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El calentamiento global, afecta el sueño

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Por Adán Salgado Andrade

El daño planetario, provocado por el irracional sistema de producción, impuesto por el capitalismo salvaje, es irreversible. Una de las consecuencias, es el calentamiento global, que está provocando graves consecuencias, como largas sequías – como la actual, casi mundial –, poderosos y más frecuentes huracanes, tormentas, deshielos de los polos y glaciares, devastadores megaincendios y otros efectos, todavía no determinados muy bien (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2021/08/la-crisis-climatica-es-irreversible-y.html).

De todos modos, la devastación y contaminación, están tan avanzadas, que existe un 50% de probabilidad de que alcancemos 1.5º C en el 2026, de acuerdo con la Organización Meteorológica Mundial (WMO, por sus siglas en inglés). Y si se sigue sin hacer nada realmente práctico, muy probablemente, alcanzaremos esa temperatura y más, (ver: https://www.weforum.org/agenda/2022/05/1-5-degrees-world-global-warming-wmo-reports).

Obviamente que la salud humana, también está sufriendo los efectos del calentamiento. La temperatura interna corporal es de 37º C. Una persona sana, la conserva hasta ciertos límites, principalmente dentro del rango de 14 a 22º C. Cuando la temperatura ambiente comienza a incrementarse, hasta el punto de empezar a ser calurosa, más de 25º C, nuestro cuerpo suda, pues, de esa forma, la temperatura corporal de 37º C, se mantiene. Expulsamos agua por los vasos capilares. Pero para que el mecanismo sea efectivo, el ambiente debe de estar seco, pues si está húmedo, el aire no puede absorber nuestro sudor y allí comienzan las complicaciones.

Pero, también, si sudamos demasiado, nos deshidratamos. Una persona promedio contiene unos 40 litros de agua y en un día caluroso, cuando el cuerpo se esfuerza por no sobrecalentarse, esa persona fácilmente pierde un litro de agua por el sudor cada hora. Cuando el cuerpo pierde un litro de agua, las funciones básicas comienzan a fallar (nos sentimos cansados, por ejemplo). Cuando perdemos cinco litros, la fatiga y el mareo comienzan. Diez litros menos, el oído y la visión se alteran y quizá la persona sufra un desmayo, condición que se conoce como estrés de calor.

En una situación así, ni siquiera tomar mucha agua ayuda, pues al subir la temperatura del cuerpo, éste trata de enfriarse bombeando más y más sangre a los vasos capilares bajo la piel. El corazón late más rápido, el pecho presiona y el pulso se eleva. Al perder el cuerpo agua, la sangre se espesa y es más difícil que circule. Cuando la temperatura corporal llega a 40º C o más, el metabolismo bajará a nivel de sobrevivencia, como medida de emergencia para deshacerse del calor excesivo. Eventualmente, los órganos vitales, no podrán resistir y el sistema neurológico comienza a colapsarse. A 40.5º C, el cuerpo está en serios problemas. El cerebro se hincha, ocasionando alucinaciones y convulsiones. Las pupilas se dilatan y se fijan. El cuerpo ya no suda y la piel se siente caliente y seca al toque. En ese punto, si la temperatura corporal no es bajada de inmediato, mediante medidas urgentes, tales como cubrirlo de hielo o sumergirlo en agua fría, la persona puede morir por golpe de calor. Y justo eso lo que les sucede a las personas que mueren por las altas temperaturas (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2019/10/el-toxico-y-mortal-calentamiento-global.html).

No sólo eso, sino que un estudio reciente, demuestra que también nos priva de sueño el calentamiento global, como expone Lauren Leffer, en su artículo titulado “El cambio climático, puede estarle robando su sueño”, publicado por el portal digital Gizmodo, en el que agrega que “datos de 68 países, muestran que noches más calientes, significan menos descanso, de acuerdo a un nuevo estudio” (ver: https://gizmodo.com/climate-change-sleep-loss-health-monitoring-wristband-1848962216).

Una muy curiosa foto abre el artículo, de una mujer que duerme plácidamente, junto al abierto refrigerador de la cocina. El pie de foto indica que “Gizmodo, no recomienda, tanto por la cuenta de electricidad, así como por otras razones, que se adopte esta estrategia para dormir mejor”. Muy probablemente, en días extremadamente calurosos, con sus respectivas noches, también muy calientes, algunas personas podrían llegar a esos extremos, sobre todo, si no se contara con aire acondicionado, el cual es ya vital para sobrevivir en lugares así, claro, siempre y cuando se cuente con un nivel económico suficiente para comprar los caros enfriadores de aire, así como para pagar las altas tarifas eléctricas que su uso, implica. De todos modos, el empleo del aire acondicionado, empeora el problema del calentamiento global, pues esos aparatos funcionando, emiten más aire caliente al exterior. Tan sólo en ciudades como Phoenix, Arizona, en Estados Unidos, durante las noches, la temperatura sube uno o dos grados centígrados más, por el funcionamiento de los miles de aires acondicionados, mientras la gente pernocta (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2019/09/el-fresco-aire-acondicionado-agrava-el.html).

Leffer anticipa que tantos problemas ocasionados por el calentamiento global, “son suficientes para privarnos del sueño, pero las ascendentes temperaturas, pueden dificultarnos el dormir, de acuerdo con un estudio publicado en el portal One Earth. Y como puede inferirse, la pérdida de sueño, es sentida de forma distinta globalmente, siendo los países más pobres, los más afectados”.

Está por demás decir que, en efecto, así es. En México, por ejemplo, en donde el uso del aire acondicionado es menos frecuente, sobre todo, en hogares de ingresos bajos, temperaturas de 30º C o más, hacen muy difícil conciliar el dormir. Recurrimos a un ventilador, a mojarnos, a abrir ventanas – con la molestia adicional de los moscos, prestos a chuparnos la sangre – y a dormir, con el mínimo de ropa, con tal de conciliar el sueño.

Usando datos de pulseras que miden el sueño, como relojes Apple (de entrada, fue algo elitista el estudio, podríamos decir), entre el 2015 y el 2017, se halló que durante los días y noches calurosos, “la gente se duerme más tarde y se despierta más temprano. En noches de más de 30º C, el sueño disminuye alrededor de un 14%, en promedio. Y con temperaturas de 25º C o por encima, una persona tiene una probabilidad de 3.5% de dormir menos de siete horas, comparando todo eso con una temperatura de 10º C”.

En efecto, sólo recuerden que en las noches “invernales” (en donde todavía se sienta frío, claro), arropándonos bien, basta para dormir mejor y, justamente, por el frío, es que se sienten menos deseos de despertar.

También, los científicos, mediante extrapolaciones, determinaron que, desde el 2010, la gente ha ido perdiendo, en promedio, 44 horas de sueño y 11 noches sin dormir, cada año, debido a las altas temperaturas. Estiman que, para fines del siglo 21 – si es que llegamos –, “se perderán 58 horas en promedio y habrá 14 días casi sin dormir, para los peores escenarios”.

El estudio actual, es más exacto, puesto que, como se señaló, se usaron relojes inteligentes de 47,628 personas, de 68 países. Otros resultados señalan que las personas sobre 65 años de edad, son las que menos duermen – aunado a que entre más edad, menos se duerme. También, que son las mujeres, las que menos duermen por las altas temperaturas y que en “países pobres o de medianos ingresos, sus habitantes duermen tres veces menos, que los de naciones ricas”. Como señalé, porque en países “ricos”, se cuenta con aire acondicionado, por ejemplo.    

Uno de los mitos que hallaron los científicos es que la gente se “acostumbra” al calor, pues, basados en los datos, “no parece que la gente se adapte al calor, luego de cierto nivel”.

Eso es cierto, pues por muy “adaptada” que la gente esté al calor, si éste sigue incrementándose, llegará un punto – más de 40º C, por ejemplo –, que no será posible soportar. Si ya, de por sí, mueren millones de personas al año, por males asociados con las altas temperaturas, los decesos se incrementarán al seguir aumentando el calor global.

Agrega Leffer que “el dormir poco, provoca que la gente sufra de muchas enfermedades mentales y físicas: desde depresión, hasta males cardiacos. Así que los efectos del cambio climáticos en el sueño, se traducen en efectos en la salud humana. Los minutos perdidos de sueño, podrían parecer no mucho, pero, acumulativamente, con el tiempo, podrían generar un negativo impacto”.

Aunque los autores del estudio reconocen que algunas suposiciones hechas para hacerlo, son sesgadas, “en general, pueden decir, que aunque pudo haber algunas subestimaciones, el problema real de la pérdida de sueño, incluso, puede ser mayor”.

Pero no es necesario que digan que tuvieron algunas fallas.

Sólo recordemos las calurosas noches, cuando de nada nos vale, estarnos moviendo sobre la cama, adoptando diferentes posturas, con tal de tratar de conciliar el sueño.

Contacto: studillac@hotmail.com

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