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Rescatan a 23 víctimas de trata en “una fábrica de hacer bebés” en Nigeria

Rescatan a 23 víctimas de trata en “una fábrica de hacer bebés” en Nigeria

El cuerpo individual material de las mujeres pertenece, tanto en
lo que fabrica (los hijos) como en sus partes divisibles (los cabellos,
la leche…), a alguien diferente a ella misma; como era el caso en la
esclavitud en la plantación.  Collete Guillaumin. 

Rescatan a 23 víctimas de trata en “una fábrica de hacer bebés” en Nigeria.

Por  EFE, ABUYA

Una veintena de mujeres eran obligadas a quedarse embarazas y vender a sus recién nacidos.

La Policía de Nigeria rescató a 19 mujeres embarazadas 4 niños víctimas de trata de seres humanos en una “fábrica de hacer bebés” en la ciudad de Lagos, donde eran obligadas a quedarse embarazas y vender a sus recién nacidos, según dijo este lunes un portavoz policial.

Las embarazadas rescatadas tenían entre 15 y 28 años y procedían de zonas rurales del sur de Nigeria, de donde eran llevadas a la capital comercial -la segunda ciudad más grande de África-, bajo promesas de trabajo como trabajadoras del hogar.

La mujeres fueron captadas bajo promesas laborales como trabajadoras del hogar

Sin embargo, las jóvenes acababan en lo que se denomina localmente como “fábricas de bebés”, según detalló el portavoz de la Policía, Bala Elkana, a la Agencia de Noticias Nigeriana (NAN).

Tras dar a luz, a las mujeres se les pagaba unos 1.400 dólares si el bebé era niño y unos 800 dólares si era niña. Las compradoras, por su parte, son mujeres infértiles.

Les pagaba unos 1.400 dólares si el bebé era niño y unos 800 dólares si era niña

La Policía ha detenido a dos sospechosos de estos abusos y está buscando a una mujer, presunta responsable de la red.

En 2017 se produjo un aumento del 600 % en el número de posibles víctimas de trata sexual llegadas por mar a Italia, la mayoría de ellas desde Nigeria, según los últimos datos disponibles de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

Esta organización estima que el 80 % de las mujeres y niñas nigerianas, con cifras que se dispararon de 1.454 en 2014 a 11.009 en 2016, constituían potenciales víctimas de explotación sexual en las calles y burdeles de Europa.

En 2018, Nigeria desbancó a la India como el país con el mayor número de personas viviendo en pobreza extrema -más de 99 millones- lo que junto a la exclusión, la desigualdad de género, la corrupción y la violencia lo convierten en lugar predilecto para traficantes.

1 de octubre, 2019.

Fuente: https://www.lavanguardia.com/internacional/20190930/47739392088/rescatan-victimas-trata-fabrica-bebes-nigeria.html


«Los vientres de alquiler son trata de personas para la explotación reproductiva»

Por Nuria Coronado Sopeña.

Toño Abad y Eduardo Aguayo son dos claros exponentes del activismo LGTBI contrario al alquiler de vientres. Ambos –padres adoptivos y en acogida con sus respectivas parejas– creen que la paternidad no es un deseo, sino un derecho de los menores a tener familia. Dejan claro que usar a las mujeres pobres para ser padres es ser cómplice de violencia de género.

Frente al lobby de cierta parte del colectivo LGTBI y de la propuesta legislativa de Ciudadanos por mercantilizar el cuerpo de las mujeres –una práctica prohibida en España junto a 121 países, entre los que se encuentra Francia con Emmanuel Macron a su cabeza–, hay dos nombres como los de Toño Abad y Eduardo Aguayo que suenan a feminismo sin apellidos y que luchan sin descanso contra esta opresión del patriarcado.

«No en su nombre”. Con esta sencilla pero contundente declaración estos dos reconocidos homosexuales combaten la explotación reproductiva para evitar que se sigan pisoteando los derechos humanos de la mitad de la población. Ambos tienen claro que la estrategia de la “demanda social” argumentada por Ciudadanos para presentar en el Congreso de los Diputados una propuesta legislativa a favor de los vientres de alquiler solo responde a dos intereses: los de una industria que mueve 6.000 millones de dólares al año en todo el mundo y que ahora quiere convertir a nuestro país en el paraíso del turismo reproductivo del low-cost, y el egoísmo de quienes no entienden que los deseos individuales de ser padres nunca están por encima del Derecho.

Y es que, según los datos aportados desde el propio Gobierno, los bebés nacidos de una madre de alquiler en el extranjero y registrados en España entre 2010 y 2016 solo representan el 0,03% del total de bebés nacidos en España. “Si tomamos por el contrario la cifra más optimista ofrecida por los partidarios de esta aberración, es decir, los 1.000 bebés subrogados al año, y los enmarcamos en el total de nacimientos en 2017 (393.181 bebés), encontramos que el porcentaje de bebés comprados apenas alcanzaría el 0,25%. Con estas cifras, ¿en serio podemos hablar de demanda social?”, se pregunta irónicamente Ana Trejo, fundadora de Stop Vientres de Alquiler.

De oprimido a opresor

Con esta perspectiva y estos datos en la mano, Abad y Aguayo luchan desde el propio colectivo LGTBI para evitar que el lobby que pretende regular dicha explotación reproductiva siga ganando adeptos. No quieren que quienes han sido oprimidos social e históricamente ahora pasen a ser opresores al apoyar esta práctica.

Según Toño Abad, “la sociedad actual tiende al borrado de la memoria de las luchas y de las conquistas sociales. Si además se suma a que estas conquistas son gracias al movimiento feminista, el patriarcado no solo invisibiliza lo conquistado y quien lo ha hecho posible, sino que además adultera el relato para mantener el sistema de privilegios. Simone de Beauvoir decía que “el opresor no sería tan fuerte si no tuviera cómplices entre los oprimidos”. Y esto es una constante que se dan en todos movimientos por la liberación: en la mujer, en la causa de las personas afrodescendientes, la esclavitud, la prostitución, los derechos LGTBI. Nos han convencido de que nuestros problemas no son el machismo, la xenofobia, el racismo o la lgtbifobia, que son otros. Y las personas en general no tienen una conciencia de lucha colectiva a pesar de que sin lucha colectiva (sindical, feminista o social) no habría derechos”, explica.

Por su parte Aguayo cree que “cuando los privilegiados no somos conscientes de nuestros privilegios es fácil convertirte en opresor. El tema de los vientres de alquiler es relativamente reciente y sin la suficiente pedagogía y campañas que promuevan la adopción y acogimiento acompañadas de ciertas reformas que los faciliten es fácil caer en aquello que nos quieren vender, mujeres supuestamente altruistas con las que muchos intermediarios se benefician por intereses que nada tienen que ver con los derechos de las mujeres y los menores”, comenta.

Pero ¿cómo es posible que una parte de los homosexuales no sean conscientes de ello y aboguen por el alquiler de vientres? Para Aguayo “dentro del colectivo y gracias al trabajo de los movimientos de izquierdas cada vez más gente asocia esta práctica con el neoliberalismo más feroz. Dentro de mi círculo somos cada vez más los que estamos en contra”. Por su parte, Abad cree que“no podemos hablar del colectivo sin reflexionar en torno a qué es dicho colectivo. Lo que hay es un movimiento asociativo perfectamente organizado que en su mayoría está posicionado o se está posicionando en contra de los vientres de alquiler, ya lo han hecho entidades como Lambda en Valencia y en otoño lo hará Diversitat en Alicante”.

«Dentro del colectivo LGTBI cada vez más gente asocia los vientres de alquiler con el neoliberalismo más feroz»

Para el presidente de la asociación alicantina la dulcificación de la explotación reproductiva viene de todo el trabajo realizado por las agencias de alquiler de vientres que ha ido calando durante años entre los homosexuales. “Han ido encajando mensajes publicitarios mostrando la belleza y la perfección de la familia como un símbolo de la realización personal. Esto es falso. No hay que tener descendencia biológica para merecer ser aceptadas como ciudadanía de primera clase. Además, aquí se juega con un componente normalizador de la familia: si tienes descendencia genéticamente parecida vas a ser mejor aceptado. Ni es cierto, ni la familia debería entenderse así”, remarca.

Varones privilegiados y con proyección mediática

El posicionamiento de ambos activistas no ha sido un camino de rosas. Las amenazas de muerte, los insultos y el vacío de parte del colectivo han estado y están en su día a día. “Soy activista LGTBI y asumo los insultos y las amenazas como parte de mi actividad social, es la cara mala de lo que hago. Estoy convencido de que ha merecido muchísimo la pena porque hemos abierto un camino. Pero hay que continuar y, sobre todo, que se oiga nuestra voz. Porque dos o tres docenas de personas –en su mayoría varones privilegiados, económicamente muy potentes y con mucha proyección mediática– han comprado bebés en el extranjero y nos vinculan a esta forma de explotación. Hay un movimiento muy fuerte, intracolectivo, formado por hombres, que nos oponemos radicalmente a esto. Y nos oponemos a que para ser aceptados tengamos que ser padres biológicos a través de una transacción mercantil. Así mismo también me opongo a que se diga que posicionarse en contra es homofobia, porque nos beneficiaremos también los gais. Eso se llama manipulación”, recalca Abad.

«Nos oponemos a que, para ser aceptados socialmente, tengamos que ser padres biológicos a través de una transacción mercantil»

De manipulación también puede hablar largo y tendido Aguayo (padre de dos niños adoptados). Se marchó de la ejecutiva de Galehi por negarse a formar parte de una asociación convertida en lobby provientres. Él optó por la adopción. “Fue un proceso de autodescubrimiento feminista, que coincidió con la llegada a casa de mi hija, en ese momento descubrí que mis luchas deberían ser los derechos de ella como niña negra y los derechos de los miles de niños que hoy en día viven en centros de menores en nuestro país, cuál fue mi sorpresa que aquello que yo veía como obvio no era percibido por mi círculo, en cuanto expresé mis primeras dudas de una manera sigilosa muchas personas me empezaron a hacer el vacío, e incluso en privado alguno me confesó que era por mi posicionamiento contra los vientres de alquiler. Esto me reafirmo en mi postura y fue cuando empecé a escribir artículos con mis primeras ideas, coincidió en el momento en el que en España empezaba el debate, a partir de ahí fue aún más feroz en redes. Viéndolo en perspectiva es una de las cosas de las que más orgulloso me siento de haber hecho, a veces la vida te da la oportunidad de hacer una declaración de intenciones que sirve para crear un mundo más justo, aunque el costo sea elevado. Mis hijos ya van siendo conscientes de las opciones que tuvimos y sé que en el futuro sabrán de sus padres y de nuestra contribución a ayudar a los menores en situación de desamparo en centros de acogida”, comenta.

Precisamente por esa situación con Galehi, Aguayo se afana “en hacer pedagogía en mi círculo antes de que tomen la decisión, igual que hicieron conmigo otras familias acogedoras, intentar que se tome la decisión más ética. En cuanto a señalar, todo aquel que se expone en el ámbito público está expuesto a crítica, igual que lo estoy yo. Muchas veces he sentido cierto clasismo por parte de ellos, me recuerdan a ciertas familias heterosexuales de esas antiguas, de familia bien, que yo por donde procedo siempre veía como extrañas y algo impuestas. Imagino que es una manera de entender la vida que no se ciñe a tener hijos, sino que va más allá. No es vergüenza más bien es rechazo a aquello en lo que no me quiero convertir”, recalca.

Para este padre el tema de fondo es que quienes abogan por la explotación reproductiva solo quieren hijos e hijas biológicos y muchas veces a su medida. Es triste que el colectivo que más ha luchado por la diversidad en muchos casos estemos en contra de ella en nuestras propias familias. A mí me han llegado a decir un hombre que él prefería ser padre por ‘gestación subrogada’ porque no quería que le señalaran a él y a su marido por la calle por ir con dos hijos no biológicos. Por parte de los lobbies defensores de los vientres de alquiler, tenían claro que somos un colectivo que estamos acostumbrados a dar la cara por causas que sentimos nuestras y nos han vendido esto como una causa más. Para darle una visibilidad que no obtendrían con personas heterosexuales que por otro lado son la inmensa mayoría que alcanzan su deseo de ser padre a través de esta técnica”, comenta a Público.

«Quienes abogan por la explotación reproductiva solo quieren hijos e hijas biológicos y muchas veces a su medida»

Abad no cree que una manera de combatir la situación sea señalar a los compradores de bebés. Considera que es mejor denunciar las situaciones. “Me hago una pregunta ¿saben las personas que acuden a estos países a acceder a la explotación reproductiva que están ejerciendo violencia contra mujeres en situación de desprotección? ¿Son conscientes de ello? O por el contrario ¿son una pieza más del engaño publicitario que supone el acceso a estas prácticas? La reflexión por parte del activismo tiene que ser la denuncia de la práctica, del explotador y sobre todo del sistema que lo permite. Dicho esto, una vez existe la información y está en el debate público, quien lo haga tiene que entender que hay una resistencia muy fuerte, legitimada en la ética, y que lo que están haciendo no está bien en ningún caso”, resalta.

Neoliberalismo y proxenetismo reproductivo

En cuanto a si el deseo de la minoría homosexual sumado a los intereses económicos y políticos de Ciudadanos es una mezcla más que explosiva y peligrosa para España, Abad lo tiene muy claro. “Lo vemos con la prostitución y lo vamos a empezar a ver con el alquiler de úteros. Hay un proceso de deshumanización de la mujer, determinándola como la gestante para disociar a la persona de su rol reproductivo. Para despojar a la mujer de su humanidad. Y esta es la antesala de convertir la maternidad en un negocio lucrativo. Es la privatización de la reproducción. Y donde unos ven interesadamente libertad para negociar, otros vemos un atentado contra los derechos humanos, la integridad física y moral de las mujeres, su dignidad, su libertad y su derecho a la igualdad. Paralelamente al vaciado emocional de la maternidad se consagra interesadamente la paternidad como un derecho, elevando un sentimiento legítimo a una exigencia sobre terceras personas. Esto no es un fenómeno neutral, tiene la finalidad de armar un discurso para utilizarlo económica y políticamente. Tenemos la hegemonía ética en este debate, no la perdamos ni nos distraigamos”, argumenta.

«Hay un proceso de deshumanización de la mujer; es la privatización de la reproducción»

Una maniobra de distracción que según Aguayo se escuda en un falso feminismo que no se puede permitir. “Quienes se sirven de escudarse en el feminismo es porque no son feministas. Son infiltrados del feminismo, muchas veces conscientemente, otras porque se les ha vendido un concepto neoliberal de satisfacción de los propios deseos que nada tiene de feminista, la publicidad con supuestas mujeres deseosas de engendrar es muy fuerte. Hace falta una capacidad de reflexión e interés de investigar que desgraciadamente la mayoría no tiene, estamos en la sociedad de lo inmediato y del mensaje fácil”, dice.

A esto Abad añade que Ciudadanos ha irrumpido en el panorama político destruyendo consensos sociales logrados más allá de ideologías políticas. “Ponerle la etiqueta al feminismo de liberal para atraérselo a un partido es un uso instrumental. Como es una instrumentalización negar la violencia de género y llamarla violencia intrafamiliar, que es lo que hace VOX. No veo diferencias entre ambos en relación con el feminismo, porque ambas son formas de negar la lucha por los derechos, desvirtuarla y utilizarla. Estas tácticas partidistas no funcionan porque el feminismo es una teoría política que va más allá de los partidos y de las personas, es un movimiento de liberación que representa los valores más altos de una sociedad que quiere lo mejor para sí misma y es una herramienta potentísima e imparable de transformación social en marcha. Han hecho lo mismo en el Orgullo, irrumpieron para patrimonializar y colgar etiquetas, cuando es una lucha transversal. Utilizan nuestras causas para visibilizarse. Y les da igual el coste que eso tiene porque ni son feministas ni son proLGTBI. Lo único que ven son votos y negocio. Tenemos que denunciarlo”, añade.

Ante tal panorama Abad y Aguayo creen que solo hay un camino. Y es el de seguir impulsando a España como la abanderada contra el alquiler de úteros.

“Nuestro país tiene que liderar la revolución feminista. Y tiene que hacerlo desde los consensos sociales establecidos, tendiendo alianzas y sumando a la causa a todas las partes implicadas. No tiene sentido una causa que se encierra en sí misma y el feminismo es universal, internacional e inclusivo. Con la privatización y comercialización de la maternidad nos enfrentamos a un reto que es la globalización. Tenemos que lanzar un mensaje a Europa, primero, y al mundo después, de que los vientres de alquiler son una forma de trata de personas con fines de explotación reproductiva, igual que la prostitución es una forma de trata con fines de explotación sexual. Este será un mensaje que quedará para las generaciones del futuro y que tenemos que dejar como legado. Son luchas paralelas y similares y los fracasos de la lucha contra la prostitución tenemos que convertirlos en éxitos en la lucha contra los vientres de alquiler. Si no aprovechamos lo aprendido no conseguiremos nada”, finaliza Abad.

13 de agosto, 2019

Fuente: https://www.publico.es/sociedad/vientres-alquiler-vientres-alquiler-son-trata-personas-explotacion-reproductiva.html


Vientres de alquiler y feminismos: ¿Autonomía de las mujeres o mercantilización de los cuerpos?

Por Meritxell Freixas.

Más allá del debate en torno a las cuestiones médicas y legales, El Desconcierto recogió los argumentos a favor y en contra de la gestación subrogada, cada día más extendida, por parte de los movimientos de mujeres. Un texto que habla de los matices y contradicciones que la discusión en Chile tendrá que plantear.

Es un debate incómodo, espinoso y con muchos matices, en el que todavía no hay posiciones unánimes consensuadas dentro del movimiento feminista y de las organizaciones de derechos de las mujeres.  Hay opiniones generales al respecto, pero el debate requiere poner el foco en los matices y dejar al lado las posturas binarias. No siempre sirve el blanco y negro.

La detención de una pareja chilena el pasado fin de semana en Perú cuando pretendía regresar a Chile con dos recién nacidos gestados por subrogación por otra madre ha abierto el incipiente debate acerca de los vientres de alquiler. Una discusión cada vez más necesaria de dar porque cada vez existen más factores que hacen aumentar esa demanda: el atraso de la maternidad en la vida de las mujeres, los avances tecnológicos, los impedimentos para los procesos adoptivos, son algunos de ellos.

Con la maternidad subrogada o el “vientre de alquiler” una pareja o persona a título individual solicitan a una tercera el uso de su vientre para que, a través de técnicas de reproducción asistida, se convierta en depositaria del material genético de ambos y geste el embrión durante los nueve meses hasta el parto. Los solicitantes suelen ser parejas que han tenido problemas de salud para embarazarse o bien uniones formadas por dos hombres. De hecho, precisamente por eso las relaciones entre la comunidad gay y las feministas se tensionaron, sobre todo en los países donde se planteó ese debate, como España, hasta el punto que las activistas acuñaron el término “gaycapitalismo”, para rechazar que precisamente desde la diversidad sexual se avalen prácticas consideradas patriarcales y neoliberales para muchas.

La gestación por sustitución se presenta de distintas formas según cada país. Algunos regulan todo el proceso  -desde la inserción de los óvulos fecundados, hasta la inscripción del menor nacido-, otros permiten esta práctica con requisitos específicos, por ejemplo solo entre familiares y sin pago de por medio, o bien solo por motivos médicos, como en Uruguay; mientras que también existen aquellos que lo consideran como un “servicio” por lo que a través de una relación contractual, a menudo gestionada a través de agencias, las familias pagan montos que oscilan entre los 3.000 y los 60.000 dólares. Es el caso de Hungría, India o algunos estados de EE.UU. En caso del matrimonio chileno, por ejemplo, desembolsaron tres mil dólares por el procedimiento médico (unos dos millones de pesos chilenos) y luego 1.200 dólares mensuales (cerca de 795 mil pesos), a la madre gestante. En Perú la práctica no está regulada.

En Chile, el Código Civil establece que “la maternidad queda determinada legalmente por el parto, cuando el nacimiento y las identidades del hijo y de la mujer que lo ha dado a luz constan en la partida”. Es decir, es madre quien realiza el acto de parir, por lo que si finalmente la mujer que ha gestado no quiere entregar su bebé, no tiene obligación alguna de hacerlo. Por lo mismo, si ocurriera al revés, y fueran los futuros papás los que se echaran atrás, dejarían en el total desamparo a ese bebé que viene en camino y a la mujer que prestó su útero.

En noviembre de 2017, los diputados Miguel Ángel Alvarado y Loreto Carvajal, ambos del PPD, ingresaron un proyecto de ley que pretendía regular los vientres de alquiler. La iniciativa permitía que mujeres de entre 25 y 45 años, inscritas en un registro de gestoras, pudieran disponer sus vientres de forma gratuita y altruista para parejas en busca de la paternidad y maternidad. No ha sido la única propuesta que los políticos han lanzado sobre el tema. En 2008 la bancada UDI presentó un texto para intentar penalizarlo, con sanciones de presidio mayor en su grado medio a la madre gestante, a aquellos que entreguen el material genético y a los facultativos que lo faciliten.

¿Qué opina el feminismo?

La terminología de esta práctica es el primer punto con el que topa el movimiento. ¿Cómo lo nombramos? Vientres de alquiler, gestación subrogada, gestación por sustitución. Son tres formas que para algunas también tienen matices específicos. Mientras que en el concepto de “alquiler” queda manifiesto la vinculación con el lucro, como si del arriendo de un servicio se tratara, con la subrogación hay quienes defienden que no tiene por qué existir una transacción económica. Según esta hipótesis, la mujer presta voluntariamente su útero por vínculos familiares, de amistad o, simplemente, por sororidad.

Sin embargo, el debate profundo recae en si el acto de delegar en otra mujer -normalmente de una clase social, país u origen étnico distintos o subordinados- la gestación de un niño es un proceso que favorece la autodeterminación del cuerpo femenino o si, por el contrario, se trata de un medio de explotación patriarcal y mercantilización del trabajo reproductivo. Entre estos dos polos emergen multiplicidad de matices y posicionamientos.

El Desconcierto contactó con varias académicas y organizaciones feministas para abrir un debate desde el movimiento de mujeres acerca de este tema. Sin embargo, ninguna quiso manifestar públicamente su opinión. Todas coincidieron en que todavía no tienen suficientes argumentos sobre el tema, ni una posición determinada. Por esto, la decisión del medio fue recoger los argumentos que giran en torno a este debate desde todos los feminismos.

En contra

Entre las principales críticas a la maternidad subrogada está la mercantilización del cuerpo de la mujer. Algunas feministas, entre ellas las españolas “No Somos Vasijas”, cuestionan que en vez de someter la lógica productiva a la reproductiva, la dinámica es opuesta: la reproducción termina totalmente subordinada a la producción. Consideran también que anulan la autonomía reproductiva de la mujer porque niega a las gestantes el derecho a decidir durante el proceso de embarazo y en la posterior toma de decisiones sobre la crianza, cuidado y educación del niño o niña. La relación social que se establece con esta práctica conecta, para muchas, con el capitalismo, el patriarcado, el clasismo y el machismo que desde el propio movimiento se tratan de combatir. Además, rechazan la idea de que las mujeres sean usadas como contenedoras y sus capacidades reproductivas sean compradas, omitiendo los vínculos emocionales y afectivos que la madre gestante construye durante los nueve meses de embarazo con un niño que entrega a personas que no conoce.

Otra foco de la crítica tiene que ver con los eventuales efectos que a futuro podría implicar la regulación de esta práctica con una ley que sea tan flexible que permita, por ejemplo, que los deseos de maternidad se vuelven cada vez más cómodos: ¿Y si una no quiere pasar nueve meses de embarazo por pereza, por resguardar su imagen o por no perder el trabajo? ¿Hasta dónde podrá llegar esta práctica?

Las detractoras también comparan esta práctica con la trata de niños y citan el artículo 1 de la Convención de los Derechos del Niño que prohíbe la venta de niños y “todo acto o transacción en virtud del cual un niño es transferido por una persona o grupo de personas a otra a cambio de remuneración o de cualquier otra retribución”. Creen que el “altruismo y generosidad” de unas pocas, no evita la mercantilización ni el tráfico. Para ellas, además, ambos conceptos refuerzan una definición tradicional de las mujeres, propia de las creencias religiosas, como “seres entregados y disponibles para servir a los otros” una de las máximas del patriarcado: la imposición de ser madres sí o sí.

A favor

El principal argumento de las partidarias de esta práctica tiene que ver con un supuesto reconocimiento de la autonomía de la mujer, que cede de forma voluntaria y gratuita su útero. Para ellas, supone admitir la capacidad de consentimiento y toma de decisiones de las mujeres en aspectos relacionados con la reproducción, por encima del idealizado “instinto maternal”. ¿Quién puede prohibir a las mujeres gestar libremente para otras personas si así lo desean?, plantean. Encuentran paternalista tratar a la mujer como si no fuera capaz de discernir a qué situaciones quiere o no exponerse cuando actúa desde su propia autonomía.

Plantean que estar en contra de la mercantilización no implica necesariamente estar en contra de una regulación que blinde esta práctica del lucro y que la sitúe bajo un estricto marco legal para que no reste autonomía a las mujeres. Su propuesta pasa por un modelo gestionado desde lo público, altruista y garantista, comparable con otras actividades que otrora también fueron duramente cuestionadas como la fecundación in vitro o los trasplantes de órganos.

Fuente: https://www.eldesconcierto.cl/2018/08/30/vientres-de-alquiler-y-feminismos-autonomia-de-las-mujeres-o-mercanitlizacion-de-los-cuerpos/

Reproducido de Nuevo Correo de los Trabajadores

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