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Brasil/Haití – Las lecciones históricas y la gestión militar de la pobreza

Brasil/Haití – Las lecciones históricas y la gestión militar de la pobreza

Brasil/Haití

Entrevista al historiador Marco Morel

Las lecciones históricas y la gestión militar de la pobreza

Gabriel Brito, de la Redacción

Correio da Cidadania, 19-2-2018

http://www.correiocidadania.com.br/

Traducción de Ernesto Herrera – Correspondencia de Prensa

Luego de salir de un carnaval politizado como pocos, el Brasil vuelve a lo cotidiano donde los pobres y negros son blanco de las políticas represivas de la policía, como se muestra en la controvertida intervención militar en el estado de Río de Janeiro. Al mismo tiempo, prácticamente pasa desapercibido el marco de los 130 años de la abolición de la esclavitud, para muchos críticos todavía una mera formalidad. En este contexto conversamos con el historiador Marco Morel, que acaba de lanzar el libro “A Re­vo­lução do Haiti e o Brasil es­cra­vista – O que não deve ser dito” (Paco editorial, diciembre 2017) sobre uno de los grandes hechos de las luchas negras en las Américas.

-Cor­reio da Ci­da­dania: Su libro ya permite inferir algunas cuestiones planteadas en el título. ¿Cuáles serían los principales abordajes incluidos en la publicación, y que “no debe ser dicho”?

Marco Morel: Hay varios puntos de invisibilidad sobre la Historia de la Revolución Haitiana que, sumandos, generan un verdadero apagón. Son tentativas de ocultar o descalificar un movimiento de trabajadores esclavizados que destruyó el esclavismo y el dominio colonial. Es siempre un desafío escribir la historia de lo no-dicho.

Dos de los puntos principales motivaron el subtítulo del libro: el desconocimiento y el racismo. La ignorancia que heredamos sobre el asunto no es inocente. Los episodios eran conocidos por todos en la época en que ocurrieron. Pero entre importantes parcelas de las elites brasileras había como una receta pronta: silenciar o maldecir.

Tal “maldición” se prolongó hasta hoy en las memorias colectivas e incluso en los trabajos históricos, por caminos y motivos diversos. Como dice el an­tro­pó­logo hai­tiano Ralph-Mi­chel Trouillot, la Revolución de Haití era impensable y, al ocurrir, viró un no-acontecimiento. Esa es la intención de mi libro, hablar de lo que no siempre se dice o se escribe, de lo que anda perdido en desvíos de la memoria y de la historiografía.

-Co­reio da Ci­da­dania: ¿Cómo fue el trabajo de producción de esta obra y cual el punto de partida?

Marco Morel: Desde los 18 o 20 años de edad estuve curioso en conocer más sobre la Revolución Haitiana, cuando comencé a hacer mis primeras lecturas sobre la historia del Brasil, en la biblioteca de mi abuelo Edmar, periodista e historiador que publicara el libro “A Re­volta da Chi­bata”, entre o­tros. Un punto me llamaba la atención: lo ocurrido en la colonia francesa de San Domingos era, apa­ren­te­mente, era una marcha atrás de la trayectoria histórica de la sociedad brasilera.

Me preguntaba: ¿y si los trabajadores esclavizados también hubiesen, como agentes históricos, destruido el orden colonial y esclavista y las propias clases do­mi­nantes, entre nosotros, nuestra sociedad sería el opuesto a lo que hoy? ¿Haití seria aquí? ¿Habría posibilidad de encuadrar un horizonte de transformaciones sociales más radicales de que este, en la época? Era un enigma que me intrigaba, la Revolución de Haití.

-Cor­reio da Ci­da­dania: ¿Y las investigaciones?

Marco Morel: Ya más viejo, entre 2002 y 2017, por tanto durante 15 años, desarrollé investigaciones en archivos nacionales e internacionales. Procuré leer las principales obras sobre el tema, pues en francés e inglés hay mucha cosa publicada. A lo largo de tres décadas pasé de estudiante de periodismo a historiador profesional en intento ahora dar una contribución al tema y a las cuestiones, sin la pretensión, claro, de tener respuestas definitivas o agotar el asunto. Mi intención es, de alguna manera, atizar el interés.

-Cor­reio da Ci­da­dania: ¿Cuáles fueron las repercusiones de esta revolución en el Brasil que transitaba de colonia para imperio en aquel entonces?

Marco Morel: el abate Henri Gré­goire, clé­rigo francés que apoyó con coraje el movimiento cuando esta ocurrió, afirmaba que Haití era un farol en las Antillas, sobre el cual lo ojos del mundo se fijaban: los oprimidos con esperanza, los opresores con odio.

Aquí en el Brasil no fue muy diferente. Había el rechazo orquestado e intenso de las clases dominantes y grupos dirigentes, y sus miembros o aliados culturales y políticos. Por otro lado, es difícil para el historiador de hoy captar con exactitud, entre los esclavos, muchas referencias directas de Haití, mismo a lo largo de innumerables revueltas y otras formas de resistencia.

-Cor­reio da Ci­da­dania: ¿Había espacio para recepciones favorables a tales eventos?

Marco Morel: Había un amplio y heterogéneo conjunto no esclavizado en la sociedad brasilera, que representaba por lo menos un tercio de la población, incluyendo, pardos y blancos, li­bertos o li­bres. Había individuos muy pocos o nada letrados. Había periódicos, folletos sueltos, papeles manuscritos y muchas, muchas voces y rumores. Son en estos sectores y ambientes que encontramos registros de repercusiones no hostiles, parcialmente favorables o incluso francamente favorables a la Revolución Haitiana en el Brasil, en el pasaje de colonia a imperio.

Entre re-lecturas y re-interpretaciones, no se trataba de querer imitar en el Brasil todo lo que ocurría en Haití, lo que, además, sería imposible. Es innegable que había un modelo negativo cuanto a la Revolución Haitiana en el Brasil recién independiente, un espejo invertido, padrón de horrores que debería ser evitado. Pero había, simultáneamente, un modelo positivo, o positivo en partes, que se refería de modo no hostil, o hasta elogioso, a variados aspectos de tal episodio, visto como ejemplo de soberanía nacional, de soberanía popular, de an­tir­ra­cismo y de crí­tica a los fundamentos de la esclavitud.

La Revolución Haitiana, multifacética, tuvo repercusiones multifacéticas.

-Cor­reio da Ci­da­dania: ¿Cuál es la importancia de la Revolución Haitiana en la Era Contemporánea?

Marco Morel: Fueron tres grandes eventos que fundaron la Era Contemporánea occidental, cronológicamente: la independencia de los Estados Unidos, proclamada en 1776, la Revolución Francesa a partir de la Caída de la Bastilla en 1789 y la Revolución de Haití, partir de la gran insurrección de 1791.

La primera mostró que era posible acabar con la dominación colonial dentro del Nuevo Mundo, la segunda destruyó las estructuras ab­so­lu­tistas y feudales en parte del Viejo Mundo, la tercera acabó con la dominación colonial, con las estructuras del Antiguo Régimen y realizó la Abolición de la esclavitud. Fue más allá de las anteriores.

No creo que haya sido la Revolución Francesa la que generó el fin de la esclavitud colonial, sino, al contrario, fue la Revolución Haitiana que empujó a su metrópoli, mismo revolucionaria, para ampliar la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano.

-Cor­reio da Ci­da­dania: ¿Fue entonces un evento decisivo en la llamada Era de las Revoluciones.

Marco Morel: Fue la única vez en la historia en que una insurrección de esclavos destruyó el poder establecido en una sociedad. Y fue, en las Américas, la segunda proclamación de independencia y, todavía, el primer país en decretar la Abolición. Las trabajadoras y los trabajadores esclavizados de esta colonia francesa en el Caribe, realizaron con sus acciones, ideas, sentimientos, muchas con las propias vidas, un hecho histórico determinante.

Y eso fue celebrado en la época con fiestas, alegrías, bailes y otras conmemoraciones. Ascendió la esperanza en los esclavizados y otros oprimidos por las Américas, Pero, aun así, no da para idealizar de modo exagerado, pues a lo largo del proceso ocurrieron contradicciones agudas y otras formas de dominación fueron generadas.

-Cor­reio da Ci­da­dania: ¿Cuáles fueron las consecuencias que tal revolución provocó en sus protagonistas en aquel momento?

Marco Morel: El protagonismo de los esclavos fue decisivo en la Revolución Haitiana, aunque no se pueda decir con exactitud que ellos llegaron al poder con ella, colectivamente. Fueron multitudes que pasaron de la rebelión a la revolución, con determinación, coraje y eficiencia. Conquistaron espacios de libertad. Realizaron en la marra, transformaciones, y empujaron a los liderazgos cuando estos vacilaban.

Cor­reio da Ci­da­dania: ¿Y cuál era el perfil de esos liderazgos?

Marco Morel: Surgieron figuras claves como Tous­saint Lou­ver­ture, Henri Ch­ris­tophe y Jean-Jac­ques Des­sa­lines, esclavizados que tornaron dirigentes políticos y militares. Entre tales líderes prevalecían libertos y libres, negros y mulatos, que desde el inicio se distinguieron socialmente de las multitudes que representaban.

La cuestión de la representatividad era difícil. La inadecuación institucional entre el cuerpo político nacional que se formaba y las entidades culturales afri­ca­ni­zadas (que todavía hoy impregnan la sociedad haitiana) fueron marcantes, por ejemplo. Se generó una elite po­lí­tica, mi­litar y fun­diaria, en alianza con los intereses de las potencias extranjeras.

De cualquier modo, tal revolución demostró que los negros sabían y eran capaces de gobernar una sociedad en los moldes de la cultura occidental en los albores del siglo 19. Salidos de la esclavitud por sus propias manos, podían tornarse ciudadanos libres, lo que golpeaba el principal fundamento ideológico del esclavismo. Se generó una alteridad incómoda, sobre todo, para las sociedades racistas y esclavistas, en Europa y en las Américas.

-Cor­reio da Ci­da­dania: ¿Y cuáles los desdoblamientos ge­o­po­lí­ticos de entonces?

Marco Morel: El siglo de las Aboliciones, en Europa occidental y las Américas, comienza en Haití en 1793 y termina oficialmente 95 años después, con la Ley Áurea en el Brasil.

En las sociedades esclavistas, evalúo que el impacto de la Revolución Haitiana fue decisiva hasta para la Revolución Francesa. Durante la guerra revolucionaria los haitianos derrotaron, militar y políticamente, a tres grandes potencias europeas: España, Inglaterra y Francia.

Eso fue decisivo para el debilitamiento del imperio bonapartista y para que Gran Bretaña en 1807 (tres años después de la Independencia de Haití), decretase la ilegalidad del tráfico atlántico de esclavos.

-Cor­reio da Ci­da­dania: ¿Y tal impacto habría for­ta­le­cido el esclavismo en otras partes?

Marco Morel: Los gobiernos de países donde había esclavitud pasaron a usar tal ejemplo como motivo de aumentar los lucros, la represión y el control. Se puede decir que, en este sentido, tal revolución reforzó tem­po­ra­ri­a­mente el esclavismo en el sur de los Estados Unidos, en Cuba y en el Brasil.

De otro lado, países de la América hispana pasaron a abolir la esclavitud y los primeros gobiernos hai­ti­anos tuvieron influencia en este proceso. Algunos de los llamados Libertadores, como Simón Bo­lívar y Fran­cisco Mi­randa, estuvieron en la isla rebelde y recibieron apoyo. Incluso en el Brasil el miedo de que hubiese un “nuevo Haití” servía de referencia para propuestas reformistas que al poco se implementaron.

-Cor­reio da Ci­da­dania: ¿En qué nivel del desarrollo his­tó­rico de las libertades y configuraciones sociales, al punto que estamos, se colocaría la Revolución Haitiana?

Marco Morel: La Revolución Haitiana fue un evento fundador, causando directa o indirectamente, importantes transformaciones mundiales, aunque nunca se haya li­te­ral­mente re­pe­tida. Abrió efectivos caminos para el fin del trabajo esclavo y desconstrucción del racismo, o sea, tornó el mundo más respirable.

Pero fue un episodio cercado de violencias y que también re-inventó formas de opresión. Ocurrieron guerras entre negros y mulatos. La reforma agraria fue reducida. Al revés de ocupar el Estado, diríamos que la revolución fue ocupada por este.

Fue así con todas las revoluciones victoriosas de la Era Contemporánea entre los siglos 18 y 20, con Haití no sería diferente. Por más que no sepamos en profundidad, la Revolución Haitiana, única e incomparable, es parte de nuestra historia, de la historia de la humanidad, generó avances y transformaciones importantes, todavía que envuelta en paradojas, limitaciones y violencias de todos los lados.

-Cor­reio da Ci­da­dania: ¿Existe una tradición de obras que cuentan la historia de los negros, desde un punto de vista menos académicos y célebres que todavía es escondida a nuestro público?

Marco Morel: Si, sin duda, existe una considerable masa de conocimientos históricos, elaborados y todavía por elaborar, sobre las poblaciones negras e indígenas en nuestro país y que no llegan a un público ampliado. Hay una invisibilidad de la Revolución de Haití en el Brasil, inclusive en las escuelas. Nunca la estudié en el colegio, ni en la universidad. Así como se desconoce la dimensión de la presencia y del protagonismo de los pueblos indígenas, salvo algunos especialistas. Y también sobre rebeliones y pensamientos des­vi­antes.

Hay mismo sectores de la izquierda que reiteran que la historia del Brasil fue hecha únicamente “desde arriba”, dejando en segundo plano toda una tradición de rebeldía y de formulaciones al­ter­na­tivas. Por toda parte, y des­ta­ca­da­mente en el sentido común, vemos repertorios establecidos: lo que no cabe de ellos, es como si existiese.

-Cor­reio da Ci­da­dania: ¿Hay entonces una distancia entre los trabajos académicos y la mayoría de la población?

Marco Morel: Es innegable que existe un foso entre la producción académica de historia y el saber difundido en las escuelas y en los medios de comunicación de masas. En estos, infelizmente, el espacio es ocupado, sobre todo, por producciones de calidad dudosa que, bajo el pretexto de divulgación, hacen rodaje modernista pop y reproducen antiguas visiones conservadoras, como las obras de Lau­ren­tino Gomes y Edu­ardo Bueno, además de otros menos cotizados. Informan, pero no analizan, ni aclaran. Buscan divertir en la lectura, son diversionistas.

Ciertamente, vendrá una avalancha de este tipo de publicación en el  Bicentenario de la Independencia en 2022. En las escuelas, es un debate que se traba, existen profesores que tienen una visión crítica y creativa y enfrentan con gallardía la lama del con­ser­va­do­rismo que nos cerca hoy en día.

-Cor­reio da Ci­da­dania: ¿Cómo ex­plicar que un país que re­a­lizó una revolución de tal importancia sea hoy el más pobre de las Américas?

Marco Morel: Este es un punto importante. Racistas y conservadores ya argumentaron que el hecho de que los negros hicieran una revolución llevó a la situación actual. En verdad, Haití llegó al estado actual a pesar de la revolución, contrariando sus caminos, y no por causa de ella. Entre la proclamación de la independencia en 1804 y su reconocimiento por Francia y demás potencias en 1825, la nueva nación suscitó esperanzas.

Incluso pensadores liberales europeos como Ben­jamin Cons­tant creían que estaba allí en curso un proyecto piloto que comprobaría como seres humanos negros y esclavizados, libres de esta opresión, podrían construir una sociedad relativamente próspera en los moldes occidentales y capitalistas. Haití pasó a ser visto como ejemplo positivo y promisorio.

-Cor­reio da Ci­da­dania: ¿Y cuándo esa perspectiva se interrumpe?

Marco Morel: Fueron justamente los términos que Francia impuso por las armas, que arruinaron la economía de aquella sociedad que comenzaba a florecer. Fue una indemnización billonaria, pagada hasta finales del siglo 19 por la antigua colonia, en “compensación” por las supuestas pérdidas de los colonos. A partir de ahí se profundizó la desigualdad, que benefició a las elites locales asociadas a las potencias internacionales.

En el comienzo del siglo 20 los Estados Unidos invadieron Haití, pasando a ocupar el papel de metrópoli imperialista. Sin dejar de combatir la explotación y la miseria, es importante no desarrollar un especia de lástima nacional en torno a Haití, la cual empobrece el conocimiento de la compleja formación nacional de aquella sociedad y de su pueblo.

-Cor­reio da Ci­da­dania: En ese sentido ¿cómo debería ser definida la ocupación militar de las tropas internacionales de la MI­NUSTAH (Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití) bajo el mandato de la ONU?

Marco Morel: Defino como injustificable la ocupación de fuerzas militares brasileras en Haití, que duró entre 2004 y 2017. Y que compone la tradición de intervenciones extranjeras en la isla. Los pocos programas de cooperación o asistencia luego fueron abandonados. Ni siquiera se puedo énfasis en la infraestructura e inversiones, desde un punto de vista capitalista, aunque la Ode­brecht haya an­dado por ahí

Bajo el argumento de “ayuda humanitaria” y combate al “caos”, la actuación militar brasilera en el país caribeños, con el mayor contingente en la MI­NUSTAH, tuvo, como principal objetivo, las aspiraciones de que el Brasil obtuviera un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Actuando como fuerza auxiliar de los Estados Unidos (que, junto con Francia, participó directamente de la intervención que depuso al presidente electo Jean-Ber­trand Aris­tide), el Brasil mantuvo no sólo una situación de excepcionalidad institucional, sino el control de una población negra mayoritariamente pobre y miserable. Y además usó una pitada de mar­ke­ting promoviendo un juego de la selección brasilera de fútbol en tierras haitianas.

-Cor­reio da Ci­da­dania: ¿Y en cuanto a los refugiados en haitianos en el Brasil?

Marco Morel: No podemos olvidar que hay cerca de 44 mil haitianos refugiados en nuestro país. Muchos encuentran dificultades de adaptación y tienen que lidiar en lo cotidiano con el preconcepto, frecuentemente explícito, de una parcela de la población brasilera. Preconcepto reforzado, pues resulta de suma extrañeza a los extranjeros en general (sobre todo europeos) la discriminación racial, sumada a la crisis económica que aumenta el desempleo.

Enfrentar tal xe­no­fobia a la brasilera, con tendencias fascistas, es un desafío para alcanzar una sociedad plural, próspera y justa, haciendo con que la presencia de haitianos, por caminos históricos imprevistos, pero largamente entrelazados (y camuflados), ayude a aproximarnos de un estado de libertad y felicidad colectiva.

-Cor­reio da Ci­da­dania: ¿Fi­nal­mente, es posible establecer un diá­logo con esta obra y la historia que do­cu­menta, con el actual momento político, social y cultural que vivimos?

Marco Morel: Conocer un movimiento victorioso de trabajadores esclavizados es algo significativo para el movimiento en que vivimos. Existiendo en condiciones dificilísimas, tornándose protagonistas y cambiando el mundo. La Revolución Haitiana era impensable en aquel horizonte cultural.

Sería entonces el caso de indagar, teniendo en cuenta las manifestaciones de la época: ¿y se los cautivos que formaron movimientos sociales autónomos, de la colonia francesa de Santo Domingos, dentro de los padrones de su tiempo, sobre los marrons  (qui­lom­bolas), no se hubiesen constituido en Estado nacional moderno civilizado y occidentalizado, pero, sí, en la dirección de una sociedad sin Estado, en una especie de “rehabilitación del primitivo”? Esta tendencia llegó a delinear, pero no avanzó.

La revolución de Haití trae la marca de lo improbable y de lo imposible. Desconstruir el silencio del pasado es un camino, aunque con obstáculos, para proyectos actuales y futuros.

Nota de Corespondencia de  Prensa

 

1) A propósito del tema, existe en castellano la pionera obra de Cyril Lionel Robert James (1901-1989): “Los jacobinos negros. Toussaint L´Ouverture y la revolución de Haití” (Turner, Madrid, 2003); y en portugués, “Os jacobinos negros. Tousaaint L´Ouverture e a revolucao de Sâo Domingos” (Boitempo, segunda edición, San Pablo, 2007). Más conocido como CLR James, fue un escritor, historiador y pensador marxista afroamericano nacido en Trinidad y Tobago, entonces una colonia británica. Vivió la mayor parte de su vida en Gran Bretaña y en Estados Unidos. Promotor del panafricanismo, en 1938 publicó su libro sobre la rebelión en Haití, durante la cual los esclavos negros se liberaron de sus amos blancos. Este libro constituyó uno de los primeros ejemplos de lo que más tarde se llamaría history from below (‘historia desde abajo’), adelantándose en dos décadas a los historiadores marxistas británicos Christopher Hill o Edward P. Thompson, y su protagonista Toussaint L’Ouverture sirvió de inspiración a otros líderes negros que luchaban por liberar a sus respectivos pueblos del dominio colonial. CLR James se definió como trosquista, ya que defendía un marxismo libre de dogmatismos -como demostró en su obra World Revolution (1937)- y tenía una enorme fe en las cosas extraordinarias que la gente común podía hacer.

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