Open top menu
APEC, libre comercio y OMC

APEC, libre comercio y OMC

APEC, libre comercio y OMC

Humberto Campodónico

(publicado en el diario la República de Perú)

 

La puesta en marcha de tratados bilaterales de libre comercio, los TLC, se inició hace unos 20 años, con el TLC (NAFTA) entre Canadá, México y EEUU. La Unión Europea, que al principio era renuente a la firma de TLC bilaterales, también los adoptó. En nuestra región, Chile fue el primer país de Sudamérica en firmar un TLC con EEUU. Después vinieron Perú y Colombia.

¿Por qué los países prefirieron acuerdos bilaterales –y luego los TLC más grandes, como el TPP de 12 países– en lugar de negociar en la Organización Mundial de Comercio? Recordemos que de 1948 a 1995 hubo 10 rondas de negociación, lo que redujo fuerte los aranceles, facilitando e impulsando el libre comercio.

Hay varias razones, pero son dos las más importantes. En la OMC todos los acuerdos son por consenso. Si hay un país que se opone, la OMC queda paralizada. Es lo que ha sucedido con la última ronda, la Ronda Doha, que comenzó en el 2001 y está casi muerta.

La otra es que los países emergentes, cuya participación en la economía y comercio mundial ha crecido enormemente desde la II Guerra Mundial, son cada vez más conscientes de sus intereses, los que, en muchos casos, son distintos a los de los países industrializados (PI); por ejemplo en el tema agrícola (se oponen a los multimillonarios subsidios a estos productos por los PI, pues abaratan los precios artificialmente, lo que es considerado competencia desleal) y, también, en el tema de la desregulación completa a la inversión extranjera.

A esto se agrega la entrada de China a la OMC en el 2001, producto de sus nuevas políticas económicas y comerciales. Como la economía china tiene un carácter mixto, con participación importante del Estado al lado de empresas privadas, no rigieron las políticas de completa e inmediata liberalización y desregulación. Rige el proverbio “hay que cruzar el río tocando las piedras con nuestros pies”, lo que salvó a China de adoptar de golpe la apertura neoliberal, lo que sí hizo Rusia –con muy malos resultados– después de la caída de la URSS.

Impedidos los PI de imponerse en la OMC, recurren a los TLC, donde negocian con países más pequeños y logran los acuerdos OMC +, pues van más allá de lo acordado en ese foro. La enorme cantidad de los TLC firmados ha sido llamada “el plato de espagueti”, pues no se sabe donde comienzan ni donde terminan.

No solo eso. Los TLC rompen con el óptimo neoliberal de que los acuerdos multilaterales (OMC) son mejores que los bilaterales. En la OMC, la cláusula eje es la “Nación más favorecida” (NMF): cualquier rebaja arancelaria que haga un país, tiene que ser obligatoriamente otorgada a todos los demás.

Como eso no rige en los TLC, el argumento central para firmarlo (para países como los nuestros) es: si lo firmo, tengo acceso inmediato al enorme mercado del PI. Tengo además una ventaja con respecto a los países que aún no firman el TLC pues están fuera de ese mercado grande. Adiós al óptimo de la solidaridad comercial, chau a la nación más favorecida.

Aquí entran a tallar temas teóricos de fondo que van a ocupar la escena por muchos años. Uno es que el “libre comercio” tiene ganadores y perdedores.

Siempre. No todo “libre comercio” es bueno per se, como dicen muchos economistas. Si eso no se toma en cuenta, las protestas de los perdedores poco a poco se harán escuchar fuerte. Tampoco ha sido el “libre comercio” el impulsor central de la economía en los últimos años, pues ha compartido ese lugar con el crecimiento chino.

Otro tema son las innovaciones tecnológicas que hicieron posible la globalización: que la producción se haga en cualquier parte del mundo y que el mercado mundial reemplace al nacional. Se afirma que si una fábrica se va de EEUU y la gente pierde su empleo, no hay mucho por qué preocuparse porque habrá otra fábrica más moderna que la reemplace. Pero no es eso lo que sucede pues aun con mayor capacitación, hay empleos que nunca vuelven (ojo con los robots). Y los desempleados se quejarán, fuerte, a su Estado-Nación, sobre todo en elecciones.

Hay también un tema geopolítico en esta era de cambios en la hegemonía. Para Obama, el TPP (sin China) negociado en secreto (¿por qué?) debía diseñar las reglas de juego en Asia, de acuerdo a los intereses de sus empresas. Eso ya no parece posible. Entonces, ¿el área de Libre Comercio de los países de la APEC, propuesta ayer en ese foro, será la alternativa? Lo vemos difícil porque esa no es la política del candidato Trump, además de que en APEC sí está China, y también Rusia, que van a hacer valer sus intereses. Como en la OMC.

Ante esta situación, ¿por qué seguir insistiendo por los TLC “a puchitos”? ¿No sería mejor sacar a la OMC de la sala de cuidados intensivos? El “libre comercio” no avanzaría a la velocidad de la luz (lo que tampoco es bueno), pero sería más confiable y menos propenso a “políticas populistas y retrocesos proteccionistas” porque tomaría en cuenta las preocupaciones de todos y no solo aquellas de las grandes empresas, lo que es la causa de la enorme desigualdad hoy existente.

En todo caso, la discusión acerca de un nuevo tipo de globalización y libre comercio, que tome en cuenta a la gente, recién empieza.

Todavía no hay comentarios.

Nadie ha dejado un comentario para este post. Aun.

Leave a comment

A %d blogueros les gusta esto: