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Syria,  Aleppo – El Debate en la Izquierda

Syria, Aleppo – El Debate en la Izquierda

Siria – Alepo masacrada y la complicidad de la izquierda estalinista

Rolando Astarita

Blog Marxismo & Economía, 17-12-2016

https://rolandoastarita.wordpress.com/

Después de una serie de intentos fallidos que los exhaustos pobladores vieron deshacerse con desesperación, las bombas dejaron de caer ayer sobre el sector rebelde de Alepo, donde el régimen coronó su mayor victoria militar desde 2011 y permitió ayer la evacuación de civiles y rebeldes (…)

La ONU, que supervisa los operativos de evacuación de Alepo, afirmó que se prepara para la llegada de hasta 100.000 personas a Idlib, entre ellos civiles y combatientes, pero advirtió que no puede garantizar su protección porque sus colaboradores no se pueden mover libremente en esa zona. Idlib es uno de los últimos bastiones de la rebelión siria, que controla también sectores dispersos de en la sureña ciudad de Deraa y cerca de la capital Damasco (…)

En los últimos días, la ofensiva sobre Alepo dejó más de 460 civiles muertos en el este de la ciudad, y 130 del lado bajo control del gobierno. También agregó miles de heridos y desplazados a un conflicto que, desde el comienzo, en marzo de 2011, va dejando 30.000 muertos y desplazó a la mitad de la población dentro y fuera de las fronteras (La Nación, Buenos Aires, 16/12/16).

Redacción de A l’encontre (http://alencontre.org/) 13-12-2016, reproducido por Ernesto Herrera, Boletín Correspondencia de Prensa:

Entre el lunes 12 y el martes 13 de diciembre, la milicia controlada por el régimen iraní – la Guardia Revolucionaria, Hezbollah y milicias provenientes de Irak – y las fuerzas especiales de la dictadura de Bashar Assad, apoyadas por el bombardeo de la aviación rusa, retomaron distrito por distrito, la mayor parte de Alepo Este, la barrera de fuego sigue creciendo. Se conoce, de manera documentada, como el lanzamiento de bombas de fósforo, es decir, obuses incendiarios, han quemado a civiles en plena calle. Los jóvenes rebeldes se niegan a ir a las zonas controladas por los servicios especiales, la policía y el ejército de la dictadura. En las redes sociales, confiesan su temor a ser encarcelados, torturados y ejecutados. De hecho, los reiterados informes sobre tales abusos se confirman, además del reclutamiento forzoso. Los hombres jóvenes que huyeron de Alepo Este -como documentan periodistas ubicados en Alepo Oeste- fueron incorporados en las brigadas del régimen y enviados a la primera línea de fuego contra los últimos focos en poder de los rebeldes. De ahí que rechazan “confiar” en los servicios especiales del régimen, los Mukhabarat, que asesinaron a unas 40.000 personas desde principios de 2011. (…)

Para la dictadura de Assad y de los poderes políticos y militares que lo rodean (Irán y Rusia), también se trata de imponer una derrota completa a la expresión y el potencial que representaba, desde 2012, la “revolución siria”, con sus estructuras locales en virtud de la lucha y la resistencia de sobrevivencia, ante los ataques de una contrarrevolución apoyada por la intervención aérea masiva rusa desde principios de octubre de 2015. Esto fue subrayado, claramente, por Brita Hagi Hasan, presidente del Consejo local de Alepo Este, durante las dos conferencias realizadas en Lausana y Ginebra, el 11 de diciembre.

Jean-Pierre Filiu, historiador especialista en Siria, reproducido por Ernesto Herrera, Boletín Correspondencia de Prensa:

Hace más de cuatro años que una parte de la población siria, de los barrios norte y este de Alepo, intenta construir cómo puede un espacio de libertad y de administración fuera del control del régimen de Assad. Como se ha demostrado, resultó ser algo insoportable, no sólo para el déspota sirio y para sus padrinos rusos e iraníes, sino también para el resto del mundo, que no ha dejado de ensuciar y calumniar –para abandonar al horror actual– a este Alepo libre, que lo único que quería era seguir siéndolo.

Cierto es que cualquier proceso de liberación presenta algunas sombras y he sido uno de los primeros en denunciar los abusos cometidos por insurgentes sirios, pero también documenté que los manifestantes de Alepo-Este protestaban en contra de la comisión de semejantes crímenes. En esos barrios de Alepo, podían salir a la calle, a diferencia de lo que sucede en zonas en manos del régimen de Assad o controladas por Daesh (Estado Islámico).

En el verano de 2013… había un millón de habitantes en las zonas consideradas liberadas. Cuando los revolucionarios de Alepo llevaron a cabo lo que denominan « segunda revolución », expulsado a Daesh de la ciudad en enero de 2014, se intensificaron de repente las campañas de demolición sistemáticas con barriles, es decir lanzando contenedores cargados de granalla. La población pasó de un millón a estar conformada por 250.000-300.000 personas. Ahora pueden ser alrededor de 100.000, en cualquier caso decenas de miles, las personas entregadas a la barbarie del régimen y de sus milicias aliadas porque no hay ningún –literalmente ninguno– testigo exterior sobre el terreno para impedir semejantes atrocidades. (…)

Las negociaciones entre Washington y Moscú, tapadera de la escalada militar rusa sobre el terreno. (…)

No creo que actualmente se pueda hablar de “ejército sirio”, en el sentido de un Ejército del régimen de Assad. Existe una guardia pretoriana que combate en Alepo; hay milicias consideradas de defensa popular, las más temibles, y las cuales también han sido movilizadas en Alepo. Pero hay que tener en cuenta que, sin la presencia sobre el terreno de las tropas de choque de la Guardia Revolucionaria Iraní, del Hezbollah libanés y de las milicias iraquíes y afganas, la ofensiva actual nunca habría sido posible. Vemos el resultado de la decisión, perfectamente consciente, de abandonar a sectores enteros del país para dar prioridad al aplastamiento de cualquier forma de tercera vía entre Assad y los yihadistas, incluido Daesh, para presentar al régimen como único recurso frente a este último.

Izquierda Socialista:

Las tropas de Al Assad pudieron tomar la parte oriental de Alepo (rebelde) con apoyo de miles de iraníes, libaneses de Hezbollah y chiitas iraquíes (ambos armados por Irán) y con los criminales bombardeos de la aviación rusa.

Para ello también contaron con la hipócrita complicidad tanto de Estados Unidos, como de la Unión Europea, Turquía y Arabia Saudita, supuestos “defensores” de los rebeldes, pero que bloquearon la entrada de armas a los combatientes de Alepo y dieron luz verde a los bombardeos rusos.

Aunque a muchos luchadores les parezca increíble, también debemos denunciar la complicidad directa de los gobiernos seudoizquierdistas de Venezuela, Cuba y Nicaragua que votaron en la ONU (9/12/2016) con China y Rusia, en contra de una resolución que condenaba los terribles abusos genocidas de Al Assad en Siria. Lamentablemente la izquierda mundial reformista traicionó la causa por la libertad del pueblo sirio y acompañó a los genocidas Al Assad y Putin.

Por eso el heroísmo de los combatientes de Alepo quedará en la historia de las rebeliones. Como el del pueblo que los apoyó. Hay que recordar que desde julio en la parte rebelde vivían cerca de 300 mil personas bajo un bombardeo criminal sistemático. (El Socialista N° 337, Buenos Aires, diciembre 2016, http://izquierdasocialista.org.ar/index.php/periodico-el-socialista/ultimo-numero)

Dos comentarios

El primero es que la derrota de Alepo es parte de las derrotas y retrocesos que ha experimentado el movimiento de lucha contra las dictaduras y regímenes opresivos en el mundo árabe, que arrancó en diciembre de 2010 en Túnez.

El segundo comentario es que el voto de Venezuela, Cuba y Nicaragua junto a China y Rusia en la ONU, contra la condena de la dictadura de Al Assad no tiene nada de “increíble”. Fidel Castro y el PC cubano tienen un largo y triste récord que no hay forma de disimular.

Recordemos que, entre otras “cosillas”, Fidel Castro evitó condenar a la dictadura de Videla en los foros internacionales e invitó al dictador a participar en la Cumbre de No Alineados; respaldó al genocida Mengistu, de Etiopía; apoyó y calificó de “revolucionario  y legítimo” al gobierno de Idi Amin, de Uganda; respaldó al presidente Robert Mugabe, (recibió la Orden José Martí) de Zimbawe; apoyó a Denis Sassou-Nguesso (también condecorado con la Orden José Martí), de la República Popular del Congo; y a Nguema Macías y Teodoro Obiang (recibido en 2008 con honores en Cuba), de Guinea Ecuatorial; apoyó a la dictadura de Gadafi; aplaudió la invasión soviética a Checoslovaquia; recibió con honores al asesino de Trotsky, Ramón Mercader; otorgó la Orden José Martí a Nicolae Ceausescu de Rumania, a Erich Honecker de Alemania Oriental y a Leonid Brezhnev. Y calificó de “gran líder” a Kim Il Sung.

Recordemos también que la izquierda Nac & Pop y estalinista se ha educado en esta tradición. Lo de Alepo, para esta gente, es un mero “accidente histórico”. Los cientos de miles de muertos, los millones de desplazados, la tragedia sin fin de Siria, solo cuentan como números en la “alta estrategia de la geopolítica mundial”. Por eso, el que no aplaudió al genocida, miró y mira para otro lado; Alepo apenas es un punto del mapa.

Hay que superar esa indiferencia del que se ve a sí mismo por encima del sufrimiento humano porque se cree cumpliendo una “misión histórica”. Hay que dejar atrás el argumento deshumanizante. Hay que parar con la bestialización de las relaciones humanas.

Es necesario tomar conciencia de que no se avanza hacia la liberación social apoyando dictaduras, campos de concentración y genocidios. Ni aplaudiendo burócratas, por más “revolucionarios” que se pinten a sí mismos. No habrá recuperación de la izquierda revolucionaria en tanto no recuperemos al comunismo como un humanismo. Y Alepo es la negación de todo humanismo.

No hay síntesis posible

Rolando Astarita

Blog Marxismo & Economía, 17-12-2016

La nota anterior, “Alepo masacrada y la complicidad de la izquierda estalinista”  ha generado una fuerte diferencia de opiniones en el blog. Mis críticos, además de decir lo acostumbrado –que soy agente o funcional al imperialismo- sostienen que me falta información.

Pero lo cierto es que las diferencias no se deben a fallas de información, sino a puntos de partida programáticos e ideológicos opuestos. Por esta razón recordé, en la nota anterior, que existe una trayectoria del castrismo que es coherente con su apoyo a Al Assad. No se trata de un exabrupto.

Para que quede más claro, volvamos a marzo de 2011: en ese momento, y como parte de las movilizaciones que sacudieron al mundo árabe, centenares de miles de sirios salieron a las calles reclamando por libertades democráticas. Allí no había intervención de Arabia Saudita, ni de EEUU, ni de Turquía. Sin embargo, el régimen reprimió salvajemente: solo ese año hubo más de 5000 muertos y decenas de miles de detenidos. Pues bien, ya en ese momento el castrismo y el chavismo tomaron posición a favor de Al Assad. Y esto no es casual. Está de acuerdo con lo que ha hecho históricamente el castrismo (que es una variante del estalinismo), de apoyar regímenes de capitalismo de Estado represivos, pero supuestamente “anti-imperialistas”. Por eso sostengo que las trayectorias echan luz sobre el criterio político de fondo. Para que se entienda mejor:

El señor A, en nombre del socialismo, aplaude la invasión de la URSS a Checoslovaquia; se niega a condenar a la dictadura argentina de Videla; apoya activamente a Mengistu (y los bombardeos al Frente de Liberación de Eritrea); elogia el régimen de los Kim en Corea; y apoya a Al Assad. El señor B, también en nombre del socialismo, toma exactamente las posturas opuestas: critica la invasión soviética a Checoslovaquia; pide la condena de Videla en los foros internacionales; critica al régimen de Corea del Norte; se opone a Mengistu (y a las masacres de eritreos) y apoya las rebeliones contra el régimen de Al Assad. Como es costumbre, en cada uno de esos episodios el señor A acusa al señor B de “no estar debidamente informado” y de “ser funcional al imperialismo”

Sin embargo, todas estas diferencias no se deben a diferencias de información. Puede haber algún desacuerdo sobre algún dato, pero los hechos fundamentales los conocen tanto A como B. El problema es que A y B tienen concepciones distintas que afectan ab initio la forma en que admiten y procesan datos.

Por ejemplo, recuerdo que cuando en la Praga ocupada por los soviéticos el estudiante Jan Palach se prendió fuego, el Partido Comunista dijo que Palach había sido pagado por el imperialismo para suicidarse. Los militantes del PC aceptaron a pie juntillas la explicación, y la repitieron. Los críticos no la aceptaron, y dijeron que era un invento del stalinismo. La cuestión no se podía resolver siquiera con datos empíricos, porque los militantes del PC estaban dispuestos a creer en todas las pruebas que daba la dirigencia soviética sobre los supuestos pagos a Palach, en tanto los críticos no creían palabra de esas pruebas (si al lector no le gusta el ejemplo, puede tomar los Juicios de Moscú; o cualquier otro “juicio” por el estilo). Los criterios básicos no coincidían.

Por supuesto, no se trata de una mera discusión sobre diferencias del pasado. Lo que trato de señalar es que el encuadre básico permanece intacto a lo largo de décadas. Por eso los argumentos se repiten, aunque cambien las circunstancias

Así, nuestro señor A, que ha tomado posición de antemano por el “antiimperialista” Al Assad estará inclinado a creer que los miles que reclamaban libertades en 2011 solo podían ser agentes del imperialismo, y que debían ser reprimidos a cualquier costo. Aplica el mismo criterio con que en 1968 explicaba el suicidio de Palach. Y el señor B, ante las manifestaciones en Siria, dice lo opuesto de lo que dice A. Aplica el criterio con que en 1968 condenaba la intervención soviética en Checoslovaquia y no creía la historia que contaba el PC sobre Palach.

A pesar de que ambos se consideran socialistas, A y B responden a tradiciones políticas e ideológicas opuestas. No hay síntesis posible entre ellos. Este es el fondo que subyace a la polémica sobre Siria y Alepo.

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