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Chile – El fracaso del sistema de multifondos en las AFP

Chile – El fracaso del sistema de multifondos en las AFP

EL MOSTRADOR.       Opinión

El fracaso del sistema de multifondos en las AFP

por 5 abril, 2017

Las redes sociales y los medios de prensa no se han quedado atrás, comentando y difundiendo rentabilidades de un fondo contra el otro. Se habla del rally del fondo A, de lo bueno que fue moverse al fondo E, de lo torpe de la recomendación tal o cual. Los epítetos aumentan de calibre de forma directamente proporcional a la volatilidad de los mercados. Los sacerdotes del market timing redoblan sus apuestas y anuncian la venida de una peste incluso peor que la del 2008, aumentando la confusión. Lo concreto es que con el sistema Multifondos nos hemos convertido en una sociedad de traders de fondos previsionales.

Es cierto que es fácil ser general después de la batalla, y que hay ideas que al tiempo de su concepción parecieron buenas, pero que luego se transformaron en un desastre.

Algo así sucede con el sistema de Multifondos de las AFP.

Este sistema se implantó con las mejores intenciones del mundo: mejorar las pensiones, pero, analizándolo a la luz de criterios de seguridad social y de la experiencia acumulada desde su inicio, se llega a la conclusión de que es una completa aberración.

El sistema Multifondos es la expresión de una idealización casi romántica de la racionalidad económica individual.

En esta cosmovisión, cada individuo es el responsable exclusivo de su jubilación y reacciona siempre correctamente a los incentivos económicos. Las AFP se transforman aquí en meros vehículos pasivos, destinados a canalizar las decisiones individuales, que no son otra cosa que la expresión de la libertad personal.

Una noción muy propia de tecnócratas embriagados por ecuaciones y fórmulas matemáticas capaces de explicar y predecir cualquier aspecto del comportamiento humano.

Lo increíble es que ese parece haber sido el consenso social hace no tantos años en Chile.

El Génesis

Revisemos la historia.

El año 2002, la Ley 19.795 modificó el D.L. 3.500 e introdujo el sistema de Multifondos.

Desde entonces, las AFP ofrecen 5 tipos de fondos con carteras que tienen hasta un 80% invertido en acciones (Fondo A), a prácticamente el 100% invertido en renta fija (Fondo E).

La ley les dio derecho a los afiliados a elegir –con algunas restricciones relacionadas con la edad– el fondo en el que deseaban mantener sus recursos previsionales.

La idea parecía notable: si los afiliados (seres racionales, libres e informados) son los dueños del ahorro previsional, nadie mejor que ellos puede decidir cómo invertirlos.

Cuando uno revisa la Historia de la Ley, advierte un marcado optimismo en las autoridades de la época. Al explicarse el proyecto de ley se sostenía: “La mayor especialización de las inversiones generará un aumento en la eficiencia de la asignación de los recursos en la economía, con el consiguiente impacto positivo sobre las tasas de crecimiento de esta. Además, permitirá el desarrollo de administradores especializados y de la subcontratación de cartera”.

Las ventajas del nuevo sistema parecían extraordinarias: “Asimismo, se generará un mayor incentivo para que los afiliados se informen acerca del desempeño de sus Fondos de Pensiones, imponiendo una mayor disciplina al administrador de estos”.

Este nuevo modelo sería clave en legitimar el sistema previsional chileno: “La posibilidad de elección de cartera, hará que los afiliados se sientan más partícipes en la administración de sus Fondos”.

Con todo lo anterior, era evidente que este era un buen proyecto: “Por lo tanto, la implementación de un Sistema de Multifondos está plenamente justificada en la medida que permite a los trabajadores acceder a mejores pensiones, y, por lo tanto, a un mejor nivel de vida durante su etapa de retiro”.

La lógica detrás de todo lo anterior es, en el papel, perfecta. Los recursos son de los afiliados, que son personas adultas y racionales. Este sistema pone los estímulos para que actúe esa racionalidad, haciendo que los trabajadores se informen, se hagan responsables de sus fondos previsionales y decidan de manera correcta el tipo de fondo en el cual invertir. Los propios afiliados serán responsables de rentabilizar debidamente su ahorro previsional para contar con una jubilación que asegure su calidad de vida durante la vejez.

Como se advierte, las AFP no tienen aquí ninguna responsabilidad proactiva en la obtención de pensiones dignas. Las Administradoras cumplen ofreciendo 5 fondos con los perfiles definidos por la ley y manteniendo sus inversiones de acuerdo a los márgenes que la propia normativa se encarga de delimitar.

Es más, las autoridades de la época buscaban expresamente que las AFP no se diferenciaran, que todas hicieran lo mismo. Para obtener ese objetivo se recurrió a la herramienta de la rentabilidad mínima. Durante la tramitación de la ley, de manera reiterada se dejó constancia de eso: “Sin embargo, la medición de rentabilidad mínima se efectuará para cada tipo de Fondo, con el objeto que los Fondos se diferencien lo menos posible para no desviarse demasiado de la rentabilidad promedio”.

Y si queremos poner una guinda a la torta, viene la regulación de las comisiones que las AFP podrían cobrar por los distintos tipos de fondos. Es sabido que los fondos accionarios son más complejos de administrar que los de renta fija y que, por lo tanto, son más caros, pero los autores de la ley tuvieron esta inspiración: “Además, con el objeto de no aumentar la complejidad del Sistema para los afiliados y de no dificultar la labor del empleador, se mantiene la estructura actual de comisiones, proponiéndose que las comisiones que actualmente cobran las AFP sean uniformes para todos los afiliados, independientemente del Fondo que estos elijan”.

Todo lo que he reseñado hasta este punto no es obra del señor del Mercedes, sino que del señor de los patines, quien era ministro de Hacienda cuando se presentó la indicación sustitutiva que introdujo el sistema de Multifondos.

La visión del ser humano como individuo y ente perfectamente racional e informado, que siempre reacciona correctamente a los estímulos económicos, no es, en este caso, la de José Ramón Valente o Axel Kaiser; es la de Ricardo Solari y Alejandro Ferreiro, ministro del Trabajo y superintendente de AFP, respectivamente, en aquel entonces.

Entre quienes redujeron al mínimo el rol de las AFP en la generación de pensiones, aumentando como contrapartida la carga de los trabajadores (que ahora, junto con tener que trabajar para cotizar, deben decidir acertadamente una cosa tan técnica como la forma de inversión de sus fondos previsionales), los mismos que expresamente optaron por reducir la diferenciación y, consecuentemente, la posibilidad de competencia entre las AFP, tanto en la estrategia de inversión como en la estructura de sus comisiones, se cuentan varios de los que hoy sostienen que el “sistema no da para más”.

No se trata de defender el sistema ni a las AFP, pero, si vamos a apuntar con el dedo, hagámoslo en la dirección correcta, para que nadie pase colado en esta micro, porque las vueltas de chaqueta son bien evidentes.

El camino a la Tierra Prometida

Veamos ahora los resultados de una política pública que tendría a Milton Friedman levitando de satisfacción.
Implementado el sistema de Multifondos, se inició el éxodo hacia la tierra previsional prometida que auguraban sus creadores.

Lamentablemente, parece que durante la marcha nos equivocamos de ruta, porque empezaron a aparecer las pestes. La primera llegó con la crisis del año 2008. Y fue dura.

Cuando estalló la crisis, las bolsas mundiales cayeron con gran fuerza en muy corto tiempo. Los afiliados no sabían cómo reaccionar. El dios mercado parecía enviar mensajes contradictorios. Varios sumos sacerdotes recomendaban no salir de los fondos accionarios, a fin de “no realizar las pérdidas”. Mientras los cotizantes trataban de entender lo que eso quería decir, veían sus fondos caer día tras día. Muchos perdieron una parte significativa de sus ahorros por no haber sabido capear la tormenta.

Ese individuo racional e informado en quien la ley de Multifondos radicó la responsabilidad de decidir, de pronto sintió miedo, tuvo emociones, se confundió y no supo reaccionar.

Las AFP tampoco tenían mucho que hacer, su deber era mantener a flote los 5 multifondos y cumplir con las decisiones activas o pasivas de sus afiliados. No olvidemos que con el sistema Multifondos son los afiliados, no las AFP, los que deben decidir el curso de acción en una emergencia.

Con la fe en el dios mercado debilitada, los falsos profetas y las divinidades no tardaron en aparecer.
Surgió el becerro de oro del market timing aplicado al sistema de pensiones. Sus sacerdotes hicieron de la incertidumbre previsional un negocio.

El cruce del desierto es largo (los 40 años bíblicos parecen repetirse). Todavía no vemos la Tierra Prometida y el maná de las jubilaciones dignas no cae del cielo.

Las revueltas comienzan y, paradójicamente, usan las herramientas del propio sistema de Multifondos como medios de autodestrucción.

El movimiento No+AFP moviliza a millones de peregrinos agotados de promesas, llama a cambiarse al fondo E con la finalidad declarada de destruir el Sistema usando sus propias armas, y personifican en las AFP la causa de todas las pestes.

Los autores del sistema de Multifondos, convenientemente y antes que el gallo cante siquiera una vez, reniegan de sus obras, se vuelven en contra de esa ruta que ellos mismos trazaron y dirigen la responsabilidad hacia las AFP, que no han hecho otra cosa que aquello que la ley les dice que tienen que hacer.

No obstante lo anterior, la industria de AFP responde de la peor forma: defendiendo las obras de otros por el interés económico particular de ellas y terminan por encarnar irreversiblemente todos los males del Sistema.

Dando una muestra de poca comprensión de las dinámicas sociales, las AFP se sacan los guantes entrando a la pelea corta. Abandonan su discurso de que la rentabilidad se debe mirar en el largo plazo, y comienzan a difundir publicaciones casi semanales mostrando las pérdidas de rentabilidad que habrían tenido quienes siguieron el llamado de No+AFP a cambiarse al fondo más conservador; al tiempo que anuncian el apocalipsis en caso de no respetar la verdad económica y financiera revelada por sus profetas. Tratan de mantener la fe en el dios Sistema presentando aciertos del pasado, pero sin despejar las dudas del futuro.

La ira es mala consejera y este caso no es la excepción. Las AFP llegan a sostener que en este peregrinaje son las únicas que han hecho bien el trabajo y que, si el camino se ha llenado de espinas, es por los pecados de los propios afiliados que cotizan poco y con lagunas previsionales (les faltó agregar que además esos pecadores eligen mal el fondo en que mantienen sus ahorros).

Las redes sociales y los medios de prensa no se han quedado atrás, comentando y difundiendo rentabilidades de un fondo contra el otro. Se habla del rally del fondo A, de lo bueno que fue moverse al fondo E, de lo torpe de la recomendación tal o cual. Los epítetos aumentan de calibre de forma directamente proporcional a la volatilidad de los mercados. Los sacerdotes del market timing redoblan sus apuestas y anuncian la venida de una peste incluso peor que la del 2008, aumentando la confusión.

Lo concreto es que con el sistema Multifondos nos hemos convertido en una sociedad de traders de fondos previsionales.

El ejecutivo de Sanhattan, la profesora, el obrero, el mecánico, el pediatra de nuestros hijos, todos abriendo el diario para ver si tienen que moverse del fondo A al E, viceversa o hacia alguno intermedio. No por gusto sino por necesidad. Todos aprendiendo a ser sacerdotes en un rito que no conocen, para ver si se alinean los astros y pueden acceder a una jubilación digna.

Ese es el resultado del sistema de Multifondos. O, mejor dicho, de la visión del ser humano y de la sociedad de sus creadores.

No caben dudas de que los objetivos y expectativas que se tuvieron en vista al crear el sistema de Multifondos están muy lejos de haberse cumplido y, por lo tanto, es indesmentible que estamos en presencia de un fracaso que habrá que corregir. No vaya a ser cosa que, en lugar de otra peste, nos castiguen con el diluvio universal.

Rodrigo Córdova Alfaro
Abogado

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