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Racismo en Chile: la piel como marca de la inmigración

Racismo en Chile: la piel como marca de la inmigración

María Emilia Tijoux y Cristian Cabello

El color de la piel, el grosor de los labios, la talla, la altura, la forma de ojos, pómulos, piernas o cintura, lo liso o rizado de los cabellos, son algunos rasgos característicos de territorios corporales que abren a prácticas racistas. La inmigración se ha convertido en una marca puesta en los cuerpos para señalar el origen, la clase y las condiciones económico-sociales y culturales que caracterizan a hombres y mujeres que llegan a nuestro país buscando trabajo, acogida y consideración.

Desde los años noventa Chile ha recibido a ciudadanos de Perú, Bolivia y Ecuador y en los últimos años se han sumado colombianos, dominicanos y haitianos que traen su deseo de permanecer y una fuerza de trabajo que venden para mejorar sus vidas y la de sus familias, tanto de quienes los acompañan como de quienes se han quedado en el “allá” de sus tierras. Y aunque la violencia -tanto física como simbólica-, ha estado presente en su contra, ella se ha focalizado estos últimos tiempos contra quienes portan el color que desasosiega la –supuesta- blanca calma comunitaria de chilenos y chilenas de este “acá” que se canta como una tierra amiga.

Nuestra historia está fraguada en ideologías políticas y en imaginarios provenientes de los períodos de la Colonia y de un Estado-Nación que incesantemente buscó un desarrollo “blanco”, que lograra acercarse al europeo y por ello se invitaba a trabajadores venidos del norte de Europa para “mejorar la raza”. Esta búsqueda de “mejoría racial” se hizo en contra de “negros” e indios, contra estos cuerpos negados y castigados, pero al mismo tiempo cuerpos útiles que se buscaba docilizar. Era la constante preocupación política de las naciones latinoamericanas por constituir identidades, reflejándose en la alteridad que la hacía posible.

Hemos entrecomillado la palabra negro para dejarla en el lugar polémico que contiene, pues para algunos inmigrantes ella implica reivindicar positivamente su historia social y las luchas dadas en su nombre, mientras otros prefieren escapar de ella, pues sigue encadenándolos a una condición de sufrimiento social que en las condiciones de la inmigración actual, suele ser sentido como el peso que los estigmatiza y los discrimina.

La piel es la marca de la inmigración para quienes son contratados en los trabajos de servicio con menor calificación, esos trabajos donde existe explotación laboral y tratos abusivos. Los trabajadores “negros” son mano de obra barata transnacional que viaja hasta Chile para construir los edificios de un país neoliberal, para limpiar sus calles e instituciones públicas. No debemos olvidar que el racismo no se produce sólo en contra de los inmigrantes caribeños, sino también en contra de otros inmigrantes latinoamericanos y más aún en contra de los pueblos originarios. Quizás uno de los problemas más graves del racismo es su naturalización, es decir el hecho de que pase desapercibido y devenga una relación social considerada normal. ¿Qué hacer entonces con el racismo? Para la activista y teórica afroamericana Angela Davis, el reconocer que estamos en contra del racismo, implica primero reconocer que hemos realizado acciones racistas, porque estamos inmersos en una cultura del odio y la violencia contra quienes tienen un color de piel o una marca de origen nacional distinta.

Invitamos a reflexionar críticamente sobre el racismo, para trabajar en pos de una inmigración más justa, dado que el racismo opera buscando la diferencia, por pequeña que sea, para erigirse como práctica dominante. Vale entonces derribar los obstáculos que impiden ver al otro como un uno mismo y trabajar por su desnaturalización.

Por María Emilia Tijoux y Cristian Cabello. Proyecto de Investigación Fondecyt “Inmigrantes “negros” en Chile”, Depto. de Sociología, Universidad de Chile.

Fuente: http://www.facso.uchile.cl/noticias/110556/racismo-en-chile-la-piel-como-marca-de-la-inmigracion

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