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Arturo Alessandri Palma, el ‘león’ de las anécdotas…

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Arturo Alejandro Muñoz

  • Con este mandatario iniciaremos una breve serie respecto de algunos Presidentes chilenos. No serán artículos o notas 100% ‘políticas’, pues la idea es ir contra corriente mostrando otras facetas de esos hombres públicos, las cuales, por cierto, escapan a veces de lo’políticamente correcto’. Alessandri Palma da el puntapié inicial. Ahí vamos.

NACIÓ en la huasa y sureña ciudad de Linares en diciembre de 1868. Descendiente de inmigrantes italianos, llevaba en su sangre la impronta latina de aquel pueblo de rancia historia. Estudió Derecho en la Universidad de Chile y con el título de abogado bajo el brazo ingresó de lleno a la vida política, habiendo participado como opositor al Presidente José Manuel Balmaceda en la Revolución de 1891, y lo hizo en su calidad de estudiante universitario escribiendo en el periódico ‘La Justicia’, un medio ‘congresista’ que se oponía a la administración de Balmaceda.

Muy joven aún, siendo miembro del Partido Liberal, fue elegido en 1897 diputado por Curicó y Vichuquén, manteniéndose en ese cargo durante largos años. Pero, en 1915 comenzó a concretar su máxima aspiración, ser Presidente de la República, retando al poderoso y acaudillado senador Arturo del Río por la elección en Tarapacá. Alessandri obtuvo el triunfo y pasó a ser conocido como “el León de Tarapacá”, mote que le acompañó por el resto de su existencia.

En 1920 alcanzó la Presidencia de la República derrotando en reñida elección a Luis Barros Borgoño y los Conservadores, elementos políticos que eran partidarios de mantener el ‘parlamentarismo’ que permitía la Constitución de 1833. No fue un gobierno fácil, ya que en 1924 abandonó La Moneda refugiándose en la Embajada de Estados Unidos ante una especie de golpe militar encabezado por el general Luis Altamirano, quien disolvió el Congreso.

Sin embargo, la administración militar fue un absoluto fracaso y la oficialidad joven efectuó un ‘contra golpe’, llamando de regreso a Alessandri (quien estaba en Europa) a objeto que terminara su período presidencial de cinco años. En esos tensos y arduos meses, nacieron el primer Código del Trabajo chileno, y la Constitución del año 1925, que se mantuvo vigente hasta que Pinochet impuso la actual, la de 1980, como modelo que ‘legalizó’ solidificando la antidemocracia y el binominalismo electoral.

Al Senado y a la Cámara de Diputados –ergo, al Poder Legislativo- los calificó como “la canalla dorada”, y aunque le asistía mucha razón para considerarlos de esa laya, la verdad es que él mismo terminó siendo tan “doradamente canalla” como sus opositores, a pesar de condolerse públicamente, una y cien veces en sus discursos y alocuciones,  por estar  viviendo en esa ·”casa donde tanto se sufre”, La Moneda, pero desde la cual era (y sigue siendo) posible extender alas personales de un poder permitido sólo por el sistema presidencialista.

Pero, en fin, no todo lo que brilla es oro ni lo que reluce es acero. En su segundo período presidencial (1932-1938), Alessandri Palma escribió una historia distinta, ya que su administración liberal fue responsable de la masacre de trabajadores salitreros en la oficina San Gregorio, la violenta represión en Ranquil y  la matanza de jóvenes nazis en el edificio del Seguro Obrero.

Al terminar su mandato, se integró como consejero en el Banco Central (que él había creado) sin abandonar del todo la actividad política.

No hay duda alguna que Arturo Alessandri Palma fue un personaje destacado de nuestra política criolla; orador de alcurnia, propietario de un genio ligero y un voluntarismo de hierro, protagonizando también anécdotas inolvidables. Y de eso va esta nota. He aquí algunas de ellas. 

CUATRO ANÉCDOTAS Y UN FINAL

1.- El presidente de un sindicato de trabajadores del salitre fue recibido por Alessandri en La Moneda. El dirigente expuso sus solicitudes luego de haberse explayado latamente respecto de las misérrimas condiciones en que debían trabajar los mal pagados obreros. El Presidente le escuchaba sin mayor interés y simulaba tomar nota garabateando sobre una hoja suelta. “Márchese tranquilo, amigo mío, porque daré instrucciones al ministro del trabajo para encargarse de este delicado asunto que es para este Presidente algo de la mayor relevancia”.

El dirigente sindical agradeció, y comenzó a retirarse de la sala caminando de espaldas y mirando siempre de frente al Presidente. Este, extrañado, le preguntó por qué se retiraba de esa forma, a lo que el dirigente respondió: “es que un senador del partido radical me aseguró que apenas yo le diera la espalda, usted iba a hacer gestos groseros manifestando de esa manera que todo lo que yo le pude haber dicho le importaba un comino”.

El rostro de Alessandri cambió de inmediato, ordenó al dirigente sindical que tomara asiento nuevamente, llamó a uno de sus secretarios para que tomara debida nota y le preguntó –esta vez con inusitado interés- al presidente del sindicato salitrero: “¿Cuál es su nombre, amigo? ¿De dónde dijo que venía? ¿Cuál es el problema gravísimo que desea informarme? ¿Quién fue el senador desgraciado que le contó esa mentira sobre mí?”.

2.- En la década de 1930, la Revista ‘Topaze’ –dirigida por Coke- ironizaba en sus inigualables caricaturas sobre el acontecer político a distintos personajes. En una de sus ediciones semanales, en la portada, Coke se refirió festivamente al Presiente Arturo Alessandri, el que no mostró alegría alguna por tal hecho.

Una mañana, paseando por la vereda norte de la calle Ahumada junto a su perro “Ulk” (un enorme gran danés), Alessandri divisó en la acera contraria a Coke. De inmediato, el Presidente cruzó la calle y le pasó la correa con que ataba a su can al primer transeúnte que se cruzó, y sin decir ‘agua va’ se lanzó sobre Coke dándole golpes de puño. Obviamente, el dibujante respondió a la agresión y los dos caballeros rodaron por el suelo mientras ‘Ulk’ ladraba que era un gusto.

Tres policías llegaron al lugar y separaron a los contendores. Grande fue la sorpresa de los agentes de la ley as al descubrir que uno de los ‘boxeadores’ era el Presidente de la República. “Excelencia, vamos a llevar a este señor (Coke) a la comisaría y a usted le acompañaremos a La Moneda”. Alessandri se zafó con disgusto del brazo policial, ordenando dejar libre a Coke porque “con este señor tenemos muchas cosas de qué hablar, y vendrá conmigo a la casa presidencial para tomarnos un té y arreglar nuestros entuertos como lo que somos, verdaderos caballeros”.

Dicho y hecho. Alessandri recogió a su perro, y tomando del brazo a Coke marchó junto al caricaturista tranquilamente por calle Moneda hacia la costa. “Pegai fuerte, viejo huevón, pero igual te ‘aforré’ un buen combo en el hocico”, dijo el Presidente. “A la mala, excelencia, a la mala”, contestó Coke. “A la mala, poh…tal como tú te permites burlarte del Presidente de la República en tu revistucha”.

3.- Como se sabe, Alessandri Palma era un gran orador y gustaba discursear sin pausas frente a multitudes enfervorizadas. Era un tribuno algo demagogo, pero efectivo. Consciente de su poder, siendo Presidente de la República, decidió encabezar la campaña parlamentaria de su tienda política ya que necesitaba urgentemente contar con mayoría en el Congreso. A bordo de un tren recorrió ciudades y pueblos entre Santiago y Chillán, deteniéndose en cada estación ferroviaria donde le esperaba una multitud anhelante por escuchar sus peroratas.

Al regresar desde Chillán a la capital, habiendo ya discurseado en cuanta estación existía en aquel trayecto, el tren tuvo que detenerse en Curicó para recargar carbón y agua, por lo que esa parada demoraría solamente algunos escasos minutos. No obstante, un enorme grupo de adherentes rodearon el último vagón exigiendo al mandatario pronunciar algunas palabras. Ni corto ni perezoso, Alessandri apareció en el descanso final del vagón dispuesto a hablar, pero el griterío era ensordecedor y, para colmo de males, el conductor del tren hizo sonar el silbato indicando que la máquina volvía a ponerse en marcha.

Desesperado por ambos hechos, Alessandri gritó a viva voz: “Tres palabras solamente, tres palabras solamente”. Pero la masa seguía vivando y chillando de alegría, impidiendo al Presidente imponer su voz por sobre el griterío general. Además, el tren comenzaba ya a moverse. “Tres palabras solamente, tres palabras”, insistía a grito pelado el mandatario, francamente molesto porque el gentío le impedía hablar.

La muchedumbre comenzó a bajar sus decibeles en el mismo momento que el convoy aceleraba su andar. “El León nos dirá tres palabras, amigos…guardemos silencio y escuchemos a nuestro Presidente”, voceó uno de los concurrentes que estaba en las primeras filas. “Tres palabras nada más”, insistió Alessandri, mientras el tren aumentaba su velocidad…y cuando hubo silencio suficiente (con el tren acelerando su andar), Alessandri, molesto hasta el tuétano por no haber podido discursear, gritó por fin esas famosas tres palabras: “¡¡Curicanos de mierda!!”.

4.- Ocurrió en plena campaña parlamentaria. Desde La Moneda Arturo Alessandri manejaba los hilos directamente a objeto de obtener una mayoría que le era imprescindible en el Congreso Nacional. Pero había una fuerte oposición conservadora, específicamente en provincias donde la clase agraria terrateniente se manifestaba definitivamente como la mayor enemiga del mandatario.

Un domingo en la mañana, Alessandri fue informado vía telégrafo que en la Plaza de Armas de Temuco un grupo no superior a veinte jóvenes –todos ellos hijos de conocidos latifundistas de la zona- se encontraban detenidos en la misma Plaza por las fuerzas policiales, ya que fueron sorprendidos armando escándalo contra el gobierno. En ese mismo momento el asunto era observado por numerosos feligreses que recién salían de la misa dominical en la iglesia principal de la ciudad.

Alessandri, furioso, dio la más extraña orden: “Bájenle los pantalones y ante el público que está presente denle unos buenos chicotazos a poto pelado a esos hijitos de papá, y después suéltenlos para que vayan a llorar sus vergüenzas a otra parte”.

Y así se hizo. Veinte jovenzuelos, hijos de ‘familias bien’, fueron zurrados por los policías, a calzoncillo quitado y frente a la comunidad temuquense. 

EL FINAL DEL ‘LEÓN’

El final no fue bueno. Por el contrario, resultó lamentable. Es que el segundo período presidencial del antiguo ‘León de Tarapacá’ se caracterizó por vacilaciones políticas, errores administrativos y, muy especialmente, por masacres que la Historia recogió como eventos deleznables. La primera de ellas fue la matanza de obreros en la oficina salitrera San Gregorio, luego vino la violenta represión en Ránquil y el último evento fue el asesinato de decenas de jóvenes nazis en el edificio del Seguro Obrero, meses antes de iniciarse en Europa la Segunda Guerra Mundial.

El año 1944, Alessandri regresó a la política como senador por Curicó, Talca, Maule y Linares. En 1950, siendo Presidente del Senado, falleció súbitamente de un ataque al corazón. Era la noche del 24 de agosto y llovía de forma inclemente sobre Santiago.

Sin embargo, lo que mucha prensa y sus seguidores han ocultado desde entonces, es que Alessandri falleció “en cama ajena”, pues se rumora que enterados oportunamente de su deceso, tres dirigentes del partido liberal –llamados vía teléfono por la afligida mujer- concurrieron de inmediato al domicilio de la desconocida dama que cobijaba al ex presidente para, en medio de la oscura noche y en total sigilo, trasladar el cuerpo inerte del mandatario hasta su propio hogar.

Allí llegaron los médicos, la prensa y sus propios familiares para velar religiosamente a quien fue, sin duda, una de las principales figuras políticas chilenas en la primera mitad del siglo veinte.

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