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Rusia – Enero de 1917: En la víspera de la revolución

Rusia – Enero de 1917: En la víspera de la revolución

1917revolution.org publicará una serie de artículos que analizan y explican, mes a mes, los tormentosos acontecimientos del año revolucionario de la revolución rusa. El primero de la serie, por Niall Mulholland, observa los acontecimientos y la situación en enero de 1917.

Niall Mulholland

1917revolution.org

Comité por una Internacional de los Trabajadores , CIT.

 

El mes de enero 1917 se inició con más reveses para el ejército ruso, así como la gran masacre imperialista o la Primera Guerra Mundial se acercaba a su fin. En el frente rumano las tropas se habían retirado. La moral en el ejército ruso estaba extremadamente baja. Un millón y medio de soldados desertaron en 1916. Más de la mitad de los campesinos del país estaban luchando en la guerra y sus familias que se quedan en el país, se enfrentaron a la inanición.

Al mismo tiempo, los bolcheviques – El partido revolucionario encabezado por Lenin, que iba a dirigir la revolución Socialista de Octubre – vieron a su membresía e influencia aumentar constantemente. Ellos ayudaron a organizar manifestaciones para conmemorar el ‘Domingo Sangriento’  de la fallida revolución de 1905,  cuando cientos fueron asesinados por el estado zarista. El 9 de enero, 30.000 obreros en Moscú se declararon en huelga, con 145.000 entrando en acción en Petrogrado (hoy San Petersburgo). Una huelga de un día también tuvo lugar en Bakú, Nizhi Novgorod, Novocherkassk, Voronezh, Jarkov, Rostovon-Don, el Donbass y otras ciudades.

Para el 31 de enero Petrogrado se muere de hambre y las reservas de alimentos de la ciudad eran para tan sólo 10 días. Los alimentos básicos habían cuadruplicado su precio desde el comienzo de la guerra. Las personas hacían largas colas en busca de alimentos en condiciones bajo cero. Una multitud de mujeres irrumpieron en las tiendas.

Al mismo tiempo, las grandes empresas obtenían enormes beneficios, particularmente aquellas industrias que participan en la producción de materiales para la guerra.

Para las masas, las cosas no podían continuar. Estaban a punto de irrumpir en el escenario de la historia. ¿Cómo hizo el régimen zarista para encontrarse al borde de la extinción?

Una desastrosa campaña de guerra expone el podrido régimen

A finales de 1914, una serie de huelgas estallaron, pero en agosto la paz social parecía haber sido restaurada. Se declaró la guerra, dando lugar a una oleada de chovinismo ruso y apoyo popular al zar. Las organizaciones de trabajadores enfrentan una severa represión. Los bolcheviques en la Duma (parlamento) fueron detenidos y deportados. El periódico del partido, Pravda, fue cerrado.

Inicialmente, el ejército ruso infligió algunas derrotas a las fuerzas alemanas. Pero el 30 de agosto, el ejército ruso había perdido 300.000 soldados en Tanneberg, en el frente oriental. Mal equipados y cortos de municiones y fusiles, el ejército ruso se enfrentaría a una derrota tras otra en el campo de batalla. Al mismo tiempo, los oficiales rusos trataron a los soldados de la tropa con desprecio.

La guerra demostró la incompetencia y la podredumbre del régimen zarista. El Zar nombró y removió una sucesión de ministros. En agosto de 1915, él tomó el control directo del esfuerzo de guerra, una desastrosa intromisión en los planes de sus generales. Gran parte de las decisiones del país  recayeron en su esposa, la zarina y su camarilla, incluyendo el “libertino Monje” Rasputin, una figura mística con gran influencia política sobre la zarina y su marido. Las altas esferas del tambaleante régimen estaban empapadas en el oscurantismo y la superstición. El descontento popular creció. En octubre de 1916 varios informes de la policía de Petrogrado declaraban que la ciudad está “en vísperas de grandes eventos que comparados con los de 1905, aquellos sucesos pasados  no eran más que un juego de niños”. El embajador británico en Rusia, Sir George Buchanan, advirtió, “Si el emperador sigue manteniendo sus actuales consejeros reaccionarios, una revolución, me temo, es inevitable”.

En diciembre de 1916, Rasputín fue asesinado por las principales personalidades de la sociedad de Petrogrado. Tenían la esperanza de eliminar un símbolo de la decadencia del régimen, con el fin de tratar de salvarlo. En enero de 1917, el Zar designó a su último primer ministro, el príncipe Golitsyn, a pesar de la petición del desgraciado aristócrata que estaba “estupefacto” y no tenía ningún interés en la política.

A inicios de 1917, más de 15 millones de rusos estaban bajo las armas y la movilización industrial  en tiempo de guerra había arrojado la economía fuera de orden. Los campesinos no fueron capaces de exportar sus productos y se negaron a vender alimentos en el mercado abierto (el rublo casi no tenía valor). El sistema ferroviario había colapsado y solo algunos abastecimientos podían llegar al frente de los principales pueblos y ciudades. El hambre no sólo llegó  el campo, sino que a las principales ciudades industriales.

La crisis política en la parte superior mientras la clase obrera empieza a moverse

Con el régimen completamente desacreditado, incluso los partidos  “liberales” pro guerra y pro “reformas” entraron en oposición al zar, cuando quedó claro que este no iba a hacer ninguna concesión a las demandas populares. Llamaron a la destitución de los ministros más incompetentes y reaccionarios.

Complots fueron planeados por las mejores figuras militares para deshacerse del Zar, con el fin de salvar todo el sistema. Pero los conspiradores vacilaron, por temor a que dicha acción podría desencadenar una revolución desde abajo.

Mientras tanto, las organizaciones de la clase obrera se estaban recuperando de los reveses en el estallido de la guerra. Las huelgas aumentaron bruscamente a 55.000 en 1915 y a casi el doble de esa cifra en 1916. A medida que los precios subieron más rápido que los salarios, el verano de 1916 fue testigo de activas huelgas en Moscú, Kostrona e Ivano-Vosnessenst. Petrogrado fue sacudido por una huelga general de fábricas. Cuando tropas fueron enviadas para sofocar las huelgas, estas, en cambio, confraternizaron con los trabajadores. Se necesitaron a los cosacos para reprimir las protestas de los trabajadores.

A medida que el malestar obrero creció, también lo hizo la militancia bolchevique. Las estructuras del partido se volvieron a desarrollar, incluyendo el comité de la ciudad de Petrogrado. Con muchos veteranos dirigentes exiliados o encarcelados, una generación más joven de cuadros del partido tomó el control de la dirección local. El 1 de enero, los bolcheviques, aunque eran relativamente un  pequeño partido, creció en membresía a cerca de 23.000, y se concentraron en gran medida en los bolsones industriales.

Lenin y los bolcheviques ganan autoridad

Los mencheviques – el partido con el que los bolcheviques se habían separado unos años antes – se encontraban en desorden político. Una minoría se opuso a la guerra, mientras que otros dieron un apoyo apenas disfrazado. Durante el verano de 1916, las huelgas y un estado de ánimo de guerra de cada vez mayor de “derrotismo” vieron un cambio en el apoyo de los trabajadores, alejándose de la posición equívoca de los mencheviques sobre la guerra y la paz.

Mientras el proceso revolucionario en Rusia se agudizaba a principios de 1917, el líder bolchevique, Vladimir Lenin, estaba exiliado en Suiza. Desde 1914 Lenin se vio obligado a nadar contra la corriente, debido a la histeria de la guerra y la traición de los partidos de la Segunda Internacional (socialista) que apoyaron los objetivos de guerra de sus propias clases dominantes.

Sin embargo, la estatura y la autoridad de Lenin crecieron de 1914 a 1917. Después del colapso de la Segunda Internacional, se convirtió en un foco de antiimperialismo y genuino internacionalismo socialista.

En los meses siguientes a la revolución de febrero, los bolcheviques ganaron el apoyo de la mayoría de la clase obrera. Esto no sólo se debe a la función de liderazgo de Lenin y Trotsky durante los tumultuosos acontecimientos de 1917. También fue el fruto de muchos años de intensos debates entre los socialistas rusos sobre el carácter de la revolución inminente y el desarrollo y la aclaración de un programa político, la estrategia y tácticas de la clase trabajadora para ganar el poder.

A medida que la guerra se alargaba y la oposición popular a esta creció, Lenin aconsejó a los bolcheviques “organizar células en el ejército”, “apoyar todas las acciones revolucionarias de las masas del proletariado” y fomentar “la confraternización entre los soldados de las naciones beligerantes, incluso en las trincheras … “

El invierno de 1916/1917 fue excepcionalmente frío en Moscú y Petrogrado, con temperaturas de menos 40 grados centígrados. Las mujeres estaban en colas al aire libre por los escasos alimentos y carbón. El precio de los alimentos se disparó repentinamente en 40% a 60%. Al mismo tiempo, los ricos seguían  viviendo en todo su aislado esplendor.

A finales de enero, las tensiones de clase llegaron a un punto de ruptura y Rusia estaba al borde de la primera revolución de 1917.

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