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Estados Unidos – Trump, Goldman Sachs y Karma Chameleon

Estados Unidos – Trump, Goldman Sachs y Karma Chameleon

 

El nombramiento de Gary Cohn para presidir el Consejo Nacional de asesores económicos vaticina una política keynesianista militar en la Casa Blanca

Andy Robinson *

ctxt, contexto y acción, 14-12-2016

http://ctxt.es/es/

Tras el nombramiento de Gary Cohn, el veterano financiero del todopoderoso banco Goldman Sachs, para presidir el Consejo Nacional de asesores económicos en la Casa Blanca, no solo se comprueban las cualidades gatopardianas del faux populismo de Donald Trump, que se describieron aquí. Se demuestran también las cualidades reptiles de Goldman, tal y como se explicaba en el suplemento Dinero de La Vanguardia.

Cuando el periodista gonzo de Rolling Stone Matt Taibbi calificó a Goldman Sachs como un calamar gigante vampiro con su tentáculo global extendido por todo el planeta chupando la sangre, se le olvidó mencionar la piel del camaleón que cambia de color conforme va cambiando el entorno político y económico. Goldman se adapta a cualquier gobierno que le abra la puerta giratoria desde Washington a Nueva York. Hasta el de Trump. Solo el músico Boy George, en la canción Karma Chamaleon, lograría describir la capacidad de Goldman Sachs para  demostrar que los presidentes de EE.UU –desde Ronald Reagan, George Bush (ambos), Bill Clinton y Barack Obama– son sus amantes y no sus rivales.

En la campaña electoral Goldman financiaba a Hillary Clinton, cuyo compromiso con la disciplina fiscal y la globalización tan imprescindible para una responsable gestión macroeconómica, según los expertos de este grupo de banca de inversión y valores, uno de los más grandes del mundo, estaba comprobado frente a la retórica proteccionista y los planes de elevar el déficit de Donald Trump. Hillary había entrado dentro de la barriga del gran calamar camaleón, dejándose digerir en todo tipo de jugos estomacales, para dar una serie de  conferencias (cobró más de medio millón de dólares) cuyo contenido fue filtrado por Wikileaks y puede leerse en el libro Hillary Clinton: The Goldman Sachs Speeches.

Quedaba muy clara en esas conferencias la preferencia del presidente de Goldman, Lloyd Blankfein, por los Clinton. Blankfein, al igual que Bill Clinton, es un incondicional de Davos y de la globalización filantrópica y lucrativa de monopolios transnacionales que Trump supuestamente rechaza. Dicho sea de paso, no sé si la decisión del Foro Económico Mundial de rechazar mi solicitud de acreditación para Davos el mes próximo tiene que ver, pero Blankfein me dijo hace tres años en Davos cuando traté de preguntarle si los fondos buitre de Goldman comprarían más viviendas públicas en Madrid: “No venimos a Davos para hacer esto (o sea, hablar con periodistas como yo)”. Blankfein se llevaba de maravilla con Hillary y odiaba la retórica proteccionista de Donald Trump que sacó partido de eso tachando a Clinton de la candidata de los odiados banqueros de Wall Street.

Pero el calamar-camaleón no tardó en cambiar de color tras las elecciones presidenciales. Gary Cohn será el aliado goldmanista en la Casa Blanca del nuevo secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, que pasó también 17 años en Goldman antes de sumarse al mundo hiperespeculativo de los hedge funds. Ambos irán adoptando los elementos más apetecibles del ecléctico programa electoral de Trump como los recortes de impuestos por más de 1.000 millones de dólares que sumarían cientos de millones de dólares a la deuda publica. Mientras, irán suavizando los instintos antiglobalización del delirante inmobiliario.

La megadeuda que se vaya generando en EE.UU. será una mala noticia para los operadores del mercado de bonos del tesoro en el rascacielos de Goldman en Jersey City. Pero, ¡hey! el camaleón tiene mil colores. Por ejemplo, sus operadores del mercado de divisas y los brókeres de la Bolsa en sus respectivos departamentos de Goldman Sachs. Los índices Dow y S&P han batido récords en Nueva York desde el anuncio del plan de Trump de recortar impuestos –sobre todo para las rentas más altas y los beneficios empresariales–, de invertir en infraestructura y aumentar el gasto militar. Además, el dólar acaba de alcanzar su cotización más alta desde 2002.

En los noventa Robert Rubin, expresidente de Goldman, explicó al joven Bill Clinton que para satisfacer a los mercados la estrategia tendría que ser la reducción del déficit para permitir bajadas de tipos de interés. “¿Quieres decir que mi programa económico depende de una jodida panda de operadores en bonos?”, se lamentó Clinton en 1993. Rubin explicaba que la disciplina fiscal y la expansión monetaria serían la policy mix para la nueva era de globalización. Funcionaría para que Clinton fuese reelegido, pero a finales de los noventa la enorme burbuja que el dinero barato inflaba en Silicon Valley pronto llegaría a su gran pinchazo.

Ahora Mnuchin y Cohen defienden justo lo contrario: la política fiscal sumará cientos de millones de dólares a la deuda publica y probablemente abrirá el camino a una serie de subidas de tipos de interés. El instituto Capital Economics calcula que el déficit subirá del 3,5% al 5% del PIB. Es la policy mix de políticas fiscales muy expansivas, y una política monetaria más restrictiva de lo que se pensaba. Ya veremos qué dice Janet Yellen.

Y si  Rubin, al igual que Blankfein, era el defensor de la globalización modelo Davos, Mnuchin y Cohen, al menos en su discurso público, tendrán que hacer concesiones a una nueva era de nacionalismo económico que horrorizaría a los Goldman Sachs de los noventa. No es por nada, quizás, que Mnuchin en su faceta como productor en Hollywood haya producido una película, dirigida por el actor de izquierdas Warren Beatty, titulada Rules don’t apply (Las reglas no importan).

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¿Hasta qué punto será  Trump una ruptura con el mundo del Goldman Sachs anterior, cuya piel sintonizaba con los Alpes nevados de Davos? Para buscar una respuesta, hablé con Sherle Schwenninger, que lidera la mesa redonda del World Policy Institute en Washington en la que participan varios asesores de Trump.

“Creo que veremos una suerte de  keynesianismo militar”, explica. “El Congreso, tanto los republicanos como los demócratas no van a aceptar grandes inversiones en infraestructura financiadas por la emisión de deuda así que quedan los recortes de impuestos y el aumento del gasto en defensa”. Según las dimensiones pactadas del programa de infraestructura, la economía crecerá entre el 3% y el 5%, sostiene.

Trump quiere oponerse con vigor a lo que considera el mercantilismo de China y Alemania, sigue Schwenninger. “No puede ser que Alemania mantenga un superávit por cuenta corriente del 8%”, dice. Wilbur Ross, el nuevo secretario de Comercio, y Peter Navarro, uno de los asesores económicos de la campaña, han roto con el consenso económico dominante en Washington al resaltar que los déficits comerciales registrados por EE.UU. han sido un freno para el crecimiento.

Trump no firmará el acuerdo transpacífico, pero Schwenninger cree poco probable que desmantele acuerdos existentes como el Tratado de Libre Comercio con México y Canadá o que aplique aranceles a las exportaciones de China. “No lo va a poder hacer, intentará satisfacer el voto anti tratados de libre comercio mediante la repatriación de inversiones.”, dice.

Pero el superdólar no ayudará al nacionalismo económico de Trump. Y, por mucho que se renegocien los acuerdos comerciales y se mejore la “competitividad fiscal” de las empresas estadounidenses en el extranjero, será muy difícil reducir el déficit comercial si el dólar no se deprecia. Las expectativas de crecimiento, bajadas de impuestos corporativos y subidas de tipos  de interés están ejerciendo cada vez más presiones alcistas sobre el dólar. Mucho dinero se dirige hacia los mercados de Nueva York. (Por cierto, ojo con lo que pueda ocurrir en las emergentes como Brasil si salen los flujos de dinero caliente para regresar a Wall Street).

Hay quienes creen que Trump tratará de negociar un gran acuerdo para bajar el billete verde al igual que se hizo con Japón con el acuerdo Plaza de 1987. Pero “el resto del mundo, Europa, China, está en muy malas condiciones, mucho peor que EE.UU. A Trump le gustó el Acuerdo Plaza pero no creo que pueda hacer nada ahora”, afirma Schwenninger. En cualquier caso, aunque la sobrevaloración de la tasa de cambio fuerte machaca al sector manufacturero y a la white working class que Trump supuestamente iba a salvar, Goldman y Wall Street siempre se ven beneficiados por el dólar fuerte.

* Licenciado por la London School of Economics en Ciencias Económicas y Sociología y en Periodismo por El País UAM. Fue corresponsal de ‘La Vanguardia’ en Nueva York y hoy ejerce como enviado especial para este periódico. Libros editados en castellano: Un reportero en la montaña mágica. Cómo la élite económica de Davos hundió el mundo (Editorial Ariel, 2013); Off the Road. Miedo, asco y esperanza en América (Editorial Ariel, 2016).

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