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Brasil – Amazonia. La mitad de los niños de las zonas rurales son anémicos

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Brasil

Entrevista con la bióloga Patrícia Torres

Amazonia. La mitad de los niños de las zonas rurales son anémicos. La importancia de consumir carne de caza

Hay una limitación de información para las personas respecto a la importancia de este consumo en la vida de las poblaciones ribereñas que hacen uso de estos recursos.

Patricia Fachin

Revista IHU, 5-5-2022

https://www.ihu.unisinos.br/

Traducción de Correspondencia de Prensa

Aunque la discusión sobre el consumo de carne de caza es todavía muy incipiente o casi inexistente en Brasil, el hecho es que la pandemia del Covid-19 ha hecho resurgir la preocupación por las enfermedades zoonóticas. Además de los riesgos existentes, la investigadora Patrícia Torres llama la atención sobre la desinformación y la falta de debate sobre el consumo de carne de caza en poblaciones para las que ésta es la segunda fuente principal de proteína animal, como es el caso de las comunidades ribereñas que viven en la Amazonia. «Cuando nos fijamos sólo en los riesgos de la fauna salvaje, acabamos por no contemplar un riesgo potencial mucho mayor, que es el de los animales domésticos tanto en relación con su cría como con la destrucción de los hábitats para la cría de estos animales. Por tanto, la deforestación es también un riesgo para la proliferación de enfermedades zoonóticas», reflexiona. Sobre los hábitos alimenticios de las poblaciones ribereñas que se alimentan de carne de caza, añade, éstas, «en general, están siempre desatendidas en relación con sus necesidades y sus formas de vida».

En la siguiente entrevista, concedida al Instituto Humanitas Unisinos – IHU, Patrícia Torres comenta la investigación realizada en una asociación entre el Instituto Leônidas & Maria Deane (Fiocruz Amazonia), la Universidad de Lancaster, del Reino Unido, la Universidad de São Paulo (USP) y la Universidad Federal de Pará (UFPA), con la participación de varios investigadores, entre ellos, Carla Morsello, y el coordinador del proyecto de investigación, Luke Parry, sobre la correlación del consumo de carne de caza y la concentración de hemoglobina en los niños que viven en zonas rurales y urbanas del Estado de Amazonas. Según ella, las pruebas empíricas del estudio indican la importancia del consumo de carne de caza en términos de salud.

Patrícia Torres es licenciada en Ciencias Biológicas y máster en Ecología por la Universidad Estatal de Campinas – Unicamp, y doctora en Ecología por la Universidad de São Paulo – USP. Al inicio del estudio, la investigadora  era becaria postdoctoral en el Núcleo de Altos Estudios Amazónicos – NAEA de la Universidad Federal de Pará – UFPA y actualmente es becaria postdoctoral en el Programa de Modelización de Sistemas Complejos de la Facultad de Artes, Ciencias y Humanidades de la USP. Investiga el uso y la importancia de la caza para las poblaciones rurales y urbanas de la Amazonia, haciendo hincapié en la seguridad alimentaria y nutricional y sus efectos en la conservación de las especies silvestres.

– ¿Cuál fue el estudio sobre el consumo de carne de caza de animales como roedores, tapires, cerdos salvajes, ciervos y pájaros, muy común entre los habitantes de los ríos del Amazonas, y la reducción de las tasas de anemia infantil? ¿Cuál fue la motivación de la investigación?

En este estudio investigamos si existe una asociación entre el consumo de carne de caza en los niños y la concentración de hemoglobina en su sangre. Utilizamos la concentración de hemoglobina como indicador de anemia porque es la medida más utilizada y factible de obtener en el campo, utilizando equipos portátiles. Así, no tuvimos que guardar ninguna muestra de sangre de los niños porque el resultado del examen se hizo in situ, teniendo en cuenta que estábamos trabajando en zonas completamente remotas.

La motivación de la investigación es el antiguo debate en la literatura sobre el papel de la carne de animales silvestres en la seguridad alimentaria, especialmente para las poblaciones que viven en los bosques tropicales o cerca de ellos y que utilizan este recurso. Aunque la literatura indica que la carne de caza es importante para la dieta de estas poblaciones, tenemos pocas pruebas empíricas al respecto, especialmente en relación con la seguridad nutricional y la salud. Por ello, la investigación pretendía investigar un indicador más directo de la salud, que era la anemia.

En cuanto a la anemia, hay otros estudios que relacionan la carne de caza con la seguridad nutricional de la población, normalmente comprobando cómo contribuye esta carne en términos de macronutrientes, como proteínas y grasas en relación con otros alimentos consumidos. Más recientemente, se han llevado a cabo algunos estudios en Brasil, uno de ellos específicamente en la Amazonia, sobre cómo la carne de caza podría contribuir en términos de micronutrientes. En nuestro estudio, partimos de lo que ya se discute en la literatura, que la carne de caza es importante para las poblaciones ribereñas por el aporte de zinc y hierro, y quisimos medir empíricamente si efectivamente existía esta asociación entre el consumo de carne de caza y algún problema de salud generado por la falta de estos micronutrientes, en nuestro caso, el hierro.

– En la literatura, ¿ya se conocía y se abordaba la correlación entre el consumo de carne de caza y la reducción de la anemia infantil? ¿Cómo se ha desarrollado el debate sobre esta cuestión en el país?

Hasta donde sabemos, hay un artículo que realmente estudió esta correlación entre el consumo de carne de caza y la reducción de la anemia infantil. Era un estudio más pequeño que el nuestro, en una comunidad de Madagascar, en la costa oriental de África. En ese estudio se incluyeron aproximadamente 60 niños de hasta 12 años de edad que vivían en zonas rurales. Nuestro estudio incluye a 600 niños, algunos de ellos de zonas urbanas, que también consumen carne de caza con una frecuencia diferente. Ese estudio descubrió una correlación entre el consumo de carne de caza y la concentración de hemoglobina: a mayor consumo de carne, mayor concentración de hemoglobina, lo que significa que estos niños tenían menos probabilidades de padecer anemia. Ese estudio muestreaba un consumo más prolongado que el nuestro, pero era una investigación local, en un contexto en el que el consumo de proteínas animales era en general bastante bajo. El contexto, por tanto, era diferente. Los niños de nuestra investigación suelen comer pescado y tienen un mayor consumo de proteínas animales que los de Madagascar.

Por lo que sabemos de la literatura, este debate no se hace en el país. Existe un debate sobre la gestión de los recursos, especialmente de los animales acuáticos en la Amazonia, en términos económicos. En materia de salud y en relación con la carne de animales silvestres, el debate no existe.

– ¿Puede darnos una visión general de la situación sanitaria de los niños que fueron evaluados por el estudio y de las regiones donde se llevó a cabo?

Nuestra área de estudio incluyó cuatro municipios del estado de Amazonas, que variaban en tamaño. Uno de ellos era de tamaño medio, con 60 mil habitantes, la mitad de los cuales vivían en zonas urbanas y la otra mitad en zonas rurales. Los demás municipios eran más pequeños, entre 12.000 y 20.000 habitantes aproximadamente. No hay acceso terrestre a ellos, sólo por barco, y en algunos de ellos hay aeropuertos para la llegada de aviones monomotores para unos pocos pasajeros. Básicamente, todo el transporte de personas y mercancías se realiza en barco. Los municipios varían en distancia desde la capital, Manaos. Los más cercanos están a unos 200 kilómetros por el río y los más lejanos están a hasta dos mil kilómetros. Estos municipios tienen un bajo Índice de Desarrollo Humano – IDH, carecen de infraestructuras en general y de acceso a los servicios públicos.

En cuanto a la salud de los niños -publicaremos un artículo sobre el tema, que está en revisión-, la anemia es frecuente. Según las pruebas que hemos realizado, la mitad de los niños de las zonas rurales son anémicos, especialmente los más vulnerables a la pobreza. En las zonas urbanas, la situación es ligeramente mejor, pero el nivel sigue siendo preocupante. En general, los niños deben tener problemas de salud superpuestos, dado el bajo nivel educativo de la población y el escaso acceso a los servicios de salud y saneamiento en estos municipios.

– ¿Con qué frecuencia comen los niños carne de caza?

Varía según la dieta, la ubicación y el contexto socioeconómico de cada hogar. Medimos el consumo de carne de caza en los hogares durante los últimos 30 días y, para tener acceso a los datos sobre el consumo de los niños, realizamos entrevistas con los cuidadores de los niños, generalmente las madres. Preguntamos si el niño había consumido alguna vez carne de caza y si la consumía habitualmente cuando estaba disponible en alguna comida en casa.

En las zonas urbanas, el consumo de carne de caza es menos frecuente que en las zonas rurales; menos de una vez a la semana, es decir, una media de 0,3 veces a la semana, mientras que el consumo en las zonas rurales es mayor, en torno a 1,65. El consumo varió en función de la pobreza de los hogares. Por lo tanto, dividimos nuestra muestra entre lo que llamamos hogares más vulnerables y menos vulnerables; para ello utilizamos dos indicadores, los ingresos monetarios y un índice de pobreza multidimensional. Los hogares más vulnerables a la pobreza tienden a consumir carne de caza con menos frecuencia que los menos vulnerables. Mientras que entre los más vulnerables el consumo medio era de una vez a la semana, en los menos vulnerables era de unas dos veces a la semana.

– ¿Qué ha demostrado su investigación sobre el uso y la importancia de la carne de caza para las poblaciones rurales y urbanas de la Amazonia sobre el consumo de este alimento y la seguridad alimentaria?

Más recientemente, los estudios se concentran en el consumo de carne de caza en las zonas urbanas, ya que anteriormente se concentraban más en el consumo de la población que vive en las zonas rurales. En general, tenemos pocas pruebas empíricas sobre la importancia del consumo de carne de caza para la seguridad alimentaria y nutricional. Consideramos que esta carne era importante en función del consumo o de su importancia en relación con otras fuentes de proteína animal, como por ejemplo cuál es la proporción entre el consumo de carne de caza y carne de pescado o de carne de caza y otras fuentes de proteína de origen doméstico.

En las zonas urbanas, como el consumo es menos frecuente, lo consideramos menos importante que, por ejemplo, para los habitantes de las zonas rurales. Pero sabemos que, incluso en las regiones urbanas, algunos hogares consumen y dependen más de la carne de caza que de otras fuentes de proteínas animales. Los hogares de origen rural cuyos cabezas de familia han emigrado a zonas urbanas tienden a consumir más carne de caza que los hogares cuyas familias no proceden de zonas rurales. Es importante señalar que los hogares rurales son más vulnerables en términos de pobreza y acceso a servicios como la educación y, por tanto, la carne de caza es más importante en estos hogares.

Con respecto a un indicador más directo de la seguridad alimentaria, todavía no tenemos estudios realizados en Brasil y en la Amazonia sobre la importancia de la carne de caza para la percepción de la seguridad alimentaria de las poblaciones. Estoy analizando algunos datos en relación con esto porque medimos la seguridad alimentaria a partir de su escala, pero todavía voy a analizar los datos en relación con la carne de caza. Así que aún no tenemos los resultados.

– ¿Cuáles son las principales confusiones o conceptos erróneos sobre el consumo de carne de caza?

Si pensamos en el público ajeno al contexto en el que se consume este tipo de carne, hay una limitación en la información de las personas respecto a la importancia que tiene el consumo en la vida de quienes hacen uso de estos recursos. En general, pensamos que el consumo de carne de caza es malo porque está relacionado con la caza excesiva, lo que llevará a una disminución de la población de estos animales y esto es malo para la conservación del medio ambiente. Falta información sobre la importancia real del uso de este recurso para las poblaciones. Cuando nos referimos a regiones como el Amazonas, pensamos en la conservación de la selva y la biodiversidad, y acabamos por no mirar a las poblaciones humanas que viven en esta región. Estas poblaciones, en general, están siempre desatendidas en relación con sus necesidades y sus formas de vida. En general, existe una falta de información sobre el modo de vida de estas poblaciones, lo que implica un desconocimiento de los recursos que utilizan, como la carne de caza.

En cuanto a la discusión sobre la zoonosis en la carne de caza, nuestro estudio aportó pruebas a un lado de la historia, que es reflexionar sobre la importancia de la caza en términos de salud. Lo que demuestra la investigación es que la carne de caza es realmente importante para esa parte de la población, que son los niños más vulnerables a la pobreza. Puede haber un equilibrio entre los riesgos y los beneficios de este consumo. Hasta ahora, vemos que los beneficios superan a los riesgos cuando se trata de consumir este tipo de alimentos.

Se ha puesto muy de moda abordar los riesgos a causa del Covid-19, un virus procedente de animales salvajes, pero hay que recordar que las enfermedades zoonóticas también proceden de los animales domésticos que se crían para la alimentación humana. Cuando nos fijamos sólo en los riesgos de la fauna salvaje, acabamos por no contemplar un riesgo potencial mucho mayor, que es el de los animales domésticos, tanto en relación con su cría como con la destrucción de los hábitats para la cría de estos animales. Así pues, la deforestación es también un riesgo para la proliferación de enfermedades zoonóticas.

En el caso del consumo de carne de caza, el riesgo dependerá mucho de cómo se manipule el animal. En China se ha puesto mucho énfasis en los mercados donde se mantienen animales vivos, en grandes cantidades, estresados, con especies distintas y muy próximas entre sí. En la Amazonia, hay comercio de carne de caza en las zonas urbanas, pero, en general, los animales no se venden vivos; la carne viene ya tratada para ser vendida. Por tanto, el riesgo de aparición de estas enfermedades es menor si lo comparamos con la realidad de los mercados chinos o asiáticos, en general.

La otra cuestión que hay que analizar es la importancia y el riesgo de estos animales para las poblaciones. En China, se discutió específicamente sobre el comercio de los mercados en las zonas urbanas porque hoy en día están orientados a la población que tiene mayor poder adquisitivo. Es decir, no se trata de un consumo dirigido a poblaciones vulnerables que no tienen otras fuentes de consumo de proteína animal, sino de un comercio de lujo, de venta de delicatessen, que no es el caso del consumo en general en nuestro contexto. De hecho, en las zonas urbanas hay un consumo de personas que compran una especie como manjar, pero es mucho mayor en las zonas rurales, donde el consumo de animales es la segunda fuente más importante de proteínas animales.

– ¿Quiere añadir algo?

Me gustaría destacar algunos puntos sobre las limitaciones del estudio y también sobre el trade off que tenemos entre la información más específica que pudimos recoger y nuestro interés en hacer un estudio que tuviera una escala mayor, como se hizo.

Disponemos de datos sobre el consumo de carne de caza por hogar procedentes de un muestreo transversal [en los análisis de datos transversales no se tienen en cuenta las diferencias temporales, que no son de gran importancia], en el que se muestrearon los datos una sola vez en el tiempo. Así que no tenemos datos longitudinales [medidas a lo largo del tiempo sobre los mismos datos], es decir, no tenemos datos de recuerdo de alimentos sobre la dieta del niño específicamente. Suponemos que el niño comió lo que se consumió en casa. En este sentido, es importante que los estudios que se realicen a partir de ahora traten de recoger datos más específicos sobre la alimentación del niño. Los estudios ya publicados sobre el contexto amazónico, similares al que nosotros realizamos, muestran que la localización intrafamiliar no tiende a ser diferente entre los miembros. Por lo tanto, creemos que no hay muchos errores en relación con los datos sobre el consumo de carne de caza, pero es importante hacer más estudios longitudinales que tengan una estimación más precisa sobre el consumo de los niños.

Lo que intentamos hacer -y lo que fue nuestro estudio a mayor escala en relación con la anemia y el consumo de carne de animales silvestres- fue mostrar un mayor número de municipios para mostrar igualmente los diferentes contextos, más remotos y más cercanos a la capital. Tomamos muestras de casi 60 comunidades rurales diferentes, además de los hogares muestreados en las ciudades. Mediante entrevistas, se utilizaron cuestionarios para recoger información sobre el consumo de carne de caza y las condiciones socioeconómicas de los hogares, como los ingresos y otras características que pueden estar relacionadas con la pobreza y la vulnerabilidad. También se recogieron datos sobre el estado de salud de los niños en el período reciente, si tenían paludismo, si se les diagnosticaron parásitos intestinales, cómo eran el saneamiento y el acceso al agua en los hogares, y la recogida de hemoglobina para indicar la anemia.

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