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La pesadilla de Bolsonaro: Lula resucitado

La pesadilla de Bolsonaro: Lula resucitado

Patricio López |DIARIO UNIVERSIDAD DE CHILE Martes 11 de junio

 

Todavía Brasil y el continente se siguen remeciendo con las revelaciones de la conspiración entre el ex juez Sergio Moro y la Fiscalía para construir pruebas falsas en contra de Lula, de modo primero de sacarlo de la carrera presidencial y de impedir después que incidiera en favor del candidato del PT, Fernando Haddad, en las elecciones que finalmente ganó Jair Bolsonaro. Los alcances de este caso están yendo más atrás hasta establecer conexiones con la destitución, por la vía del Parlamento, de la expresidenta Dilma Rousseff.

Nada de lo que se supo en el primer momento ha podido ser desmentido hasta ahora. Mientras el presidente Bolsonaro se ha replegado en el silencio, su ahora ministro de Justicia, Sergio Moro, ha ensayado balbuceos argumentales para contener la crisis. Si ayer los diarios chilenos omitieron la noticia de sus portadas, hoy la evolución de los acontecimientos les resultó insoslayable. No hay dudas: se trata del hecho político más grave y vergonzoso ocurrido en América Latina en años, cuyo conocimiento empieza a generar consecuencias difíciles de prever por el momento.

Por de pronto, el asesinato político de Lula no ha sido tal y su resurrección se convierte en una pesadilla para el ya debilitado gobierno de Jair Bolsonaro. Estamos frente a un “Morogate” y el juego de palabras no es casual, pues alude al proceso que terminó, por la vía de una filtración periodística, con la renuncia de Richard Nixon en el Estados Unidos de la década del 70. El asunto es judicial pero esencialmente político y así lo resumió en sus declaraciones Gilmar Mendes, miembro del máximo tribunal, al afirmar que los hechos imputados al funcionario más notorio del gabinete son “muy graves”.

Debemos entender que el Caso Lava Jato, que develó en especial las prácticas corruptas del Partido de los Trabajadores, puede ser entendido del mismo modo como un proceso judicial y como un proceso político, que fue horadando la hegemonía del PT, su base electoral y al mismo tiempo fraguando un amplio abanico opositor que primero se aglutinó en torno a la traición del insulso Michel Temer, otrora vicepresidente de Dilma Rouseff, y luego a través de la irrupción en política de una extrema derecha compuesta por porciones del odio a la izquierda, el rechazo al PT, la ignorancia, la reaparición de los militares golpistas y la expresiones fanáticas y sectarias de un sector de la religión evangélica, todo lo cual, como si fuera un embutido, terminó erigiendo el liderazgo de Jair Bolsonaro.

Ese proceso no se entiende y no hubiera sido posible sin el juez Sergio Moro, quien ya desde la época del impeachement contra Dilma Rousseff había sido convertido en un héroe popular de la ultraderecha, retratado en caricaturas callejeras como Superman e incluso con muñecos inflables gigantes rellenos con helio. Ahora, el globo se pinchó y con ello trastabilla el gobierno completo, pues más allá de lo formal el juez persecutor del PT es sin lugar a dudas la figura más importante del gabinete de Bolsonaro.

Veremos ahora, entre otros factores, cuáles serán las consecuencias en la política regional. Hay quienes auguraban el inicio de un ciclo de ultraderecha o, al menos, un ciclo de derecha, al juntar a Bolsonaro con Macri, Iván Duque, Piñera e incluso al converso Lenin Moreno. Pero esa idea está hoy, desde el punto de vista del análisis, al menos en cuestión. La presidencia de Bolsonaro quedó debilitada y, ante la afirmación ayer de Iván Duque de que la reelección de Macri era fundamental para el futuro de América Latina, podemos sostener que muy probablemente aquello no ocurrirá. Si además se cumplen las proyecciones de que Evo Morales en Bolivia y el Frente Amplio en Uruguay serán reelegidos, el giro a la derecha pudo haber sido, más bien, un paréntesis en la historia del continente.

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