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Colombia – Los crímenes simultáneos de dos excombatientes que enlutan a la Farc

Colombia – Los crímenes simultáneos de dos excombatientes que enlutan a la Farc

Con el asesinado de Anderson Pérez y Daniel Esterilla se eleva a 135 el número de miembros del nuevo partido asesinados. Estas son sus historias.

Revista Semana, 18-6-2019

https://www.semana.com/

A Anderson Pérez y Daniel Esterilla la muerte los alcanzó con dos horas de diferencia. Mientras el primero copió la invitación que le hicieron unos conocidos de irse a tomar unos tragos al balneario Bocatoma en Caloto (Cauca), el segundo terminaba una extenuante jornada con el gobierno, el Sena y la ONU en El Charco (Nariño) para robustecer su proceso de reincorporación como excombatiente de las Farc (Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común), Nunca se vieron, ni se distinguían, pero los dos tienen más que el 17 de junio en común.

Dejaron las armas en 2017 tras la firma del acuerdo de paz y se dedicaron a hacer pedagogía donde militaron. Mientras Anderson hechó mano de una cámara fotográfica, Daniel se valió de las palabras. Su relación con la tecnología no fluyó como al joven de 25 años que protagonizó un cortometraje y ayudó a producir cinco más. Estaban convencidos de la salida negociada del conflicto. Por eso, sin dejar las responsabilidades del partido, venían dedicados a recuperar el tiempo con sus familias.

Mientras Anderson veía por los ojos de su primera hija que nació hace apenas un mes, Daniel, de 61 años, se las venía ingeniando para dejarles a sus hijos el futuro asegurado. Aunque no tenía claro qué iba a hacer con los ocho millones de pesos para proyectos productivos a los que tenía derecho y no había empezado a gestionar ante el Gobierno, no se perdía una sola asesoría en El Charco. No había excusa, ni los 280.000 pesos que gasta en los dos trayectos para poder asistir.

Los incumplimientos pesan sobre los hombros del Estado, pero también pesan sobre la última dirección que tuvieron las Farc.

Esa al menos fue la inversión de este lunes. Daniel tenía que encontrarse con otros 25 excombatientes, que hace más de un año salieron de la zona veredal de la Paloma por los incumplimientos, para hablar de cómo va su tránsito a la vida civil y participar del Taller Maestro Itinerante. La jornada alcanzó hasta para que les partieran una torta con motivo del día del padre. A las 5:00 p.m, cuando todo terminó, se fue a comprar un pollo para llevarle a su familia en Iscuandé y mientras esperaba la lancha en el muelle, 15 minutos después, dos sicarios lo sorprendieron por la espalda.

El Viejo, como le decían los hombres del Frente 29 con los que tenía más confianza. Dicen que aunque estuvo en armas, durante mucho tiempo se encargó de administrar las remesas. «Era un hombre disciplinado y convencido de que la justicia social llegaría con la firma». Aunque muchos siguen creyendo eso, «desde que salimos de la zona de concentración sabíamos que esto no iba a ser fácil. En esta guerra fratricida los marginados ponen el dolor y el llanto, pero el destino de Colombia definitivamente no puede ser la guerra», le dijo a SEMANA otro de los excombatientes que estuvo en La Paloma.

Anderson Pérez, a diferencia de Daniel, desde hace más de tres semanas sentía pasos de animal grande. Por eso venía solicitando la activación de la ruta de seguridad de la Unidad Nacional de Protección (UNP). El miedo lo sembró una llamada. En ella, un hombre sin identificarse le aseguró que lo iban a matar. La sentencia se cumplió al pie de la letra días después cuando dos sicarios acabaron con el agasajo en el que participaba. El homicida le descargó tres balas, mientras los conocidos que hacía unas horas lo había parado de la cama, agacharon la cabeza.

En Caloto nadie tiene claro por qué fue. Quienes se aventuran a buscar alguna respuesta, navegan entre la infinidad de procesos con los que Anderson se involucró una vez colgó el fusil para siempre. Era comunicador social formado en los talleres que dictaron en las zonas veredales cuando los exguerrilleros de las Farc se comenzaron a concentrar. El interés surgió de la necesidad de formar a más excombatientes en periodismo, no solo para contar con un mayor número de corresponsales, sino para ofrecer oportunidades de trabajo para quienes se están incorporando a la vida civil.

Con la experiencia que adquirieron en La Habana en el cubrimiento de las negociaciones, “aprendimos de muchos medios nacionales e internacionales”, relató hace unos años a SEMANA Boris Guevara. Gracias a esto, plantearon un “currículo” de formación informal integrado por conceptos y técnicas que sus estudiantes deben aplicar para desarrollar el trabajo de periodismo, diseño gráfico, manejo de cámaras, edición y manejo de redes sociales.

El acuerdo de paz con las Farc tiene detectadas fisuras que hay que reparar antes de que provoquen una fractura de consecuencias incalculables.

Pero eso no era todo lo que este joven de 25 años aprendió a hacer. Era integrante de la Asociación de Trabajadores Pro Constitución Zonas de Reserva Campesina de Caloto, miembro de la Federación Sindical Unitaria Agropecuaria, la Asociación Nacional de Zonas de Reserva Campesina, la Juventud Rebelde Cauca, el Proceso de Unidad Popular del Suroccidente Colombiano y de la Coordinación Social y Política Marcha Patriótica Cauca.

«Para mí, la experiencia más bonita hasta ahora ha sido ir a grabar una reunión del Mecanismo Tripartito, en medio del Ejército, yo siendo exguerrillero. Fue una experiencia muy bonita estar ahí en medio de los soldados y tratarnos como hermanos de patria», aseguró Anderson el 28 de marzo de 2017 en el transcurso de las marchas hacia las zonas para la dejación de armas.

Doscientos kilómetros en línea recta, desde el Charco hasta Caloto, unen a dos familias destrozadas que mientras aguardan para que Medicina Legal les entreguen los cuerpos, sacan ánimo de donde no tienen para recolectar el dinero suficiente y cumplir con unas exequias en Colombia. Un banner rojo con el rostro de Anderson y el número de una cuenta bancaria circula entre los mensajes de WhatsApp de los más allegados. Los Esterilla, por su lado, buscan de puerta en puerta.

Confianza minada

“Presidente, ¿hasta cuándo?”, preguntó este martes Rodrigo Londoño, dirigente de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común. Con Anderson y Daniel se eleva a 135 el número de exguerrilleros asesinados desde la firma del acuerdo de paz. Tres nombres más agregaron a la lista en menos de ocho días.  

Cauca (28), Nariño (21) Antioquia (17) y Caquetá (13), son los departamentos con el mayor número de casos registrados. Luego aparece, Caquetá, Norte de Santander, Putumayo, Arauca y Valle. «Estos hechos se han dado principalmente en zonas con fuerte presencia de estructuras paramilitares y de narcotráfico y fuerza pública», se lee en uno de los reportes de la Comisión de Derechos Humanos del naciente partido.

«¿Que no hay sistematicidad? Este lunes fueron asesinados Daniel y Anderson. Miembros del Partido Farc. Iván Duque exigimos garantías reales por la vida de los que le apostamos a la Paz», trinó Pablo Catatumbo horas después de conocer la noticia. En esa misma orilla se paró la excombatiente Victoria Sandino: ¿Cómo es posible que en un día maten a dos personas que le apostaron a la paz mientras el Gobierno dice que la implementación va de maravilla? La primera misión del presidente era proteger la vida de quienes firmamos el acuerdo».

El mandatario, por su parte, un día después de que se conocieran los homicidios, dio la instrucción a Emilio Archila para que coordine una reunión urgente con el Ministerio de Defensa, las Fuerzas Militares, la Policía Nacional, la Fiscalía, la Unidad Nacional de Protección y el alto Comisionado de Paz, «para reforzar todos los anillos de protección y me presenten diagnóstico y acciones de fortalecimiento».

Su respuesta, sin embargo, no fue suficiente para calmar las aguas. Desde que tomó posesión en la Casa de Nariño, el presidente apenas ha convocado una vez la Comisión Nacional de Garantías que nació fruto de los acuerdos de La Habana. A través del decreto 154 se creó esta instancia interinstitucional que se encargaría de diseñar una política pública que enfrente la actividad criminal contra los líderes sociales y los excombatientes que se acogieron al acuerdo. A pesar que, entre otras cosas, tenía la tarea de monitorear las empresas de seguridad para evitar que muten en ejércitos privados, como pasó con las llamadas Convivir; practicamente nunca operó.

El acuerdo de paz con las Farc tiene detectadas fisuras que hay que reparar antes de que provoquen una fractura de consecuencias incalculables. Dos años después de la firma de la paz, la reincorporación a la vida civil de la exguerrilla podría resumirse en tres parámetros. El bueno, 13.193 personas entregaron las armas. El malo, que nadie sabe qué hacen ni dónde están 1.200 de ellas. Y lo feo, que 135 fueron asesinadas. El panorama de la reincorporación muestra avances importantes, pero un número mayor de improvisaciones sobre el tema.

Los incumplimientos pesan sobre los hombros del Estado, pero también pesan sobre la última dirección que tuvieron las Farc. Al final de cuentas, de ese lado, fueron ellos quienes le apostaron a la salida negociada del conflicto y arrastraron a miles más. Desde su perspectiva, la dejación de armas llegó a buen puerto, entregaron los bienes a la Fiscalía y están cumpliendo los requerimientos de la JEP. Pero el Estado no ha respondido de igual manera dicen. «No se dio la reforma política ni mucho menos la de tierras, la reincorporación camina a media marcha y nos asesinan», le dijo el exguerrillero Abelardo Caicedo hace unos meses a SEMANA.

Colombia tiene una experiencia de más de 25 años en reinserción, pero el proceso con los hombres y mujeres que hacían parte de las filas de las Farc es tan peculiar que todo parece moverse de nuevo con el método de ensayo-error, es decir, haciendo camino al andar. Pero, de todas las dejaciones de armas hechas hasta ahora, esta representa el mayor riesgo por la cantidad de excombatientes comprometidos. Estos sienten que se les está “acabando el discurso del optimismo” y que el mayor apoyo no viene del país, sino de la comunidad internacional. El Gobierno sostiene que ha impulsado ese apoyo extranjero, pero para los excombatientes se trata de harina de otro costal.

Por ahora lo cierto es que mientras no se tomen los correctivos necesarios, la confianza se seguirá minando y con ella el proceso de reincorporación tambalea cada vez más. Igual como ocurrió con los 24 amigos de Daniel en El Charco, que manifestaron no volver a participar de ninguna actividad hasta que la situación se aclare. O quienes compartían con Anderson en Caloto, quedaron profundamente preocupados con lo que está pasando.

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