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¿Cómo viven quienes están en pobreza rural en América Latina?

¿Cómo viven quienes están en pobreza rural en América Latina?

CESLA 26/11/2018

La pobreza extrema rural en América Latina y el Caribe “tiene un claro rostro femenino”. Así lo señaló la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

La FAO advierte que las personas en pobreza extrema rural sin acceso a una alimentación básica son 3,5 veces más a las personas en pobreza extrema urbana.

Los datos fueron revelados en un informe titulado ‘Panorama de la pobreza rural en América Latina y el Caribe’, el cual fue presentado por la investigadora Carolina Tivelli.

En este documento, la FAO analiza la evolución de este flagelo hasta 2016, y expone cinco ejes de intervención para acabar con esta problemática. Esta cifra pone en relieve una representación de los 27 millones de personas que están viviendo con esta escasez, según los últimos datos de 2017, insistió Trivelli.

La FAO entiendo por el concepto de pobreza extrema la capacidad que tienen las personas para obtener con sus recursos una canasta básica alimentaria, mientras que la pobreza o pobreza total suma, además, unos gastos adicionales mínimos que los países consideran necesarios para vivir.

La pobreza tiene «un claro rostro femenino»

¿Por qué la pobreza en la región tiene “un claro rostro femenino”? La investigadora explica que eso se debe a que las mujeres en situación de pobreza “no solo trabajan mucho, sino que además suelen enfrentar doble o triple jornada sin remuneración” y “tienden a ser el eslabón más débil dentro de la familia”.

Asimismo, el estudio refleja que la incidencia de la pobreza es mayor en 10 puntos porcentuales en las comunidades indígenas y afroamericanas que a los grupos que no tienen este tipo de ascendencia.

Por último hizo mención a la “gran cantidad de niños y niñas” que viven en el seno de estas familias y que si no se actúa hoy, producirán esta situación de pobreza por no tener acceso a la escuela y a la salud.

“No podemos aceptar que haya un grupo que se esté quedando rezagado. El lema de los objetivos de desarrollo sostenible es que nadie se quede atrás y, claramente, aquí hay grupos que se están quedando atrás”, reconoció Trivelli.

El contexto en América Latina

A partir de 1990, América Latina y el Caribe experimentaron una tendencia de decrecimiento en la pobreza rural, consiguiendo el mayor ritmo en la década de los 2000. Los países que más variaron la tasa de pobreza rural entre 1990 y 2014 fueron Brasil y Chile, que bajaron 24 y 32 puntos porcentuales hasta alcanzar un 29% y 9%, respectivamente

El Estado que menos cambios experimentó fue Guatemala, que tan solo varió en un punto, pasando del 79 al 77%. Pero esta tendencia se empezó a estacar en 2012 e incluso se experimentó un aumento de la pobreza rural en los últimos dos o tres años.

En 2002, la región inició una desruralización del campo que consiguió que los pobladores rurales pasaran del 23% al 18% en 2016. Sin embargo, el 41% de los pobres extremos reside en estas áreas, lo que se traduce el 29% de la pobreza extrema mundial.

Según Trivelli, las causa que indujeron este estancamiento y su posterior decrecimiento fueron el lento crecimiento de la región, la reducción de los recursos fiscales para invertir en programas sociales y los múltiples eventos climáticos que sucedieron en la región.

La pobreza rural no es tan “visible” como la pobreza urbana, “es más costosa” y “está más lejos para los políticos”, explicó la investigadora. Si no se enfrenta este problema, “no se resolverán de ninguna manera los desafíos de desarrollo de nuestros países”.

Para que esta tendencia deje de crecer y recupere el ritmo de decrecimiento similar al que corría en la década de los 2000, los Gobiernos deben implementar cinco ejes de intervención que han demostrado ser efectivos, explicó la portavoz.

Las políticas que proponen están orientadas a lograr una agricultura sostenible más eficiente, una protección social más amplia, una gestión eficiente de los recursos naturales, la biodiversidad, nuevas oportunidades de desarrollo rural no agrícola; y por último, paquetes integrados de infraestructura.

“Lo importante es notar que no solo es un problemas de los pobres rurales, sino que es un problema que nos involucra a todos”, concluyó.

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