pensiones justas, trabajos dignos, salud pública y educación gratuita. No solo se cuestionaba el Estado chileno y su Constitución, sino su modelo económico y político llamado neoliberalismo.

Estas protestas sorprendieron a la clase política. “Esta situación es reveladora de la escisión y  la  distancia  de  la  política para y con la  sociedad,  del “desacoplamiento” de lo social y lo político,  base  sobre  la  cual  se  organizó  la  transición  a  la  democracia,  que  excluyó  y subordinó a los movimientos sociales que lucharon en contra de la dictadura”, explicó Mario Garcés, historiador chileno, al principio del estallido social.

“Este fue de algún  modo el  resultado  de  la  adaptación de  la  centro  izquierda  (demócratas  cristianos, socialistas  y  del Partido por la Democracia)  a  la  Constitución  de  1980  (heredada  de  la  dictadura)  y  al  modelo neoliberal.  La  primera  adaptación a  la  Constitución  del  80 condujo a la “elitización” u “oligarquización” de la política; la segunda adaptación, al modelo neoliberal, condujo a la “mercantilización” de la vida social (y de paso a la colonización del Estado por los grandes grupos   económicos   nacionales   y   trasnacionales,   con   sus   reiterados   episodios   de corrupción).  En  este  contexto,  tanto  la  derecha,  por  razones  obvias,  como  la  centro-izquierda, se asimilaron a las lógicas neoliberales, mejoraron sus ingresos (especialmente los parlamentarios y  altos  funcionarios  públicos)  y  vaciaron  progresivamente  la  política  de contenidos  ideológicos”, nos contaba Mario Garcés en ese entonces.

Después del Estallido, el Acuerdo de Paz: el principio del fin

Imma Guerras-Delgado, líder de la delegación de las Naciones Unidas que viajó a Chile entre el 30 de octubre y el 22 de noviembre de 2019, fue muy clara el día que presentó a la prensa acreditada en las Naciones Unidas de Ginebra, Suiza, el Informe publicado por la delegación de la Oficina del Alto Comisionado (ACNUDH), acerca de los hechos ocurridos durante el Estallido: “el Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución es LA solución”.

Claro, y eso lo especificó ella misma, para que sea LA solución, tiene que ser “participativo e inclusivo”.

Sin embargo, los movimientos sociales que ya se habían expresado respecto al Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución, no lo definieron en ningún momento como inclusivo o participativo, denunciando de hecho la exclusión de ellos mismos en la decisión del texto.

Juanita Aguilera, presidenta de la Comisión Etica contra la Tortura (CECT), se había pronunciado al respecto de este acuerdo con esas palabras: “La derecha está resguardando a que nada se cambie. Todo eso lo hicieron a espaldas del movimiento social, nadie del movimiento social fue incluido en estas decisiones. Fue un acuerdo a altas horas de la madrugada, sacaron el comunicado cuando toda la ciudadanía estaba durmiendo, mientras la represión no ha parado”.

El nuevo gabinete del neo presidente Boric

“Espero que las élites dejen de tenernos miedo”, declaró Boric presentando a su nuevo gabinete. Esta frase fue utilizada por varios medios internacionales, que están pintando Boric nada menos como el “nuevo Salvador Allende”.

Sin embargo, como lo explica bien José Tomas Leturia, de la Asamblea Territorial Pasaje Navarrete, en su artículo por el Cabildo de Providencia, las élites no le tienen nada que temer a Boric. “Tengo la seguridad que las élites a quienes les habló el presidente electo no le temen a su nuevo gobierno y mucho menos a su nuevo gabinete, especialmente considerando que figuras clave del perfeccionamiento del modelo neoliberal son ahora ministros del nuevo Gobierno”, explica Tomas Leturia.

En su artículo, (No son 30 años, son 30 pesos) las élites no tienen nada que temer, José Tomas Leturia analiza los nuevos ministros:

  • Ministerio de Educación: Marco Antonio Ávila, profesor de castellano, es creador de contenido de Educar Chile, conocida Fundación que apuesta por la privatización de la educación. También es parte de Fundación Chile, la cual apuesta por el financiamiento estatal a privados y a la igualdad de trato entre lo público y lo privado. Dichas fundaciones promueven una Iniciativa Popular de Norma respaldada por Fundación Oportunidad, que pertenece a Andrónico Luksic (fuente Movimiento por la Unidad Docente).
  • Relaciones Exteriores: Antonia Urrejola, cercana al Partido Socialista, ha sido asesora de Luksic, de Agrosuper con la crisis en Freirina y se encuentra alienada con las políticas de la vetusta OEA, desde que fue jefa de gabinete de José Miguel Insulza. Su cercanía con las posturas de continuar y fortalecer las alianzas geopolíticas y comerciales con Estados Unidos pueden decantar en un descuido fatal para las instancias de cooperación internacional creadas por los propios latinoamericanos como UNASUR o MERCOSUR.
  • Ministro de Economía: Grau, fue uno de los principales artífices del giro a la derecha en las medidas productivas, económicas y comerciales con las que Apruebo Dignidad se presentó en los debates, arrepintiéndose por ejemplo de integrar en los directorios de empresas a trabajadores para no espantar al empresariado. Con Grau en Economía se modera también el ímpetu transformador que podrían exigir otros sectores o bien la génesis de lo que fue el proyecto de Apruebo Dignidad.
  • Hacienda: Mario Marcel, resulta ser una figura clave para dar tranquilidad al mundo económico y financiero. Impide por un lado el asedio permanente de inseguros y temerosos inversionistas y comerciantes (los grandes) que desde la colonia en Chile han buscado siempre las condiciones más cómodas para sus negocios.

“Este gabinete se incorporan una serie de personas pertenecientes al área de lo que fue la antigua concertación del antiguo partido por la democracia, unos más cercanos a la vieja concertación, otros más cercano al Apruebo Dignidad, muchos más cercano del centro político”, nos cuenta Sergio Grez, historiador chileno.

De todos estos ministros, lo de Hacienda es clave, nos explica Sergio Grez. “En Chile desde la dictadura, el ministerio de Hacienda es un cargo clave, porque orienta la política económica y social en general, porque de estos dependen muchos otros ministerios. Allí Boric ha nombrado a un personaje muy controvertido, Mario Marcel, ex socialista, que ejercía justo hace pocos días, el cargo de presidente del Banco Central. En este cargo, Marcel se ha hecho una fama de economista neoliberal, ya que el Banco Central, junto a lo del ministerio de hacienda, es una de la institución que vela por los equilibrios macroeconómicos. Por lo tanto, desde la izquierda, esta nominación ha sido una de la más criticada. El gran empresariado y la derecha, confirmando lo que digo, han aplaudido la nominación de Marcel en este cargo”.

En vista de este nuevo gabinete, que aunque sea compuesto de más mujeres que hombres y también de figuras como la nieta de Allende, tiene desafortunadamente en sus puestos claves figuras muy controvertidas, surgen normales algunas preguntas: ¿Será entonces realmente capaz de liberar a todos los presos políticos, de la revuelta y mapuche? ¿De poner fin a la militarización de la Araucanía? ¿De dar educación y salud pública? ¿De poner fin a la privatización del agua y de todos los recursos mineros?

¿Podrá ser la voz del pueblo que se levantó el 19 de octubre 2019, mejorar a Chile realmente, o solo transformar la punta de un iceberg con tintas de apariencia?

Elena Rusca, Ginebra, 24.01.2022

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