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El fin de un ciclo expansivo del capitalismo

El fin de un ciclo expansivo del capitalismo

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Patricio Guzmán,
Socialismo Revolucionario CIT – Chile.

Martes, 22 de enero de 2008.

‘Lunes negro en las bolsas mundiales’, todos los titulares de los principales diarios aluden a la caída del precio de las acciones en las bolsas de comercio. Estamos ante una caída de proporciones, en Europa la baja es de 7.3%, en los mercados emergentes (China, Rusia, Brasil e India) 6.4%, en Japón 3.9%, en México 5.3%, en Chile 5.0%. La gran incógnita esta mañana era cuanto caerían los precios de las acciones en EE.UU. porque ayer fue día feriado en Norteamérica. Dando claras muestras de la gravedad de la situación El FED, el Banco central norteamericano, recortó por sorpresa tres cuartos de punto la tasa de interés, dejándola en 3.5%, para impedir el desplome de las bolsas en EE.UU. Es la primera vez desde los ataques del 11 de septiembre de 2001, que la FED recorta las tasas de interés entre sus reuniones regulares.

Lo primero para entender la profundidad que están tomando los problemas económicos es la situación previa de la economía norteamericana. Sin duda la economía de EE.UU. tiene grandes reservas acumuladas para impedir una catástrofe inmediata similar a la de la gran depresión, a pesar de los cual se acumulan señales en el sentido que estamos ante el comienzo del fin del ciclo de crecimiento expansivo de la economía mundial.

La crisis de las ‘subprime’ que ya ha provocado desplomes de las bolsas mundiales, crisis y quiebras bancarias, una contracción del crédito, y amenaza ahora con una recesión en los EE.UU. e incluso mundial. Probablemente la recesión en los EE.UU. ya comenzó, lo que será confirmado por las cifras del trimestre económico cuando se den a conocer.
Los EE.UU. siguen siendo la primera potencia económica, además de militar y tecnológica. Sin embargo han pasado de ser el primer acreedor mundial a convertirse en el primer deudor mundial. Con un enorme déficit fiscal, que la política exterior de intervención militar ha contribuido a aumentar, y en paralelo un déficit permanente de su balanza comercial. Los llamados ‘deficit gemelos’. Si se tratara de otra economía, la tendríamos al borde del ‘default’ (cesación de pagos) y el FMI estaría interviniendo con sus conocidas recetas de austeridad fiscal.
Lo que mantiene el equilibrio de la balanza exterior, son las trillonarias reinversiones en bonos y otros activos de los principales acreedores de EE.UU., que son Arabia Saudita, China y Japón, y de otra parte la mantención de enormes reservas en dólares por los bancos centrales de otras economías, en tanto el dólar es la moneda dura internacional.Como consecuencia del déficit, el valor del dólar se ha estado devaluando durante años, proceso que parece se ha acelerado ahora. Un dólar en permanente devaluación pone en riesgo los dos mecanismos de reinversión y de atesoramiento que han permitido a una economía con grandes déficit mantener el equilibrio de su balanza exterior.
La perdida de valor de la moneda estadounidense, impulsa a los bancos centrales a diversificar las reservas a canastas de monedas, para disminuir la perdida. El mecanismo de atesoramiento, que permite a los EE.UU. exportar su inflación, a otros países está siendo inexorablemente debilitado.
“El reporte de la multilateral responsable [FMI] de mantener los equilibrios globales informó ayer que en un marco de incremento de las reservas monetarias globales, la estructura de tenencia de las mismas en dólares ha caído al 63,8% desde el 65% de participación que ostentaban estos activos en las reservas globales al término del segundo trimestre.
Importa saber que a comienzos de la década, esta dominancia de las reservas de los bancos centrales del mundo en dólares ascendía al 70% de las reservas globales.”[1]
Durante años ha sido la economía de los EE.UU. la gran locomotora de la economía internacional, como principal consumidor internacional. El permanente crecimiento – hasta ahora – de su economía, estuvo basado en el gigantesco consumo interno. Paradójicamente, desde los años 90 la tendencia de las remuneraciones laborales en los EE.UU. han tenido una tendencia a la baja – que se explica por la globalización neoliberal; baja del poder negociador de los sindicatos, deslocalización industrial y maquilas…, pero es entrar en otro cuento -, entonces, el crecimiento del consumo se financió vía endeudamiento, alimentado durante la era Greenspan con tasas de interés bajas.
El principal activo que tienen los norteamericanos para respaldar sus créditos de consumo son sus viviendas. Es muy popular solicitar una hipoteca sobre la casa, y luego una segunda. Aquí entramos al origen de la ‘crisis subprime’ actual.
Las instituciones financieras ganaron mucho dinero con los créditos hipotecarios. Todos querían participar de él y ganar su cuota en los intereses. El gran problema al dar un crédito es el riesgo que el deudor caiga en insolvencia y no pueda pagar.
Como en tantas martingalas, los ingenieros financieros creyeron descubrir mecanismos maravillosos que disminuían hasta que prácticamente eliminaban el riesgo para los acreedores.
Tomaron grandes paquetes de deuda, que dividieron en paquetes más pequeños. Con paquetes pequeños de diferentes fuentes, volvieron a armar paquetes grandes, y luego emitieron títulos transables de estos nuevos paquetes. Esto es lo que se llama ‘titularización’ o ‘securitización’. Son los títulos que constituyen los llamados mercados derivados.Lo que pretendían lograr era, desconcentrar el riesgo de un paquete de deuda particular y luego difuminar el riesgo mismo del conjunto de las operaciones hipotecarias, entre actores financieros e inversores de todo tipo, ávido en entrar en el negocio.
Los altos intereses a las hipotecas riesgosas, y la propia especulación por la demanda de las deudas titularizadas, hicieron crecer el precio de estos ‘derivados’ en los mercados.
Para mantener el negocio los montos de los créditos hipotecarios aumentaron cada vez más, y se hicieron a personas menos y menos solventes. Al punto que se crearon hipotecas para deudores NANJ (no assets no job – sin activos sin trabajo). En general las hipotecas de cobro riesgoso, castigadas con pagos más altos y por tanto en principio más rentables (si se cobran) se llaman ‘sub-prime’. Pero como en cualquier pirámide especulativa, necesariamente llegó el momento, en que una cartera muy importante de ‘sub-prime’ se desplomó.
Entonces se descubrió la dura realidad en el mercado hipotecario derivado internacional.La desconcentración y titularización, si bien es cierto que disminuye, en principio, el riesgo para entidades individuales, y lo difumina. No es menos cierto que el riesgo no desaparece, cuando la insolvencia es muy grande, produce un efecto multiplicador, porque afecta a muchos actores financieros e inversores.
Los mercados de inversiones funcionan sobre la base de la confianza y las expectativas. Una vez que los activos derivados entraron en crisis, provocaron una inmediata falta de confianza al estallar problemas en múltiples focos, y países, sin que nadie pudiera estar seguro de la profundidad del involucramiento de distintas instituciones. Más allá de EE.UU., en Gran Bretaña y Alemania ha habido quiebras bancarias, algunas detenidas por un masivo salvataje estatal.
El problema dejó de estar centrado sólo en las subprime, porque el efecto de crisis de confianza, provocó un inmediato enfriamiento de los créditos Inter.-bancarios y del crédito en general, lo que comenzó a llevar el contagio a las bolsa y a la llamada ‘economía real’.
Los menores créditos de consumo y el pesimismo influyen sobre la caída de la demanda de los consumidores.
Todo esto a su vez abrió las alarmas sobre una recesión internacional, que parte desde EE.UU. que es la economía más importante del mundo, y que por lo mismo tendrá consecuencias planetarias. Bush anunció la semana pasada un plan para estimular la economía que no convenció a los inversores por insuficiente, y al mismo tiempo profundizó la alarma al interpretarlo como reconocimiento por parte del gobierno de EE.UU. de las malas perspectivas.Las bolsas mundiales caen, porque muchos accionistas prefieren vender ahora y no esperar un desplome mayor, en caso de una recesión mundial.Los analistas todavía debaten cuan profunda será la recesión, pero casi nadie sostiene que no habrá recesión.Para la mayoría de los países latinoamericanos, especialmente para aquellos que han apostado a subirse al carro de la globalización neoliberal sin reservas, como Chile o Perú, lo que ocurra con la economía China y otras economía emergentes como India, es fundamental.La inflación que está de vuelta, ha golpeado el mito que los bancos centrales autónomos, independientes de las presiones políticas de los gobiernos, eran los responsables de la inflación baja. Las presiones inflacionarias, que son el resultado de las condiciones internacionales, hacen más difícil para los gobiernos latinoamericanos reducir las tasas de interés, el tradicional mecanismo monetario anti-recesivo, cuando la inflación ya ha afectado los precios de los alimentos y otros artículos de primera necesidad, en mayor proporción al alza de los índices promedio de precios.
China: ¿Una economía desacoplada?
Por ahora, el crecimiento capitalista Chino sigue muy robusto – alrededor del 10% – y con ello la demanda de materias primas y con poco valor agregado sigue muy alta. De hecho seguimos en un ciclo, que rompió con los llamados ‘términos de intercambio desigual’, que empobrecían a Latinoamérica estructuralmente, porque vendía mal y compraba caro de economías desarrolladas (la famosa tesis de la CEPAL y de neo-marxistas como Gunther Frank en su época). La tremenda demanda China ha alterado los mercados de ‘commodities’.Esto ha tenido gran importancia para América Latina, que tiene una composición tradicional de sus exportaciones basada en los ‘commodities’, es decir, mercaderías con poco valor agregado y sin diferenciación de marca.
Algunos analistas optimistas han estado afirmando que la economía mundial actual está desacoplada. Las evidencias de esto sería la firmeza de las bolsas chinas que siguen en auge del ciclo especulador y el crecimiento Chino que se mantiene.La esperanza de que la recesión sea leve, reside justamente en que las economías emergentes consigan desacoplarse del efecto de la recesión norteamericana.
El problema para ello, es que el principal mercado para China son los EE.UU. Se estima que el impacto directo de las exportaciones a EE.UU. en el PIB Chino es del 19%, si continúa con su ritmo de crecimiento actual, es posible que China desarrolle su propio mercado interno robusto, con gran capacidad de consumo. Pero de momento China no es ni remotamente autosuficiente, su enorme desarrollo industrial capitalista está basado en la inversión extranjera de los países desarrollados, la mano de obra muy barata (con poco poder adquisitivo) y la deslocalización de la industria del primer mundo. La inversión extranjera sin duda se reducirá ante una recesión, y los principales compradores también están en esos países (EE.UU. –Europa Occidental y Japón), por lo que necesariamente se reducirán los mercados de venta.

Si no se evita el efecto contagio serio en la economía China – y en menor medida India – los precios de los commodities, así como una serie de inversiones y proyectos de infraestructura gigantes asociados a esas exportaciones, se caerán. En ese escenario, sin duda las economías de América Latina, serán muy afectada.

La recesión será leve, lo que en mi opinión poco probable, si es que el impacto sobre China de la recesión norteamericana es menor. En este escenario, por el que apuestan los economistas capitalistas optimistas, seguiría existiendo un mercado formidable para las ‘commodities’, que aunque no puede reemplazar a los EE.UU. al menos impedirá la brusca contracción de los mercados internacionales.

Más allá de los planos estrictamente económicos, el fin del ciclo económico de crecimiento expansivo, aumentará la conflictividad social y política en todo el planeta. Incluso es probable que en los próximos años veamos levantamientos gigantescos en China y otros países asiáticos, al alterarse los precarios equilibrios sociales que se sustentan sobre la base de las promesas del crecimiento económico continuado.
La Jornada (méxico), Sábado, 29 de diciembre, 2007 – AÑO 9 – Nro.2773

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