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Literatura – Pierre Mac Orlan, Aventurero de la miseria y la sordidez

Literatura – Pierre Mac Orlan, Aventurero de la miseria y la sordidez

Enviado por Rafael Rubio Bazan  arlequibreblog@gmail.com

Pierre Mac Orlan
(26 de febrero de 1882, Péronne, Francia

–27 de junio de 1970, Saint-Cyr-sur-Morin, Francia)

 

Seudónimo de Pierre Dumarchais, polifacético escritor francés que también quiso ser pintor, poeta, periodista, autor de letras de canciones, novelista, guionista y sátrapa del Colegio de Patafísica. Narrador vigoroso y divertido –vigorosamente divertido– capaz de urdir tramas en las que se combinan ingredientes tan difíciles de dosificar juntos como la intrepidez y el escepticismo, los amores fatales, la sátira, la denuncia social y la beatificación del coraje individual que nada espera y nunca desespera. Asombrosamente moderno, casi experimental, sin dejar nunca de ser interesante aún para el lector más convencionalmente desprevenido.

Personaje de tintes surrealistas sin pretenderlo, por su existencia bohemia, un tanto desgarrada, y por afinidad con su círculo de amistades de la época cubista que reunía a Bofa, Carco, Apollinaire, Picasso y el puñado de artistas que pululaban en torno a las figuras de noveau art. Pero nunca tuvo nada que ver con los Tzara, Breton o Eluard, aunque sí tangencialmente con Mac Jacob. Sin embargo, Mac Orlan nunca se dejó tentar seriamente por los supuestos del surrealismo ortodoxo. Él no era un cerebralista experimentador de la expresión o un buceador del espíritu liberado por la «espontaneidad» intelectual, sino un vitalista puro, un bohemio ancient style, un aventurero de la miseria y la sordidez, que traducía en prosa el caudal de sus experiencias personales recogidas a lo largo de su amplio vagar por el mundo de los substratos sociales. Así se explica que el estilo de Mac Orlan no posea el menor cromatismo. Es todo llaneza, precisión, austeridad formal.

La maniére de escribir de Pierre Mac Orlan es a menudo –casi siempre– «gris». Sin embargo esa forma de hacer no impedía en Pierre Mac Orlan una mirada incisiva, que desde la sordidez penetraba más allá de las apariencias, y ante la despiadada crueldad del espectáculo, su humor, y un cierto optimismo moral, le inducían a reflejarlo aliviado con una mueca que quería ser una sonrisa distorsionada por la fantasía. De esa actitud, un tanto mirífica, nacieron la mayor parte de sus obras, encuadradas dentro de esquemas que él tildaba de «fantastique social» (fantasía social), noción que forjó para definir lo que le parecía como el atribulado y misterioso reverso de su día. No logra ocultar el amor que le inspiran sus personajes; les ama y compadece como si a través de ellos se amara y compadeciera a sí mismo, a los sufrientes de la especie humana en general.

Hijo de un militar, Pierre Edmond Dumarchey y Berthe Francine Artus. Se supone que las relaciones de Pierre con su padre fueron difíciles y que el clima familiar se deterioró hasta el punto de que, desde 1889, se confió a los dos hermanos como pupilos, al cuidado de un tío materno, Hippolyte Ferrand, profesor de historia e inspector de academia en Orleans. Las relaciones entre el tío y los sobrinos tampoco fueron fáciles: John era probablemente el más renuente a la autoridad de este hombre austero y consciente, que tuvo que abandonarlos. 

Pierre Mac Orlan se instala en París a los 18 años y vive una etapa de bohemia (su propósito inicial es ser pintor) en compañía de Pablo Ruiz Picasso, André Salmón, Guillaume Apollinaire, Max Jacob y los jóvenes artistas y escritores que maduran las primicias del cubismo y del imaginismo poético. Por esos días, ataviado con su grueso y pintoresco ropaje de sportman a la inglesa –Mac Orlan era un aventajado jugador de rugby–, frecuenta el café Le Teléphone en compañía de Picasso y otros pintores, y se lo ve merodear por el Boulevard Saint Michel, la redacción de La Plume, los talleres de Montmartre, las mesas de los pequeños bistrós, en las que se acoda para devorar las aventuras de Robert Louis Stevenson –uno de sus posibles modelos– y las sorprendentes «biografías» que fábula Marcel Schwob en un fascinante y asombroso juego de imaginación y restauración arqueológica.

Comenzó escribiendo cuentos humorísticos, después de haber intentado vanamente una carrera en pintura. Después de la Primera Guerra Mundial, su inspiración se centró en el registro fantástico y la novela de aventuras. La última parte de su carrera literaria se dedicó a escribir canciones, ensayos y memorias. Durante su juventud en los primeros años del siglo XX, Mac Orlan vivió en Montmartre, donde se hizo amigo de Guillaume Apollinaire, Francis Carco y Roland Dorgelès. Al mismo tiempo, también se quedó en Rouen, Londres, Palermo, Brujas, etc. Los recuerdos que guardaba de este período, donde sus medios de vida eran a menudo precarios, se utilizaron como material para desarrollar una obra con una fuerte connotación autobiográfica, que influyó, entre otros, a André Malraux, Boris Vian y Raymond Queneau.

Cansado de París –o de sus posibles fracasos como pintor–, el futuro autor de El muelle de las brumas inicia un largo viaje a través de Europa y el norte de África, acumulando muchas de las vivencias y de las experiencias de vida que reflotarán más tarde en sus textos narrativos más directamente «testimoniales», en una línea que lo vincula, en cierto sentido, con autores como Blaise Cendrars, Francis Careo, Panait Istrati, etc. Agotado el peregrinaje –y ya definida la vocación de escritor–, hacia 1910 Mac Orlan comienza a ganarse la vida como autor de relatos cómicos, que aparecen, merced a la insistencia de su amigo Gus Bofa, en publicaciones populares como Le Journal. Queda atrás el ciclo de los mil oficios, que a la manera americana cultivada por Jack London –o por sus personajes–, lo mostrará como peón carretero, tipógrafo, cavador, marinero, albañil, reportero, mozo de café, etc. La nueva actividad sólo se verá interrumpida en 1914 por la Primera Guerra Mundial, en la que participa y en la que es herido como Guillaume Apollinaire, Blaise Cendrars y Louis-Ferdinand Céline.

Al igual que Schwob y Apollinaire –muchas simetrías son llamativas durante esta etapa–, Mac Orlan ama el misterio, los cuentos de hadas, las leyendas y los tiempos pasados, y esta común complacencia se advierte, sobre todo, en los cuentos del autor de A bordo de la «Estrella Matutina», equiparables con algunos de los mejores momentos de El Heresiarca y Cía. y El Rey de la máscara de oro. Pero Mac Orlan se inscribe, más que en la vertiente de la reconstrucción arqueológica o el puro ejercicio estilístico, a la manera de Schwob o Pierre Louys, en la vertiente de la modernidad cosmopolita, husmeadora del exotismo, la acción, la aventura y la experiencia de vida, tan de moda en la Europa de los años 20, según lo prueban las biografías y las obras contemporáneas de T. E. Lawrence, Malraux, Kessel, Cendrars, Morand, Nizan, Saint-Exupéry, Benoit, los Chadourne, Emile Zavie, Albert Serstevens, Pío Baroja, etc.

La suya es una obra extensa y no siempre pareja, en la que la imaginación, como señala Henri Clouard, suele tender trampas y concluir decepcionando –Mac Orlan es autor de buenos arranques, pero no siempre de sólidos desarrollos narrativos–. Pequeño manual del perfecto aventureroLos del café BrevisLa señorita Elsa (Premio Renacimiento, 1922), La Venus internacional (1923), Campo DominóLa calle de las carretasLa noche de ZeebruggeBajo la luz fríaLa maliciaMáscaras a medidaBarrio reservadoEl negro Leonardo y maese Juan MullinBob, el soldadoLos pescadosCiudadesMargarita de la nocheSimone de Montmartre, etc., son algunos de los títulos más corrientemente citados, aunque el más famoso y recordado sigue siendo, por cierto, El muelle de las brumas (1927), objeto de una memorable versión cinematográfica de Marcel Carné (1938) interpretada por Michéle Morgan, Jean Gabin, Michel Simón, Pierre Brasseur y Robert Le Vigan. Sus canciones fueron interpretadas por Monique Morelli, Juliette Gréco y Germaine Montero. En 1950 fue elegido miembro de la Academia Goncourt.

https://elpais.com/diario/2004/01/24/babelia/1074905419_850215.html

https://elpais.com/diario/1977/01/30/cultura/223426804_850215.html

https://fr.wikipedia.org/wiki/Pierre_Mac_Orlan

http://ebiblioteca.org/?/ver/19764

 

A bordo de la «Estrella Matutina» y otros relatos: Historia de piratería, de vagabundos y desclasados, el relato de Mac Orlan conserva rastros, en cierta medida, de la atmósfera y el «universo» de las memorias de Alex-Olivier Oexmelin, el famoso médico y cirujano de piratas que eludió la horca y tuvo tiempo para escribirlas, o del Roderick Random de Tobías Smollet, primero de una larga serie de aventuras que tienen por escenario los caminos ingleses, las postas, las diligencias y el mar, presentándonos el espectáculo vivo, abigarrado y equívoco –verdadero riñón picaresco de los siglos XVII y XVIII– de los rufianes, buhoneros, caminantes, cómicos de la legua, tahúres, ladrones, comerciantes, falsificadores, prostitutas, predicadores, soldados, periodistas, aventureros, cirujanos, estafadores, perdularios, etc.

Mademoiselle de Mustelle y sus amigas: Escrita en 1911 con el seudónimo de Pierre du Bourdel, es de las muchas novelas eróticas de Pierre Mac Orlan la que mayor repercusión tuvo siempre en Francia, pese a la clandestinidad a la que fue sometida hasta 1984, cuando salió definitivamente a la luz. De hecho, ésta formó parte de toda una serie de novelas eróticas que, para llegar a fin de mes, Mac Orlan se vio obligado a escribir bajo seudónimos tan curiosos como «Sadinet» o «Sadie Blackeyes». No obstante, al haberle dedicado el propio autor y sus amigos a ésta mayor atención que a las demás, pasó con los años a la celebridad dentro de la ya prolífica historia de la literatura erótica francesa.

 

«La aventura no existe, sólo está en la mente del hombre que la persigue, y tan pronto como sus dedos la rozan desaparece para renacer mucho más lejos, en otra forma, en los límites de la imaginación.» – Pierre Mac Orlan

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