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A lobos y coyotes casi los extinguieron en EEUU a inicios del siglo 20 porque eran “plaga nociva”

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Por Adán Salgado Andrade

La historia de Estados Unidos (EU) está llena de vergonzosas infamias. Una de ellas fue el trabajo de los esclavos africanos, primordial para el desarrollo de ese país. Sin embargo, siempre los trataron con desprecio, incluso, hasta cuando fueron liberados (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2014/05/estados-unidos-y-el-aberrante-legado-de.html).

A la fecha, los afroestadounidenses están estigmatizados por los policías, los arrestan bajo cualquier “sospecha”, y son a los que más asesinan (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2020/06/racismo-y-brutalidad-policial-en.html).

De su fauna, el alce, antes tan abundante en lugares como Wyoming, fue casi extinto, pues se le cazó indiscriminadamente, no tanto para comer su carne, sino porque sus cabezas, con los altos cuernos, eran “preciados trofeos” (ver:  https://us5.campaign-archive.com/?e=fa90d7d342&u=6557fc90400ccd10e100a13f4&id=d02cb16947).

Y lo mismo sucedió con lobos, coyotes y otros “depredadores”, que los verdaderos depredadores, los blancos invasores, consideraron que ponían en peligro el “progreso” de EU. A inicios del siglo XX, durante la llamada “Era Progresiva”, las “autoridades” anunciaron un plan para exterminar a animales como coyotes, lobos y hasta osos, como comenta Dan Flores, en su libro Coyote America: A Natural and Supernatural History (La América de los coyotes: Una historia natural y sobrenatural), publicado por la editorial Machete Book Group, un extracto del cual ofrece el portal Delanceyplace. com (ver: https://us5.campaign-archive.com/?e=fa90d7d342&u=6557fc90400ccd10e100a13f4&id=f0e01797cb).

Dice Flores que en la mencionada Era Progresiva, que transcurrió entre 1901 y 1916, cuando fueron presidentes consecutivos los republicanos Teddy Roosevelt (1858-1919), William Howard Taft (1857-1930) y el demócrata Woodrow Wilson (1856-1924), asumieron que EU estaba en “pleno progreso”, y con tal de dar seguridad a sus rancheros y su crianza de ganado, estuvieron de acuerdo en que tales rancheros, no podrían solos con la tarea de “deshacerse” de los peligros que acechaban a sus vacas y toros, así que acabar con los coyotes, “era trabajo de federales y expertos que entendieran a los animales y que se estaban preparando para las tareas de exterminar masivamente a esas amenazas”.

Así que la primera medida para la “erradicación”, fue aprobada en 1914, “cuando el Congreso destinó $125,000 dólares para ser usados en los bosques nacionales del dominio público, para destruir lobos, coyotes y otros animales perjudiciales a la agricultura y a la cría de ganado y otras especies”.

Como se ve, no se analizó si esos “depredadores” eran o no útiles – claro que lo eran y siguen siendo – para el equilibrio ecológico. Los lobos y coyotes, eran depredadores de otras especies que, dejadas a su suerte, como ratas, comenzaron a crecer y expandirse, dando lugar a otros males. Pero era lo menos importante, pues la prioridad, era exterminar a las mencionadas “pestes”. Y se ve que fue un gran negocio, pues un dólar de entonces, equivaldría a 28.94 de hoy, así que esos $125,000 dólares, serían actualmente unos $3,617,500, destinados inicialmente para tan infame finalidad (ver: https://www.in2013dollars.com/us/inflation/1915?amount=1).

Así que se contrataron “trescientos cazadores en todo el Oeste, con la misión de estrenar una guerra federal contra cosas salvajes. Y en los siguientes dos años, el Congreso consintió en que se aceptaran fondos privados y de accionistas, así como de legislaturas estatales”, con tal de acabar con la “amenaza”.

¡Vean cómo los intereses comerciales, en este caso, de los rancheros, prevalecieron sobre la Naturaleza y su equilibrio! Sin más, tenían que extinguirse esas especies “dañinas”, sin importar las implicaciones que eso tuviera en la biodiversidad y el equilibrio ecológico.

Señala Flores que la frase del poeta inglés Alfred Lord Tennyson (1809-1892), “Nature, red in tooth and claw” (La naturaleza es roja en dientes y garras), tomaba consistencia, pues es una “referencia al mundo natural, que a veces es violento, en el cual, animales depredadores, son insensibles cuando matan a sus presas y cubren sus garras y fauces con su sangre, mientras las devoran” (ver: https://www.phrases.org.uk/meanings/red-in-tooth-and-claw.html).

Así, los estadounidenses de la clase media, en nombre del progreso, abrazaron la causa de arrasar con los depredadores. La Biological Survey (encuesta biológica), un engendro federal “científico”, fue la que determinó que esa era la “solución” e, incluso, la Audubon Society – organización dedicada a proteger pájaros y los sitios que requieren – estuvo de acuerdo con esa sandez.

No sólo eso, sino que se mencionó que el “beneficio adicional” era también para los cazadores “deportivos”, pues al deshacerse de lobos, coyotes y osos, “crecería la población de venados y de alces, para que esos cazadores tuvieran más presas. Fue un “toque maestro”.

Los tramperos que vivían de las pieles de lobos y coyotes desde tiempo atrás, “no acogieron con gusto la campaña, pero por eso, el gobierno federal, incorporó a todo tipo de cazadores, fabricantes de armas y agencias estatales de caza y pesca, para que se apoyara la idea y los que se opusieran, no tuvieran otro remedio que aceptarla”.

Debió ser una pesadilla para los pobres lobos, coyotes, osos, leones de montaña y otros “depredadores” – se incluyó todo tipo de carnívoros “nocivos” en la campaña– ser eso, un animal calificado como nocivo.

No tuvieron escapatoria, pues mataban a adultos y cachorros por igual, fueran hembras o machos. Y al haber incorporado a cazadores de todo tipo, se volvió una popular y tradicional “sana costumbre” que hasta la fecha persiste. Muchos “dedicados” padres de familia de EU, actualmente, en lugar de enseñar a apreciar a sus hijos la vida de los animales silvestres, les enseñan a usar armas y cómo cazarlos con éstas. Y es un “deporte”, la infame cacería de pobres, indefensos animales silvestres, muy extendido entre insensibles, asesinos estadounidenses (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2020/11/estadounidenses-solicitan-mas-licencias.html).

En la cinta Ghost Dog: The way of the Samurai, de 1999, dirigida por Jim Jarmusch, el personaje principal, Ghost Dog (Forrest Whitaker), que es un asesino a sueldo, en una de sus misiones, se encuentra con unos cazadores que recién habían abatido a un gran oso gris. “Ya no se ven muchos de estos cabrones por aquí, señor”, le dice uno de ellos. “¿Y por eso lo mataron, porque ya no hay muchos?”, los cuestiona Ghost Dog. Uno de los tipos se impacienta y amenaza a Ghost Dog con su rifle y le dice que se “encargue de sus propios asuntos, amigo”. Ghost Dog hace como que se va, pero, hábilmente, saca sus pistola y dispara a los cazadores, matando a uno instantáneamente. Al otro, al que lo amenazó, que hirió en una rodilla, se le acerca. Éste, le dice que si les disparó por el oso, “son animales que a nadie le importan”. “Pero a algunos, sí nos importan, señor”, le replica, molesto, Ghost Dog, antes de matarlo también. Es una muy leve crítica, supongo, de Jarmusch a todos esos insensibles depredadores humanos con rifles de cacería.

Volviendo al texto analizado, se incluye una foto, del año 1905, en donde soldados muestran, orgullosos, una piel de lobo, año en que todavía no era obligatorio matar lobos. Seguramente eran preciados tesoros, pero cuando ya se aceptó asesinarlos masivamente, debió de perderse el interés.

Los burócratas pertenecientes a la Biological Survey, al seguir sus “investigaciones” sobre cómo matar masivamente a los depredadores, llegaron a la conclusión de que la “solución” sería el envenenamiento masivo. Comenzaron a producir tabletas de estricnina, lo que se denominó “fría e insensiblemente el Eradication Methods Laboratory (Laboratorio sobre métodos de erradicación), agencia para asesinar animales, que se mudó a Denver (Colorado) en 1921, para perfeccionar los mejores y más eficientes depredacidas. Esos químicos e investigadores, vieron premiados sus esfuerzos, con buenos salarios, que les permitían vivir cómodamente, comprando casas, radios, lavadoras y todas las últimas tecnologías de esa década. Mientras tanto, sus productos, destruyeron a los animales silvestres de EU, que eran el vital fundamento de una ecología que había evolucionado y perfeccionado a lo largo de 20,000 años. Esas víctimas, no eran importantes”.

Muy irónico cómo refiere Flores que eran “premiados” los esfuerzos de tanto inconsciente ecocida. El método que se ideó para el envenenamiento masivo fue que se colocaban cebos de carne y grasa en puntos “estratégicos”, en donde lobos, coyotes y otros “depredadores” acudían. Como ya había autos, fue posible establecer varias “estaciones de cebos” en largos trayectos. Una vez que se acostumbraron las potenciales víctimas a tener comida “fácil”, se llevaban caballos que “sobraban” a esos sitios – eran las víctimas colaterales – los asesinaban, se rellenaban de tabletas de estricnina y se rodeaban de cubetas de grasa y carne, también envenenados y, listo, comenzaron a morir por cientos.

Uno de tales “especialistas”, fue el asesino de coyotes Stanley Young quien, gracias a sus técnicas de envenenamiento, “descubrió que con estricnina fue posible asesinar a 350 ‘lobos de pradera’ (coyotes) en las montañas de Sacramento, de Nuevo Mexico, y en el Gran Cañón de Arizona. Y le era posible rastrearlos, ya que se retorcían por las mortales convulsiones y su cola quedaba vertical, sobresaliendo de la nieve que cubría sus cadáveres”.

Igualmente, la exterminación se aplicó en el parque nacional Yellowstone, “en donde, se habría supuesto que, siendo lugares prístinos, podían permanecer lobos, leones, osos y coyotes, los que habían estado allí por un millón de años. Pero no fue así, pues aunque estaba prohibido cazar en ese parque natural, se invitó al experto Vernon Bailey, para que les enseñara a los guardias del bosque a asesinar a los depredadores. Les recomendó que pusieran cebos en las cuevas en donde se refugiaban y que, sobre todo, mataran a sus crías. Stephen Mather (1867-1950), fue el carismático primer director del parque, en 1916, y a pesar de que se le considera un héroe conservacionista, decía que si los guardias del parque ‘no mataban de 200 a 300 coyotes por año’, esos coyotes, podrían esparcirse fuera del parque y crear destrucción. La cifra total de lobos asesinados hasta 1926, fue de 136 lobos grises, 80 de ellos, cachorros. Las muertes de coyotes, por supuesto, las superaron, pues no terminaron en 1926. Con la asistencia federal, los coyores asesinados, entre 1918 y 1935, fueron casi 3,000, 2968, para ser exactos”.

Así que esa fue la más “eficaz” solución para que ganaderos, granjeros, visitantes de parques, hicieran sus actividades sin peligro, asesinar masivamente a pobres animales, cuya única culpa era la de ser carnívoros.

Por desgracia, se culpa a muchas especies de animales silvestres de atacar a humanos, pero es que no es culpa de ellos, sino de los que invaden sus hábitats. La pandemia, que todavía sigue, se ha investigado bastante, fue ocasionada por invadir hábitats de animales silvestres y, peor, ingerirlos, como a murciélagos o pangolines, como hacen los chinos, en cuyo país se originó la pandemia (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2020/03/cientificos-chinos-previeron-hace-un.html).

Por ejemplo, si se establecen áreas residenciales en medio de bosques, obviamente que las especies silvestres son invadidas y sus fuentes de alimento, alteradas. Hubo un caso reciente, de un coyote que en la ciudad de Dallas, en uno de tales fraccionamientos, atacó a un niño de dos años. Son rarísimos los ataques de esos animales, expresaron biólogos y autoridades de la ciudad. Culparon a los residentes de “dejar comida para los coyotes en los porches, por lo que éstos, se vuelven más confianzudos y algunos hasta pueden comportarse agresivamente”. Pero lo hacen, seguramente, porque esos coyotes andan hambrientos, pues cada vez hay menos presas qué cazar. Y eso se debe, repito, a la invasión de su hábitats (ver: https://www.theguardian.com/us-news/2022/may/23/urban-coyotes-us-suburbs-dallas).

La lamentable medida de matar a los depredadores que se impuso en 1914, en la más “civilizada” sociedad contemporánea, no se aplicaría, por ejemplo, en contra de gatos domésticos, que son, una buena parte, responsables de la destrucción de miles de millones de mamíferos y aves silvestres cada año, muchos, en peligro de extinción (ver: https://www.zmescience.com/science/cats-killers-outside-23052020/).

Si se les quisiera exterminar, sus dueños, seguramente, dirían “sobre mi cadáver, antes de que maten a mi querido gato”.

Lamentablemente, los pobres lobos, coyotes, leones y osos de entonces, no tuvieron quién los defendiera del exterminio masivo.

Y realmente, a quien habría que exterminar, es al mayor depredador que este pobre, destruido, polucionado planeta, ha tenido, la raza humana.

Contacto: studillac@hotmail.com

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